El señor quiere usarte a ti tambien

Aprenda poderosos principios de alguien a quien Dios ha usado en el ministerio de la sanidad

Por Johnson & Clark

Randy: Bill, quiero preguntarte sobre tu intenso crecimiento personal. Vine por primera

vez a tu iglesia alrededor de 1998, de modo que nos conocimos hace más de una década. Te he visto crecer enormemente en aquel tiempo, lo que ha sido de gran estímulo para mí. ¿Qué piensas que ha causado este crecimiento? ¿Hay algo en particular que has aprendido sobre la sanidad? Porque sin duda has crecido en esa área. Y un poco de tu crecimiento, en mi opinión, no es solamente un aumento de la unción o del don, consiste en una mayor comprensión acerca de cómo cooperar con Dios.

 

Bill: Todo comenzó en 1987 cuando fuimos a la conferencia de Wimber, pero perdimos mucho de lo que ganamos en poco tiempo porque yo no sabía mantener el fuego. Estaba convencido de que el Señor nos usaría a todos en la sanidad; no tenía ninguna duda sobre eso.

Sin embargo, perdimos un poco de nuestro sentir de la presencia y del poder de Dios. Yo podía mirar hacia atrás, y ver que algo había pasado allí aun cuando nadie hubiera orado por mí. Nunca hice ninguna fila; solamente estaba allí y miraba. De camino a Toronto le dije al Señor: “Dios, si me tocas otra vez de laforma en que lo has hecho aquel día, nunca cambiaré detema”. (Las referencias a “Toronto” serefieren a la iglesia en Toronto, Canadá, donde experimentóun gran derramamiento del Espíritu Santo que comenzóen enero de 1994, cuando Randy tuvo allí una reunión decuatro días a pedido de los pastores John y Carol Arnott.Estas reuniones continuaron por seis noches cada semanadurante más de doce años. Ahora, mejor conocido comola “Bendición de Toronto”, aquel derramamiento es consideradouno de los mayores avivamientos del siglo XX).

Lo que quise decir con “cambiar de tema” era que,en retrospección, yo podía ver que había dejado caer lapelota. Me había permitido ser influenciado por lo queno ocurrió, en lugar de motivarme por lo que sí sucedió.Así que hice un trato con el Señor, creo que ya estaba enel avión. Le prometí: “Nunca más cambiaré el tema si metocas otra vez”.

En Toronto, pasé adelante para que oraran por mí,siempre. Podría haber sido un llamado falso al altar y yotambién habría ido adelante. Hice que oraran por mí cadavez que me fue posible. Fui realmente impactado, aunqueno tuviera ninguna experiencia extraordinaria. Peroestuve en las filas con todos los demás para recibir la imposiciónde manos y volví a casa sabiendo que acababa dever lo que quería ver. Dios me tocó, y una paz vino sobremí. No fue nada dramático, pero aun así fue maravillososentir su gloriosa presencia. Le dije: “Bueno, listo. Tienesel resto de mi vida. ¡Nunca cambiaré de tema otra vez!”.

Ese fue el verdadero principio, porque volví a casa ynunca, ni un minuto a partir de aquel momento en 1995hasta hoy, me he desviado ni una vez de lo que el Señorme ha llamado a hacer, de lo que Él nos ha dado parahacer. Comenzamos a ver que otra vez pasaban cosas enla iglesia. Fue gradual; comenzó en febrero, y en aproximadamente

marzo o abril, ya teníamos un quiebre importante,y para agosto teníamos un quiebre insólito. Habíareuniones en que la presencia de Dios era tan fuerte quetenía miedo de hablar. El Señor hacía cosas por todo elrecinto. Yo sabía que podía estropearlo, y todo lo que teníapermiso para hacer era, de vez en cuando, dar una dirección,eso era todo. Este fue un momento de quiebre.

En octubre de aquel año, el Espíritu de Dios cayó conpoder sobre nuestra iglesia, como en Toronto. Los cuerposestaban tendidos por todas partes y experimentamos underramamiento sostenible. La semilla había sido plantada en febrero, pero alcanzamos una medida de madurez, oestuvimos listos para un parto, en octubre. Desde aquel

punto, no hubo ninguna parada, nada que lo detenga enabsoluto. Teníamos un derramamiento continuo del Espíritu.Lo cuidamos y lo pastoreamos. ¿Conoces el versículodonde dice que Dios enciende el fuego en el altar, y queson los sacerdotes quienes lo mantienen encendido? (Levítico 6:12-13). Aunque yo en ese entonces no era

consciente del concepto, había adoptado ese modo de vivirporque sabía que dependía de mí guardar el fuego para queardiera continuamente, poniendo sacrificios sobre el altar.Por sacrificios, en este contexto, me refiero a volvernosnosotros mismos una ofrenda viva para el Señor, con labuena voluntad de hacer cualquier cosa que Él nos pida.

