su presencia es un atentado al ego humano

Una entrevista sin desperdicio al pastor Juan Carlos Manzewitsch

Se crió en Tucumán pero el Señor lo llevó a México para ser un protagonista central en la renovación espiritual de la iglesia en un tiempo crítico del país. Autor de un refrescante libro llamado “La realidad de su presencia”, nos cuenta en esta entrevista parte de su historia.

 L.C.: ¿Cómo llega un pastor tucumano a liderar un dinámico movimiento de iglesias en México?

J.C.M.: En el año 1990, mi esposa y yo nos casamos e inmediatamente fuimos enviados por el ministerio de mi padre, Pablo Manzewitsch, como misioneros al centro de México. Llegamos a la semana de nuestra boda a una ciudad en las montañas del bajío mexicano conocida como San Miguel de Allende, en el Estado de Guanajuato. Yo había trabajado allí por seis meses antes de casarnos como parte de un esfuerzo de alcance misionero junto a otros jóvenes de Texas, Estados Unidos.

L.C.: ¿Cuál es el desarrollo y presente de Ministerios Visión Internacional?

J.C.M.: Cuando iniciamos, lo hicimos en el patio de una casa, con un grupo de hermanos que el Señor añadió después de una semana de reuniones evangelísticas que celebramos en un pequeño salón alquilado, arriba de un restaurante en San Miguel de Allende. Un par de años después nos extendimos a otras ciudades del centro del país, especialmente en el estado de Querétaro y específicamente en la capital del mismo nombre. Actualmente, en la ciudad de Querétaro está la congregación central y las oficinas corporativas. Como nuestro sentir siempre fue llevar la realidad de la presencia de Dios, acompañado de la Buena Noticia del Evangelio a todo el país, los esfuerzos de expansión constantemente estaban enfocados en esa visión. En la primera década se abrieron varias congregaciones en la zona central de México, y en los años subsiguientes alcanzamos casi toda la nación. Hoy, más de ciento cincuenta congregaciones de nuestro ministerio están acentuadas de frontera a frontera de la nación azteca y otros países.

L.C.: ¿Por qué se decidió a escribir un libro sobre el valor de la presencia de Dios?

J.C.M.: En realidad, la idea preliminar no era escribir un libro. Más bien eran escritos que publicaba para orientar a nuestros pastores y obreros en cuanto al eje de la visión de Ministerios Visión Internacional. La demanda de estos conceptos hizo nacer el proyecto de un libro. No obstante, la intención en todo momento era concientizar a nuestros hijos ministeriales sobre la necesidad de conocer la presencia de Dios. Siempre tuvimos presente que los dones edifican a la Iglesia, la unción rompe los yugos de las personas, pero lo único que puede transformar una vida es un encuentro genuino con la presencia de Dios; y si queríamos ver transformación en México, debíamos llevar a las personas a ese encuentro ineludible. México tenía mucho impacto del Evangelio, pero necesitaba más transformación.

L.C.: ¿Por qué necesitamos experimentar el temor de Dios?

J.C.M.: El temor de Dios es el elemento indispensable para conocerlo y tener una relación verdadera con su presencia. Es menester comprender que el temor de Dios no es “algo” que uno siente. No es miedo o intimidación hacia Dios. El temor de Dios es una manifestación del mismo Espíritu Santo (ver Isaías 11:2) que nos prepara para un encuentro con Dios. Es una expectativa reverencial y santa ante la sola idea de que estamos y estaremos delante del Señor. Por ende, si se pretende tener relación con Él, es indispensable el ingrediente del temor de Dios.

Además, vivir en ese santo temor, garantizará una vida que agrada a Dios y proveerá a las generaciones venideras ¾nuestros hijos y nietos¾una senda de bendición y conocimiento de Él.

L.C.: ¿Cuál es la diferencia entre la presencia manifiesta y la presencia revelada de Dios?

J.C.M.: La presencia manifestada de Dios es distinto a la omnipresencia del Señor ¾el hecho de que Él está en todas partes¾. Aquí es cuando Él mismo se deja sentir y apercibir en un lugar o en una persona. Ante la presencia manifiesta del Señor, entramos en una experiencia de sentimientos. En estas circunstancias todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo es consciente de que el Invisible está presente. Ahora bien, al hablar de la presencia revelada de Dios, entiendo que esta esfera toma lugar dentro de la dimensión anterior, aunque va más allá de advertir que Dios está presente. Implica en sí una acción de nuestra voluntad y espíritu que experimenta la esencia misma de aquella Divina Persona presente, seguida de una obra tal en nuestro ser que deja la estampa eterna en nosotros de la imagen y carácter de Aquel a quien experimentamos. Este es el nivel de la gloria de Dios.Es a través del Espíritu Santo que podemos darnos cuenta de su presencia y vivirla, pues Él es el que está con y en nosotros haciéndonos experimentar a Dios.

L.C.: ¿Qué produce la gloria de Dios sobre nuestras vidas?

J.C.M.: La gloria de Dios es la imagen misma de la sustancia de Dios según nos dice Hebreos 1:3. Es la esencia de lo que Él es. Expresado de otra manera, Dios no tiene cosas, Dios lo es todo; y todo lo que fluye de Él, se origina en lo que Dios es. Él es paz, Él es amor, Él es salud. Entonces, al estar en contacto con la gloria de Dios, experimentaremos lo que Él es.

L.C.: ¿Por qué la presencia de Dios es tan “incómoda” para algunos?

