Guarde muchas piedras

¿Cómo es nuestra actitud frente a lo que nos sucede?

Por Evangelina Daldi

“Por algo suceden las cosas”. “Todo termina sirviendo”. “Los fracasos no son fracasos sino lecciones que te llevarán al éxito”. Escuchamos casi constantemente estas y tantas otras frases de “motivación”. Los libros de autoayuda están de moda, aquellas obras escritas por terapeutas o psicólogos inundan las vidrieras, incluso las escuchamos en la iglesia con algún que otro tinte evangélico.

Lo que quiero pensar junto a ustedes es si estas afirmaciones son siempre así, si dependen de alguna condición o si son puras frases motivacionales que en la vida cotidiana pierden todo sentido.

Estas y algunas otras ideas surgieron a partir de una historia que leí, y que quiero compartir con ustedes.

Una noche, un grupo de nómades se apresaban a recogerse, cuando de repente los rodeó una gran luz. Comprendieron que estaban en presencia de un ser celestial. Con gran ansiedad, esperaron recibir un mensaje celestial de gran importancia que sabían habría de ser especial para ellos. Finalmente, la voz habló: “Reúnan todas las piedras que puedan. Póngalas en sus alforjas. Viajen todo el día y mañana a la noche los hallará contentos y también tristes”.

Después de despedirse, los nómades compartieron su decepción y su enojo. Esperaban la revelación de una gran verdad universal que les permitiera tener riqueza, salud y dar un sentido al mundo. Pero lo que habían recibido era en cambio una tarea insignificante que no tenía sentido alguno para ellos. No obstante, el recuerdo del esplendor de su visitante hizo que cada uno recogiera algunas piedras y las depositara en sus alforjas, sin dejar de expresar su descontento.

Viajaron durante todo el día, y esa noche, mientras armaban el campamento, revisaron sus alforjas y descubrieron que cada piedra recogida se había convertido en un diamante. Estaban contentos por tener diamantes. Estaban tristes por no haber juntado más piedras.

Al leer esta historia se me ocurrió que quizá las situaciones difíciles, aquello que llamamos fracasos, los silencios, las preguntas sin respuesta inmediata, el dolor y los golpes se convierten en diamantes dependiendo exclusivamente de nuestra actitud. Solo nosotros podemos hacer que todo aquello que en apariencia no agrada sea una piedra que el día de mañana se convierta en diamante. Solo nosotros podemos hacer que todo nos sirva para crecer, para aprender, para madurar, para ser mejores. Solo nosotros podemos hacer de esas piedras sin valor, diamantes.

Y bajo esta perspectiva es que entendemos lo que dice La Palabra de Dios: Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman” (Romanos 8:28). Solo cuando somos capaces de aprehender esta verdad entendiendo que absolutamente todo lo que nos sucede cuadra a la perfección dentro del propósito divino para nosotros, es que entendemos que todas las piedras de nuestra vida son diamantes.

Y cuando toda nuestra vida se alinea con esta verdad, es que entendemos que la preocupación no tiene sentido, que la queja no tiene lugar, que el resentimiento es perjudicial, que la tristeza es momentánea… porque hay un plan que excede el hoy y que aún lo “negativo” tiene su funcionalidad en él. Porque entendemos que para ver diamantes tenemos que juntar piedras y viajar todo el día. La urgencia no tiene lugar. Solo la certeza de confiar en la promesa que el Padre nos ha hecho.

¡Seamos buenos recolectores de piedras!

Evangelina Daldi
redacción@lacorriente.com

1 comentario en Guarde muchas piedras

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