Los peligros de la murmuración

No dejemos que nuestra lengua haga estragos

Por Jorge Ovando

El libro de Proverbios dice: “la muerte y la vida están en el poder de la lengua” (18:21). Y Jesús agrega: “Pero lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre” (Mateo 15:18). Esto se refiere a un veneno mortífero que mata y destruye.

Es sabido que las personas son más propensas a ser criticonas que correctas. Uno no tiene que saber nada para criticar a otra, simplemente lo presupone; pero para ser correctos hay que analizar, hay que cuidarse. Por eso, mucha de la crítica viene de la ignorancia, pero mucho más viene de los prejuicios, y de una decisión de mantener este hábito maligno.

¡Cuidado! Las personas que critican a los demás, también te criticarán a ti cuando tengan oportunidad.

El Dr. David Frank realizó un estudio entre mil personas que sufrían de hiperestesia (sensibilidad exagerada y dolorosa) y determinó que la mayoría eran personas que juzgaban agudamente a los demás.

El apóstol Santiago dice que la lengua es capaz de ocho cosas malas:

 

  1. Ofende. Dice y hace cosas que lastiman a los demás sin importarle. Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo” (v. 2). “El charlatán hiere con la lengua como con una espada,
pero la lengua del sabio brinda alivio” (Proverbios 12:18).
  2. Se jacta. Cree que siempre tiene la razón. Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!” (v. 5).
  3. Inflama y quema. Exagera y destruye el buen nombre de una persona. Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno” (v. 6).
  4. Está llena de maldad. Está constantemente propensa a hacer el mal. “Un mundo de maldad” (v. 6).
  5. Es indomable. Es muy difícil de controlar. Ningún hombre puede domar la lengua” (v. 8).
  6. Es contradictoria. No tiene principios, cambia según la conveniencia. Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios” (v. 9).

 Las fuentes

¿Qué puede motivar a una persona a hablar mal de otra? ¿Puede justificarse una acción verbal que produzca daño a otro? La respuesta es un rotundo no. Tratar de definir las fuentes de motivación para que una persona use la lengua en forma destructiva es muy difícil. No obstante, trataremos de estudiar algunas vertientes de motivación.

Como marco de referencia, podemos decir que las personas muy heridas y con situaciones no resueltas no se animan a mirar dentro de ellas. Entonces miran hacia fuera y critican.

 

  1. Envidia. La persona cree estar en una constante competencia, donde menoscaba lo que tiene y codicia lo ajeno. Se ve estimada a sentimientos de comparación con otros y al continuo menosprecio o celos. Es una forma que busca descalificar o desacreditar a los demás para que no se luzcan, ni le hagan sombra. Para quienes sufren este mal, véase la sentencia bíblica: la envidia corroe los huesos” (Proverbios 14:30). También Moisés Chávez dice: “El que codicia destruye valores, y el que envidia comete suicidio”.
  2. Complejos. ¿Quién no los tiene? Complejos hay muchos y de diferentes tipos. Aquí no vamos a definir lo que son, ni cómo se producen. Lo que sí mencionaremos es que la persona con complejos proyecta en otro sus propios defectos y luego los publica para desprestigiar.
  3. Mentes perturbadas. Este es el resultado de una gran degeneración social. El deseo de hacer daño y buscar perjudicar a otros hace que la crítica y la murmuración sean un hábito de vida. Estos son los parámetros invertidos que menciona el profeta Isaías cuando dice: ¡Ay de los que llaman a lo malo bueno
y a lo bueno malo,
que tienen las tinieblas por luz
y la luz por tinieblas,
que tienen lo amargo por dulce
y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20).
  4. Jueces. El que critica experimenta una rara seducción. Cree que lo que dice es para el bien del criticado y que no hay forma de corregir una situación. Siente como que tiene autoridad moral y debe hacerlo sí o sí. Se siente dueño de la verdad. Tal acción pretendo poner las cosas en su “justo lugar”. ¿No es este otro intento del hombre de desplazar a Dios y sentirse dueño del otro? Quien actúa así, ha descartado el mandamiento de Jesús. “No juzguen a nadie, para que nadie los juzgue a ustedes” (Mateo 7:1).
  5. Acusadores. La Biblia define al diablo como el acusador. Quien acusa a un hermano sirve a los propósitos del enemigo. El Espíritu Santo acusa al creyente antes del arrepentimiento y el perdón otorgados por fe. Satanás acusa a los hermanos después de esta acción, o sea, trata de mantener la culpa, sembrar la duda y negar el perdón de Dios, que es olvido. También utiliza a sus agentes que se especializan en el arte de acusar y denigrar.

¿Cómo ser libres?

  1. Decide pensar bien de los demás, así como Dios piensa bien de ti.
  2. Reconoce que la murmuración es pecado y arrepiéntete.
  3. Controla la tentación de mencionar los defectos de otras personas en su ausencia. Moisés Chávez también dijo: “Un santo lleno de virtud no se pinta de un brochazo. Y al hombre no puede juzgársele solo por una actitud. No digas lo que piensas, pero piensa lo que digas”.
  4. Evita a aquellos que tienen este mal hábito, envenenarán tu vida y te predispondrán mal contra otras personas.
  5. No pagues con la misma moneda cuando te critiquen.
  6. Cultiva un espíritu perdonador de fe y amor.
  7. No hagas comentarios que siembren intrigar o traigan sospechas.
  8. Acostumbra a decir personalmente y en privado las cosas que veas en otros. Busca hablarlas con mucho amor y respeto directamente a las personas que quieres corregir. Esa observación debe morir en ti y no correr de boca en boca. Asume el valor y dilo con todo el amor del mundo, siempre considerándote a ti mismo.
  9. Trata de no dejarte llevar por comentarios o murmuraciones, ni te prestes a ellos. En primer lugar, porque afectará tu vida, y en segundo, porque te desacreditará.
  10. No justifiques nunca una acción que separe, margine o divida al grupo que integres. Solo el diablo divide para reinar.
  11. Trata de hablar más de cosas buenas que edifiquen y sean beneficiosas que de los errores de las personas. Menciona las virtudes más que los defectos. El pastor Paso supo decirme con gran acierto: “Yo no visito a los más antiguos de la iglesia porque me hablan de la iglesia; visito a los nuevos porque me hablan de Cristo”. Ver y hablar de lo malo de las personas, apaga el amor.

 

 Por Jorge Ovando
Tomado del libro: Sanidad interior
Ediciones IBEM

Sanidad Interior (Ovando)

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