Al año siguiente, en octubre, fui nombrado pastor dela iglesia Bethel en Redding, California. Fui con una comisiónpara llevar el avivamiento a ese lugar, y comenzóinmediatamente un domingo por la noche. Invité a cadauno de ellos al frente, e invité al Espíritu de Dios a venir.De los cientos que había en el altar, el Espíritu cayó sobreuna mujer. Miré a Beni, mi esposa, ella me miró, y dijimos:“Está aquí. Es imparable ahora”.Sabíamos que solamente necesitábamos una grieta enel dique, y así fue como ocurrió. De allí en más, todo explotó.Comenzamos a tener sanidades soberanas. ¡La gentesubía a la plataforma y decía: “¡Mi tumor se ha ido!”.

Tú nos dijiste que vendrías, y realmente lo hicistecuatro o cinco meses más tarde. Allí fue cuando vivimos un enorme quiebre. Veníamos de tener una sanidad cadasemana, o tal vez cada dos semanas. Teníamos gente queera tocada por Dios, lo cual era maravilloso. Vimos liberacionesy toda clase de cosas. Pero cuando tú viniste,todo esto pasó de ser semanal a ocurrir diariamente. Y sihacemos algunos cálculos, ¡casi a cada hora! Eso explotó.

Durante los cuatro días que has estado con nosotros,hubo más de cuatrocientas personas que se sanaron. Enuna sola reunión, el número ascendió a ciento veintinueveaproximadamente. Fue lo más grande que había vistoen un servicio.

En aquella liberación, en aquella explosión, algo nospasó. Sé que has orado por nosotros y puesto tus manossobre nosotros, y sé que algo pasó en el ambiente porquela iglesia entera lo obtuvo. Y te invitamos nuevamenteseis meses o un año después de esto, y sucedió lo mismo.Pero aquella primera visita de cuatro días depositó algoen nosotros. No fue puesto sobre sino dentro de nosotros.Ya teníamos el ímpetu, pero cuando tú nos visitaste, fuecomo derramar gasolina sobre el fuego. Viniste y nos impartistealgo que sencillamente explotó. Y nunca hemosvuelto a lo que éramos antes. Nunca hemos vuelto atrás.

 

Randy: Cuéntanos más sobre cómo has crecido y las cosasque has aprendido.

Bill: Un versículo clave que realmente explotó para nosotrosdurante este tiempo es aquel que dice que Jesússolo hacía lo que Él veía hacer a su Padre, y solo decía loque Él oía decir a su Padre (Juan 8:28-29). Aun asíJesús ministró a la mujer que tocó su manto y a la mujersirofenicia que vino a Él. No estaba preparado para ministrarlas,pero cuando vio la fe de ellas, lo hizo. Esto me diceque una de las maneras en que Jesús veía lo que el Padrehacía era observar la respuesta de la gente que venía a Él.Era parte de su forma de reconocer que el Padre se movía.

Obviamente, yo quiero oír y ser dirigido por el Señor, perome doy cuenta de que Él no va a darme todo directamente.El Padre no lo hizo ni siquiera con Jesús. Una parte fueguiada por el hambre, la atracción, la fe de la gente. Jesúsvio algo allí y comprendió: “El Padre está en esto”. Parte de este proceso para mí es aprender a reconocer el Espíritude Dios cuando obra en alguien, cómo oír lo que Diosdice y cómo reconocer la fe en un individuo.