J.C.M.: Primero, la presencia de Dios es incómoda para algunos porque ella no se deja manipular y no acepta rivalidades. Cuando Dios está presente y se deja sentir, no hay lugar para la parafernalia de la iglesia ni para los recursos carnales.Segundo, porque ella siempre exige su lugar, su atención y exclusiva consideración. Cuando la presencia de Dios está en su lugar todo lo demás desvanece. Los dones no son tan importantes, las unciones no son tan indispensables y la única autoridad relevante es Dios mismo en ese lugar. Por supuesto, esto es un atentado al ego de los hombres.

L.C.: ¿Cómo es eso de que confundimos sudor por unción?

J.C.M.: El sudor es el fruto de esfuerzos carnales y muy humanos. Estas acciones pueden entretener y hasta impactar, pero nunca tendrán efectos trascendentales. En cambio, la unción es el poder del Espíritu Santo en acción. Es Dios operando a través de un vaso o un ministro. En principio, uno tal vez no note la diferencia, pues solo ve a la persona que ministra, pero Jesús nos enseñó que a un árbol lo conoceríamos por los frutos. La unción siempre está respaldada por frutos, si no es así, estamos ante puro sudor de esfuerzos terrenales.

L.C.: ¿Qué significa que el cristianismo en América Latina pasó a ser una empresa?

J.C.M.: Según el reverendo Sam Pasco, históricamente hablando, el cristianismo comenzó en Palestina como una hermandad; luego se movió a Grecia y se volvió una filosofía; siguió a Italia y se convirtió en una institución, de allí continuó a Europa y se hizo una cultura. Pero cuando alcanzó a nuestro continente pasó a ser una empresa. Una empresa en este contexto: una organización o institución dedicada a actividades o persecución de fines económicos o comerciales, para satisfacer las necesidades de bienes o servicios de los demandantes. Pueden ser de la gente o de los mismos dirigentes.Hoy en día pienso que en muchos lugares, Dios ya no es el fin de la actividad de muchas congregaciones cristianas; más bien intentaron a hacer de Él un simple medio para obtener los caprichos de ellas. En este sentido,estamos ante una empresa cristiana en vez que delante de la iglesia, que existe para ministrar a Dios y vivir para Él.

L.C.: A la distancia,¿cómo ve a la Iglesia argentina?

J.C.M.: Argentina es una tierra que conoció avivamientos. Es uno de los pocos países latinoamericanos que tiene un historial de visitaciones de Dios. Pero tal como en el libro de Jueces 2:10, hoy hay una generación que solo escuchó del Dios que un día los visitó. Algunos alcanzaron a ver el poder del Señor sacudiendo el país, pero no son testigos de primera mano de esta realidad. No obstante, hay un hambre que se está levantando por la realidad de Dios. Asimismo hay una generación que no se conforma con el sudor de los hombres ni con un show carente de Dios. Ellos quieren ver al Señor manifestado.

 

L.C.: ¿Qué necesitamos para ver a ese Dios manifestado en la Argentina?

J.C.M.: Esta pregunta requiere una respuesta simple y contundente. Para ver a Dios manifestado en la Argentina necesitamos: hambre y búsqueda de Dios, y debemos entender que es responsabilidad de cada hijo del Rey manifestar su Reino donde estemos, y debemos llevarlo a cabo en humildad y en unidad.

L.C.: ¿Qué siente al ser un protagonista central de la obra de Dios en México?

J.C.M.: Me siento privilegiado de haber estado en el lugar correcto en el tiempo correcto. Además, estoy muy agradecido con el Espíritu Santo, quién me ayudó a encontrar la actitud correcta en un tiempo en que Dios había decidido visitar México.

L.C.: ¿Cómo es la Iglesia mexicana?

J.C.M.: Hoy por hoy es una Iglesia madura. Las pruebas y la larga noche de inseguridad y violencia han coadyuvado para hacer de ella un cuerpo unido. En ninguna otra nación he hallado tanta unidad pastoral y entre los ministerios como en México. En las pruebas hemos aprendido la importancia de los altares de oración, la búsqueda de Dios en forma corporativa y el valor de un hermano en Cristo. A su vez, esta unidad ha hecho que la iglesia en México crezca un 72 % en la última década. Según la información a la que pude acceder, hemos crecido más del 200 %. Cualquiera sea el crecimiento, estamos agradecidos con Dios y con cada congregación que hace posible la expansión de su Reino.

L.C.: ¿Hay un liderazgo comprometido con la realidad del país?

J.C.M.: En México hemos entendido que hay batallas que las ganamos entre todos o no se ganan. A veces Dios nos asigna desafíos individuales o institucionales. Pero para alcanzar una nación es menester tener una visión corporativa de lo que Dios quiere, y es necesario trabajar en ese contexto.Algo que le ha hecho mucho daño al avance del Reino en muchas naciones son grupos o líderes que con visiones elitistas se muestran creídos de su exclusividad en la labor de la viña. En la nación azteca hemos trabajado para bajar esas barreras, y hoy hay un ejército grande de hombres y mujeres dispuestos a servir el uno al otro, con tal de que el nombre del Señor sea levantado. No obstante, pienso que el precio del dolor, persecución y violencia era necesario para alcanzar esta madurez. A veces Dios echa mano de medios poco ortodoxos para obrar en nosotros y para cumplir sus designios; y creo que así sucedió con México. El Señor permitió que la nación transitara por una senda difícil y tenebrosa, para así en medio del crisol, formar un pueblo conforme a su corazón. Sea como fuere el caso, Dios no ha olvidado a México, y Él la tiene en el centro de su radar.

 

 

 

 

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