¡No bajes los brazos!

Dios aún no ha terminado de obrar

Por Illya Cabrera

He tenido el privilegio de ver miles de milagros en la vida de diferentes personas. Gente que de una u otra forma atraen sus milagros por medio de la fe. Algunos de ellos ocurren casi inmediatamente, sin embargo, hay otros que demoran un tiempo hasta que son recibidos por aquel que ha orado y clamado. Cualquiera que sea la situación, he notado un denominador común: la perseverancia.

La perseverancia es la extensión de la fe para tiempos indefinidos. Es la voluntad determinada a creer y esperar, contra viento y marea, que el Señor traerá lo que pedimos, el milagro esperado. La perseverancia es el acto de esperar con intensidad.

Posiblemente estés atravesando una situación en tu vida en la que comenzaste teniendo fe en Dios, pero el tiempo ha transcurrido y tu fe ha decaído. Quiero que tomes fuerzas en Dios y vuelvas a esperar tu milagro.

Algunos sinónimos de perseverancia son: persistencia, tenacidad, resolución de continuar en la causa. No sé qué dificultad estarás atravesando, pero sé que Dios te ayudará y traerá a cumplimiento sus promesas en tu vida.

Pero de una cosa estoy seguro:
he de ver la bondad del Señor
en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el Señor;
ten valor, cobra ánimo;
¡pon tu esperanza en el Señor!» (Salmo 27:13-14).

Cualquiera que sea la circunstancia que ocurra a tu alrededor, persevera, persiste, ten fe en Dios. Si no desmayaste en el pasado, ¿por qué razón vas a desmayar ahora? Ánimo, Dios hará algo maravilloso.

Debes conocer la historia del paralítico que pasó treinta y ocho años esperando su milagro sin perder la esperanza. Una persona que espera un milagro durante tanto tiempo, definitivamente posee varias virtudes, entre ellas mucha paciencia, una gran fe y una enorme perseverancia.

Aparentemente el estanque de Betesda era un sitio de milagros, un lugar donde un ángel del cielo descendía, removía las aguas, y el primer enfermo que ingresaba al estanque, era sano de cualquier enfermedad que tuviese. No sabemos por cuánto tiempo este hombre esperó su oportunidad, pero evidentemente la palabra “desánimo” no estaba en su vocabulario. Él tenía esperanza y estaba determinado a seguir esperando su milagro.

Después de haber estado enfermo toda una vida, cualquiera se hubiera acostumbrado a no tener nada, a depender de otros, a simplemente llorar por la enfermedad. Los paralíticos tenían permiso para ser mendigos en la sociedad y vivir de la caridad. Pero hay quienes no se acostumbran a ser cargas para otros y luchan por cambiar su historia. Así como este hombre, hay un grupo maravilloso de personas que alcanzan lo que se les proponen. Son aquellos que sueñan, luchadores, gente preciosa que nunca se detiene, que no desmaya.

Cierta vez un autor desconocido dijo que el camino al éxito está trazado con muchos lugares tentadores para estacionarse. ¿Oras por algo específico? No te detengas. Dios quiere que sigas adelante y que no sueltes tu sueño, tu petición, tu milagro. Que nada te separe de lo que llevas dentro de tu corazón.

Anímate a ser una persona que persevere hasta el final.  Acondiciona tu mente para no rendirte aunque no veas nada. Nunca seas de las que retrocede. Una vez alguien dijo que «cuando el mundo te dice ríndete; la esperanza susurra, prueba una vez más». Decide superar los obstáculos que te impidan alcanzar en esta vida todo lo que has soñado. “El Fabricante de milagros” llegará para ayudarte mientras lo esperas.

Por Illya Cabrebra
Tomado del libro: El Fabricante de milagros
Casa Creación

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