Recuerdo a una jovencita que vino a mí y dijo: “Estaes mi noche”. Sé que tú has tenido mil personas que tedicen eso, Randy, así como me lo han dicho a mí, y yosiempre quiero estar de acuerdo con ellos. Pero esta vezfue diferente. Cuando ella se acercó a mí, físicamente sentísu fe. No sé cómo describirlo. Me impresionó tanto quedi un paso atrás, me distancié de ella, y traté de observarqué era lo que había sobre ella. ¿Conoces Hebreos 5:14,donde se habla de tener los sentidos entrenados para discernirel bien y el mal? Estaba tan abrumado por su feque la miraba no solo con mis ojos, sino con todos missentidos. La miré de la cabeza a los pies y luego de piesa cabeza otra vez porque no quería olvidar nunca lo queveía. Era tan intimidante para mí.Ella me contó acerca de su condición. Tenía una máquinaque bombeaba los fluidos en su corazón. Podía vivirsolo cuatro minutos sin la medicación y los fluidosque la máquina contenía. Cada mañana, a las 7:00, ellacambiaba la bolsa de fluidos. Me preguntó: “¿Oraría usted

por mí?”.

Puse mis manos sobre ella, y cayó al suelo. Veinte minutosmás tarde se levantó, y le pregunté:

—¿Cómo estás?

—Hay un fuego en mi pecho —dijo ella.

—Tu fe te regaló esto —le dije.

Se marchó y condujo a su casa, que estaba a un par dehoras de distancia. Apareció la noche siguiente en nuestrareunión junto con la mitad de su iglesia. Y declaró:

—Cuando me levanté esta mañana, fui a cambiar labolsa de medicación y el Señor me dijo: “Ya no la necesitasmás”. Entonces la saqué.

¡Cuando tienes cuatro minutos para averiguar si realmenteescuchaste a Dios o no, tú sabes que eso es fe! Yel Señor la sanó. Aprender a ver la fe en alguien más esalgo increíble. El apóstol Pablo vio esto; observó que elhombre cojo de Hechos 14 tenía la fe para ser sanado. Quiero aprender a ver esto mucho mejor.

Otra forma en la que el Señor obra conmigo es pormedio de pensamientos inspirados.

Recuerdo una vezen que el caos invadía todo el recinto, ministrábamos dela manera que nos gusta. Miré hacia la izquierda para verqué sucedía, y vi la palabra tumor. Y literalmente, en el segundo en que la vi, dije: “Tumores”. Los tumores dejaronlos cuerpos de cinco personas en solamente un suspiro.

He descubierto que la obediencia retrasada es iguala la desobediencia; cuanto más tiempo uno espera habrámenos unción cuando finalmente obedezca. No quierohacer de esto una regla, pero eso es lo que me ha pasado.Cuando he tardado con algo, y entonces finalmente mehe rendido y lo he hecho, no fue verdaderamente poderoso.

Así que, he aprendido que, si es apropiado en esemomento, hay que actuar al instante. Dios me mostróalgo en aquel momento en que dije la palabra “tumores”,porque cinco personas tenían tumores que simplementedesaparecieron. Solo en un instante. Nadie oró por ellos,fue tan rápido como el chasquido de los dedos, como elmovimiento de una mano. Ocurrió cuando vi la palabra,de modo que he aprendido a obedecer rápido.

Una de las cosas más apasionantes para mí, es ver ala gente ser sanada sin oraciones de por medio. La primeravez que me pasó estaba en Sydney, Australia. No tenía conmigo a mi equipo del ministerio;estaba solo en aquel momento. Era mi primera vezen esa iglesia, y había anotado diez o doce palabras de conocimiento antes de la reunión. Nombré la primera,tenía algo que ver con una rodilla. Cuando miré al hombreque respondió, él se veía diferente a todos los demás.No puedo decirte cómo, no era un brillo sobre él o algoasí. Simplemente se veía diferente, entonces le dije: “Levántate.Compruébalo”.Lo hizo, y enseguida dijo: “¡Estoy sano!”.

Después de ese primer milagro, pensé: “Bueno,declararé cada una de las otras nueve o diez palabras quetengo, y entonces oraremos por ellos”. Eso era lo que ibaa hacer, decir todas estas palabras y que la gente pasara.Y nombré la segunda; creo que era sobre una lesión en elojo. Miré a la señora que levantó su mano, y no puedodecirte hasta este día qué era, pero ella se destacaba demanera diferente a cualquier otra persona en ese lugar. Ledije: “Levántate”.

He descubierto que si puedo lograr que la gente hagaalgo, no tiene que ser algo raro, solamente conseguir quese pongan de pie o que pasen al frente, esa acción libera lafe. Si alguien tiene un problema en el túnel carpiano, por ejemplo, le diré: “Mantenga su mano en alto por treintasegundos”. La fe necesita una acción.

