El cumplimiento de tu sueño te espera

No importa cuanto tiempo haya pasado

Por Evangelina Daldi

Hace algunos días, me encontré con un video en YouTube muy conmovedor. Se trataba de la historia de un muchacho que se presentaba por primera vez a una de esas audiciones para un programa de televisión dedicado a la búsqueda de personas que se destaquen musicalmente.

Este chico tenía 34 años, y se destacó de entre la multitud por lo nervioso que estaba antes de su presentación. En la entrevista que le hicieron previamente, él contó que estaba aterrorizado ya que nunca había visto semejante multitud. No  esperaba encontrarse con tanta cantidad de personas en su misma condición. Afirmó que le había tomado cinco años juntar el coraje para asistir a la audición. Contó que año tras año preparaba todos los formularios y papeles para anotarse pero justo antes de enviarlos por correo, decidía romperlos por temor.

Contó que este repetido comportamiento se debió a que mucha gente le había dicho que no se presente, que no era lo suficientemente bueno, que era una pérdida de tiempo. Muchas personas de su entorno “lo animaron” a que era mejor que no siga adelante con eso, lo “alentaron” a que no se gaste. Todas estas palabras lo convencieron de que era mejor no hacerlo. Y por eso, una y otra vez rompía sus papeles para anotarse al show.

Pero se ve que ese sueño fue más fuerte, hasta que cinco años después de intentarlo, por primera vez él se animó a depositar el sobre en el buzón del correo postal. Y efectivamente fue convocado. Y efectivamente estaba allí esperando por su presentación ante el jurado compuesto por cuatro personas.

Cuando llegó su turno, caminó hacia el escenario. En su mano tenía el micrófono que sacudía de una lado al otro debido a sus nervios. La voz le temblaba. Su rostro estaba rojo. Todo su aspecto comunicaba lo atemorizado que estaba. No solo el jurado notó cuán nervioso estaba, sino las miles de personas que mirabando a los que iban a cantar.

El jurado intentó hacerlo relajar un poco, pero sus intentos no fueron muy útiles. La realidad es que ellos pensaron que este chico sería uno más del montón, que sus nervios le jugarían una mala pasada. Así que solo esperaron unos minutos a que él diera el paso y se ponga a cantar.

Y cuando lo hizo, el público estalló a viva voz. Y los ojos de las personas del jurado se abrieron a más no poder. Resultó que este muchacho tenía una voz asombrosa. Su canción causó furor en todo el público y en el jurado que se puso de pie y aplaudió una vez que él terminó de cantar.

Uno de los miembros del jurado le preguntó cuántos años tenía, a lo que este chico respondió 34. Y luego le pregunto: “¿Cómo pudiste esconder esa voz treinta y cuatro años?”.

Y eso quedó resonando en mi interior. Toda la historia fue un susurro al oído.

Me pregunté a mí misma cuántas veces había permitido que las sentencias de los que me rodean me determinaran a hacer algo o no hacerlo. Cuántas veces dejé llevarme por las opiniones de otros. Cuántas veces permití que las palabras de otros me desanimaran o hicieran que perdiera la confianza en mí misma.

Quizá tengas ganas de compartir estas preguntas. Tal vez quieras hacértelas a ti mismo.

No estoy hablando de creernos autosuficientes como para no pedir un consejos u opinión. No hablo de ser cerrado a las críticas que otros tengan para hacernos. Hablo de permitir que otros hagan que dejemos de lado nuestros sueños. Hablo de acrecentar más la fe en otros que en la de nosotros mismos. Hablo de dejar que la voz de otros resuenen más que la voz de nuestro llamado o esperanza.

Dios quiera que no estés privando al mundo de tu don, de tu llamado, de tu sueño. Dios quiera que dejes de lado todas las opiniones y escuches la voz del Señor que una y otra vez te dicen: “Naciste para eso.  Anímate”.

Tienes en tu interior todo lo que necesario para romper con los límites, cuentas con todo para hacer cosas extraordinarias. Él Señor te capacitó para hacer eso que te da vueltas en la cabeza y el corazón, y Él está contigo para acompañarte en el proceso.

No permitas que nadie te diga que no eres lo suficientemente bueno, que mejor sigas en tu trabajo, que no pierdas tiempo en intentar algo para lo que ya hay mucha gente y muy buena. Levanta la cabeza. Anímate a creer que todo es posible. Y verás que cosas impensadas comienzan a suceder.

 

¡Hasta la próxima!

Evangelina Daldi
redacció[email protected]

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*