No mas religión superficial

La esencia del verdadero Evangelio de Jesucristo

Por David Platt

Jesús no vino para que viviéramos una vida de religión superficial. Vino para que recibiéramos vida nueva por medio de la regeneración sobrenatural. Permítame explicar la diferencia.

La religión superficial consiste simplemente en creer ciertas verdades y hacer ciertas cosas. Este tipo de religión se ha generalizado hoy en el mundo, pero también abundaba en el mundo de Jesús. Pensemos en la conversación con Nicodemo, un líder del pueblo judío del primer siglo. Nicodemo era como muchos cristianos practicantes de hoy; tenía una medida de fe y respeto por Jesús y regía su vida según los mandamientos de Las Escrituras. Oraba y participaba en la adoración. Leía e incluso enseñaba La Biblia. Llevaba una vida buena, decente y moral; era un ejemplo para otros. Mas aún, hacía todas esas cosas en un esfuerzo por honrar a Dios. Todo estaba bien exteriormente, pero interiormente algo andaba mal. A pesar de todas las cosas religiosas que hacía, Nicodemo carecía de vida espiritual.

¿Se ha sentido así alguna vez? ¿Alguna vez siente que su cristianismo no consiste en otra cosa que en una lista de verdades para creer, cosas para hacer y casilleros para llevar para obtener la aprobación de Dios? En sus esfuerzos por orar, leer La Biblia, dar y servir en la iglesia, ¿alguna vez tiene la sensación de que nunca hace suficiente? Como el personaje que trata de mantener todo tipo de platos girando en el aire al mismo tiempo para entretener a su público, ¿alguna vez se siente cansado de tratar de agradar a Dios con su actuación? En definitiva, ¿siente que su fe consiste en puras obligaciones sin ningún placer?

Esa es la maldición de la religión superficial: el continuo intento de hacer cosas exteriores sin la transformación interna. Un autor describe la versión cristiana de la religión superficial de la siguiente manera: “Buscas ser piadoso sometiéndote a reglas y normas externas y acomodándote a patrones de conducta impuestos por la sociedad cristiana particular que has elegido y en la que esperas que te consideren “aceptable”. De esa manera perpetúas la costumbre pagana de practicar la religión con el esfuerzo de la carne, ¡y en la búsqueda misma de la rectitud cometes idolatría al honrar al ‘cristianismo’ más que a Cristo! La rebeldía a La Palabra de Dios, la mente de Dios, la voluntad de Dios y su juicio, los hombres (y las mujeres) en todas partes tienen a dedicar a Dios lo que Él mismo condena: ¡la energía de la carne! ¡No hay nada más repugnante y patético que la carne tratando de ser santa!”.

Un corazón nuevo

¿Cómo entonces respondió Jesús a la religión superficial de Nicodemo? Le dijo: De veras te aseguro que quien no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios”(Juan 3:3). Unos versículos más adelante elaboró la idea, diciendo: “Yo te aseguro que quien no nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios”(Juan 3:5). ¿Qué significa esto?

Aquí Jesús hace referencia a una promesa que Dios le había hecho a su pueblo por medio del profeta Ezequiel cientos de años antes de su conversación con Nicodemo. En Ezequiel 36, Dios le dijo a su pueblo: “Los rociaré con agua pura, y quedarán purificados. Los limpiaré de todas sus impurezas e idolatrías. Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne. Infundiré mi Espíritu en ustedes, y haré que sigan mis preceptos y obedezcan mis leyes. Vivirán en la tierra que les di a sus antepasados, y ustedes serán mi pueblo y yo seré su Dios”(Ezequiel 36: 25-29).

¿Captamos la relación entre nacer de nuevo y del Espíritu?

Jesús señala la promesa de Dios de dar a su pueblo un corazón nuevo. Este corazón nuevo primero debe estar limpio de pecado: “lavaré su inmundicia”. Dios habló de manera similar por medio del profeta Jeremías, prometiendo a su pueblo: “Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón (…) Yo les perdonaré su iniquidad, y nunca más me acordaré de sus pecados”(Jeremías 31: 33-34).

Eso es precisamente lo que vino a hacer Jesús. El Nuevo Testamento anuncia su venida, diciendo que “salvará a su pueblo de sus pecados”. Cuando Juan el Bautista se a Jesús por primera vez exclama: “¡Miren! ¡El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29).

Esa limpieza es un regalo de Dios que no se basa en absoluto en nuestro mérito, sino en la misericordia de Dios. En palabras de Pablo: “Pero cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo”(Tito 3:4-5). El claro mensaje de La Biblia es que no hay nada que podamos hacer para que nuestro corazón esté limpio delante de un Dios santo. Podemos trabajar duro, orar fervientemente, dar extravagantes y amar sacrificadamente, pero nuestro corazón seguirá teñido de pecado.

Es por eso que La Biblia enseña que la fe en Cristo es el único camino a la salvación del pecado. La fe es el “antitrabajo”. Es la conciencia de que no hay nada que puede hacerse salvo confiar en lo que ya ha sido hecho en la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. La fe es la comprensión de que obtener el agrado de Dios jamás dependerá de nuestro desempeño frente a Él. Por el contrario, el hecho de que Dios se complazca en nosotros se basa siempre en el desempeño de Cristo por nosotros.

Escucha la revolucionaria verdad del Evangelio: no necesitamos trabajar para limpiar nuestro pecado. Al abandonar el pecado y confiar en Jesús recibimos un corazón nuevo y limpio, y Dios en su gracia no vuelve a recordar nuestro pasado.

Mi mayor necesidad

Esta es la Buena Noticia del Reino, y satisface la mayor necesidad de nuestra vida. Por medio de Jesús, Dios perdona nuestro pecado y nos reconcilia con Él. Sin embargo, si no tenemos cuidado, podemos dejar de lado esta Buena Noticia de Dios e ignorar nuestra mayor necesidad.

Hoy en todo el mundo la gente identifica el Evangelio de Jesucristo con la sanidad física y la prosperidad material. Sí, Jesús puede sanar enfermedades físicas, pero ese no es el mensaje central de Cristo. Tendremos recompensa material, pero esa no es la esencia del Evangelio.

Esa no es la Buena Noticia de Cristo porque ella es mucho más que eso. No es que Jesús lo sanará de todas sus enfermedades ahora mismo, sino finalmente que Jesús le perdonará todos sus pecados para siempre. La Buena Noticia no es que si reúne suficiente fe en Jesús, podrá recibir recompensa física y material aquí en la Tierra. La Buena Noticia de Cristo es que si tiene la fe de un niño en Jesús, será reconciliado con Dios por toda la eternidad.

Por David Platt
Tomado del libro: Sígueme
Tyndale

Sigueme

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*