Entonces miré a esta señora, y simplemente se veía diferente.Se destacaba en la muchedumbre. Y le dije: “Revisesu ojo”. Así sucedió con las diez o doce palabras deconocimiento, y cada una de ellas fue un caso de sanidad.Nadie oró por ellos.

Otra cosa que ocurría en aquella reunión era que yonombraba una condición y varias personas la padecían.Ahora bien, si alguien tiene un tobillo quebrado, porejemplo, no voy a decirle que corra para demostrar el principiode la fe. Nunca haría eso, uno no puede poner a unapersona en riesgo por un principio. Pero puede ser necesarioque uno los ponga en riesgo por la presencia de Dios.Entonces declaré y dije: “Alguien tiene el tobillo derechoquebrado, y el Señor quiere sanarlo”. Tres personas levantaronsus manos. Yo miré, y uno de ellos se destacaba. Nolos tres; nunca los tres. Uno. Entonces le dije a esa persona:“Debería estar sano. Vaya hasta el pasillo y compruébelo”.Y la persona fue sanada.

Creo que Dios muestrasu amor y su poder de este modo para aumentar la fe detodos los demás presentes en ese lugar, sobre todo de losque están de pie con la misma necesidad. Después de queuna persona recibe sanidad sin oración, los demás estaránmás inclinados a creerle al Señor cuando oremos por ellospara pedir un milagro, lo cual hacemos rápidamente.

En situaciones así, incluso he tomado la mano de lapersona y le he dicho: “¡Corra!”. Y no les di una opción; solamente la tomé de la mano. Pero solo, solo en reconocimientode la presencia de Dios. Nunca repetiré aquellaclase de cosa solamente porque funcionó una vez, porquepodría hacerle daño a alguien. He aprendido a reconocerla presencia que viene cuando el poder del Señor está presentepara sanar. Ha sido apasionante y muy alentador.

 

Randy: Cuando reconoces la presencia de Dios para sanara una persona, ¿cómo funciona? ¿Ves algo diferente otienes una impresión cuando miras a la persona? ¿Ningunade las dos o una de ellas? Como has dicho, ¿la personase ve diferente? ¿O a veces resulta que en realidad no vesnada diferente en la persona, pero algo ocurre en ti? ¿Oson ambas?

 

Bill: Puede ser ninguna o una de las dos o en ocasionesson ambas. A veces yo digo que es la presencia, perodespués me doy cuenta: “Dios me dio un don de fe paraaquel momento”. Con frecuencia pienso que la presenciaen realidad viene con aquel don, puedo sentir la presenciay también obro a partir de ella. Tú sabes, Randy, cómo es.En esos momentos, uno simplemente sabe qué hacer. Escomo si no tuviera tiempo para pensar en ello, y mejorme vendría apresurarme y actuar o podría agotar lo quesea que esté ocurriendo allí. De pronto solo sé qué hacer,y tomo la mano de la persona y corro, o le digo: “¡Corre!”o “Salga de su lugar y vaya hacia el pasillo. Muy bien,ahora ¡salte!”. O lo que sea. Uno simplemente tiene una convicción de lo que debe hacer. La fe es la convicción.Así que trato de prestar atención a cualquier cosa de lacual tenga convicción en ese momento, e intento identificaruna dirección para llevarla a cabo.

Se me acercó una chica a la que le faltaba una parte deun músculo en su pierna. Ella me había escuchado contarun testimonio de un milagro que ocurrió cuando yo estabaen una reunión en la carpa de Mahesh y Bonnie Chavda,en Charlotte. Y esta muchacha me dijo: “Me falta lamisma parte del mismo músculo del que usted hablaba”.Iba a decirle que oraría por ella al final de la reunión, peroella dijo: “Y soy de Minnesota”.

Bueno, Minnesota es donde, por primera vez, comenzóaquel milagro de la creación de un nuevo músculo,y desde entonces había ocurrido muchas veces. Aquellainformación acerca de ella provocaron algo, y pensé: “Essuficiente. Es el lenguaje del Espíritu. Es una coincidenciainsólita”. Le dije: “Ve detrás de la carpa, luego ven a verme”.

A veces el lenguaje del Espíritu incluye coincidenciasinsólitas. Cuando ella dijo “Minnesota”, me dicuenta de que Dios quería sanarla inmediatamente, y noal final de la reunión. La razón por la que su respuesta sedestacó para mí fue por el hecho de que el milagro creativocon aquel músculo que faltaba había comenzado enMinnesota. La “coincidencia” fue suficiente para encenderla fe en mí para hacerlo “en ese mismo momento”.

De modo que ella prácticamente fue corriendo haciala parte de atrás de la carpa y, cuando regresó a donde yo estaba, su músculo había crecido otra vez. Esto fue comoun disparador que me permitió ver que el Señor no lo hacíasolamente porque eso es lo que suele hacer. Fue másque eso; Él quiso destacar algo inusual. Y fue una demostraciónpara toda la gente.

Así que, a veces sé que la presencia está aquí auncuando no veo nada diferente en una persona. No vi nadadiferente en aquella muchacha. Solo provocó algo en mí.Pero otras veces, no tiene que ver conmigo. No es unaconvicción, no es un don de fe, no es nada. Cuando miroa la persona, sin embargo, él o ella se destacan frente a míy yo no sabría decir exactamente lo que tienen de diferenteporque no me tomo mucho tiempo para pensar enello. Cuatro personas levantan sus manos con una mismacondición, sin embargo solo una se destaca así. La personaque se destaca de algún modo, no es porque tengaalgún tipo de luz o alguna manifestación inusual sobresí. Nunca me he detenido a tratar de entenderlo, peroprobablemente solo es que el Señor destaca algo, y tal vezsolo yo lo noto, y nadie más.

 

Randy: ¿Hay alguna otra cosa que hayas aprendido y que hasido provechosa para tu crecimiento en esto de la sanidad?

 

Bill: Recuerdocuando oré por un hombre que tenía las dos rodillas en mal estado. Pienso que necesitaba que ambas rodillas fueranreemplazadas. Escogí un lado y comencé a orar. Orabapor su rodilla derecha, y le pregunté:

—¿Sucede algo?

—Sí —dijo él—, siento como un fuego en mi rodillaizquierda.

Entonces pensé: “Bien, ¡iré a orar por la rodillaizquierda!”.

Es importante escuchar la respuesta de las personas yaprender a seguir la unción que ellos sienten. Lo que yosiento no siempre es confiable como para guiarme porello. Puedo estar en medio de una experiencia personalcon Dios, esto es verdad, pero que no necesariamentecontribuya a conseguir un quiebre en ellos. De maneraque aprender de la forma en que te he visto dialogar conla gente para averiguar lo que ellos experimentan, Randy,ha sido algo grandioso para mí. Te he observado, y has sido de

gran ayuda para mí. Ahora sé cómo sentir la unción deuna mejor manera. Me encanta cuando siento la unción.Hay ciertas cosas que me suceden físicamente que meindican que el Señor está a punto de hacer algo.

 

Randy: ¿Quieres explicarnos algo sobre esto? Piensoque les ayudará a aquellos que están en el proceso deaprendizaje.

Bill: No sé si será de ayuda, porque no tengo nada deesto completamente aprendido, pero he tratado de ir másdespacio y tomarme mi tiempo con la gente y, por otraparte, también he aprendido a ir más rápido en otros momentos.Sé que es una combinación extraña.

Randy, te he observado al respecto durante años. Cuando se trata de tomarse tiempo, a veces tú inviertes lanoche entera aquí, intentando conseguir una brecha, unaruptura. Más que ninguna otra persona que yo conozca,tú tienes la gracia de orar largamente cuando se suponeque debes hacerlo. Cada vez que estoy contigo, vuelvo ami casa pensando: “Tengo que aprender más de esto”. Ytrabajo para mejorar, y realmente lo logro.

 

Randy: No oro por mucho tiempo normalmente. Nopuedo hacerlo a no ser que en verdad sepa que: “Si hagoesto, vendrá una brecha, un quiebre”. Tengo fe para hacerlo.Si no tuviera la fe para ello, no podría orar así.

 

Bill: Me he dado cuenta de que eso es verdad. Lo he intentadocuando no tenía la fe para hacerlo, y no funcionó.Pero en las oportunidades en que también he honradoel hecho de que Dios obra y presto atención a lo que Élhace, y no a lo que no sucede, entonces puedo quedarme allí durante un extenso período de tiempo. Ha sido maravillosoaprender esto.

No obstante, también he aprendido que a veces es envano para mí tomar mucho tiempo, y debo ir más rápido.No es que la gente necesariamente tenga la mala intenciónde robarnos tiempo, algunos lo hacen, pero eso no estan importante. Sino que algunas veces he observado quelas personas hacen largas oraciones porque no creen queel Señor esté haciendo algo. En realidad oran por delantedel milagro.

Cierta vez, una persona teníadolores terribles en su espalda, y le dije: “Levántate y acércatea ese rincón, y enviaré a un grupo de personas paraorar por ti”. Mientras él caminaba, dije: “Espíritu Santo,ven”, y el hombre fue arrojado al suelo. Yo no tenía el corajepara averiguar si había sido sanado, así que envié a lagente a orar por él. Me acerqué, también, y oré por todolo que se me ocurrió en ese momento, porque todavía noestaba habituado a ver que en verdad pasara algo.Cuando finalmente terminamos, esta persona dijo:“Ah sí, fui sanado cuando me levanté de la silla y el EspírituSanto me arrojó al suelo”.

He jugado un poquito con esto. Hay veces en las quecuando hago que la gente ore, les digo: “Bien, ponganlas manos sobre ellos y comiencen a ordenar”. Luego lesdigo: “Muy bien, es suficiente”. En realidad lo hago así de rápido, y se sobresaltan por la cantidad de personasque ya fueron sanadas. Randy, tú puedes hacerlo cuandola gente está simplemente de pie allí, sin que nadie orepor ellos. Esa es otra forma soberana de sanidad para laque pienso que tú tienes una gracia inusual. Yo lo hagode vez en cuando y es maravilloso, pero nunca ocurre delmodo en que sucede contigo. Tú tienes esta clase de imparticiónen el recinto. Algo pasa cuando tú liberas algosobre una multitud de personas, y muchos son sanados.Yo lo tengo también, y lo busco y lo uso, pero está sobretodo en ti. Pero con una oración corta, realmente, tambiénveo muchas sanidades.

Hemos visto cosas extrañas. En uno de nuestros gruposcelulares actuales en Bethel, hemos visto muchassanidades de la Hepatitis C. Un individuo entró y dijo:“Acaban de diagnosticarme que tengo Hepatitis C”.El líder de la célula, que pasaba por delante de él paradarle una taza de café, le dio un amistoso golpe en el brazoy le dijo: “Bien, entonces, sé sano”. Eso es todo lo quehizo. Cuando el hombre fue al doctor, este le confirmóque ya no la tenía más. Aunque es médicamente imposibleque sea quitado de su corriente sanguínea. Es decir,un amigo médico me ha dicho que la Hepatitis C deja

“cicatrices” en la sangre que de algún modo permanecenpara siempre y uno no puede remover aquellos indicadores.

Así que eso es algo que sucede cuando nos movemos con Dios, porque Él se mueve rápido.

Randy: ¿Entonces esta es una de aquellas sanidades accidentales de las que a veces hablas? El líder del grupo tal vez ni siquiera lo esperaba, porque jocosamente dijo: “Sé sano” mientras pasaba delante de él.

Bill: Pienso que el líder que dijo esto realmente lo esperaba.Pero la persona que tenía la Hepatitis C probablementeesperaba algún tipo de oración. Conozco al líder,y pienso que él simplemente tuvo la expectativa de que sidaba el mandato, sería hecho; y luego siguió repartiendocafé. Fue asombroso. Todas estas cosas probablemente estánenvueltas dentro de la misma clase de lecciones.

Randy: Aprendo mucho a medida que hablo contigo. Pienso quehabría sido tan apasionante si tú y yo hubiéramos tenidovideos y material como este de las personas que nos precedieronen esta área. Si ellos hubiesen podido hablar deesta forma, habría sido tan provechoso para nosotros…habría acelerado nuestra curva de crecimiento.

Bill: Nos podría haber ahorrado años, porque tú y yo hemos aprendido por medio de la experimentación. Esa es labroma que ronda en nuestro lugar, que Bethel es solamenteun experimento. Intentamos, fallamos, tenemos éxito,pero siempre lo hemos intentado. Ver antes esta clase deentrevistas realmente nos habría ayudado mucho.

Por Bill Johnson & Randy Clarck
Tomado del libro: Sanar sin métodos
Peniel

Sanar sin Metodos

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