“Volvamos al altar para ser encendidos de pasión por los que sufren”

Conozca al hombre detrás del reconocido evangelista

A treinta años de comenzar su poderoso ministerio evangelístico, Carlos Annacondia continúa recorriendo el mundo entero, manteniendo encendida la llama de la pasión por los que sufren. Su fidelidad y coherencia lo han transformado en una voz profética para la Iglesia.

 Costó varias semanas sentar a Carlos Annacondia para lograr esta entrevista. Sus incontables viajes y la sucesión de campañas en distintas ciudades del país, le impedían una pausa para reflexionar juntos. Es sorprendente que, habiendo pasado tres décadas, la pasión y vitalidad de aquellos comienzos en nuestro amado evangelista, siguen expresando acabadamente un corazón identificado con la carga del Padre: las almas perdidas. Esta charla tan amena refleja que las prioridades de Annacondia nada tienen que ver con cámaras, fama, reconocimiento o púlpitos, sino que su anhelo está alineado con el del Salvador.

L.C.: Carlos, ¿cómo ha sido el 2013?

C.A.: Fue un año de arduo trabajo. Hemos recorrido gran parte de nuestro país y distintos lugares de Latinoamérica, también algunos lugares de Europa como Ucrania y España llevando el mensaje de Jesucristo y viendo milagros y maravillas de nuestro Señor.

L.C.: ¿Cuál es el secreto para mantener la misma pasión por las almas a lo largo de treinta años de ministerio?

C.A.: No hay ningún secreto. Es el llamado de Dios, el clamar y gemir por las almas pidiéndole a Dios pasión por los perdidos, por los que sufren y por los que lloran. Es mi oración sentir los latidos del corazón de Jesús. Porque cada latido de Él dice: Almas, almas que sufren, almas que lloran, almas que gimen….

L.C.: ¿Qué lugar ocupó su familia ocupó en el ministerio?

C.A.: ¡Mi familia ocupó un lugar importantísimo en mi vida! Para mí es fundamental el apoyo de ellos, ya que el orden de Dios es: Dios, familia y ministerio. No creo que un ministerio logre ser completamente exitoso si en lo familiar hay fracasos, pleitos, separación, etc. De una forma u otra toda mi familia está completamente involucrada en el ministerio.

L.C.: ¿Qué valor le da a trabajar en equipo?

C.A.: Como alguien dijo sabiamente: “Un gran equipo supera al mejor talento”. Hay cosas que me serían imposibles realizar si Dios no me hubiese dado un equipo de gente como el que tenemos hoy. Desde el armado de las carpas, plataforma, sonido y tantas otras tareas. La ministración hasta altas horas de la noche en la carpa de liberación… realmente conformamos un gran equipo.

L.C.: Mirando hacia atrás, ¿alguna vez estuvo tentado a dejar de hacer campañas y dedicarse a otra cosa?

C.A.: Algunas veces. Es el sentimiento que muchos hemos tenido en el ministerio, pero cuando hay un llamado, como le pasaba a Moisés, Dios es el que te levanta los brazos y te da la fuerza para seguir adelante. Por eso, lo importante es buscar a Dios cada día.

L.C.: ¿Qué es lo más desalentador que has vivido en el ministerio? ¿Cómo llegó a superarlo?

C.A.: Con lo que uno pelea muchas veces es con la rutina o el profesionalismo. Me pasa que sé cómo predicar, cómo parame, qué decir. Son cosas que nos pueden llevar a entrar en rutina, y la rutina desalienta. ¿De qué manera la superamos? ¡En el altar! Allí es donde Dios nos renueva. En nuestro tiempo de oración en su presencia.

L.C.: ¿Cuáles son sus planes y proyectos del ministerio?

C.A.: Queremos invertir más tiempo en campañas en nuestro país. También trataremos de seguir llevando el mensaje como hasta ahora y añadir a ese esfuerzo, tecnología, como hace dos años nos propusimos y ya lo estamos haciendo, trasmitiendo las campañas a través de internet y también por televisión, con el apoyo del Canal Luz, llegando así a cientos de miles de hogares simultáneamente.

Una necesidad creciente

L.C.: ¿Percibe el mismo hambre por Dios en la vida de la gente?

C.A.: Sí, claro. Y la necesidad aumenta cada vez más dado que estamos en una crisis generalizada, a nivel social, cultural moral, físico, etc.

L.C.: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes que manifiestan quienes acuden a las campañas en este tiempo?

C.A.: Las enfermedades físicas, pero a su vez, debemos comprender que muchas de ellas se producen por la falta de perdón, el odio, el resentimiento, las raíces de amargura. La gente llega a una campaña buscando el milagro físico pero allí Dios los confronta con la realidad de que deben quitar la barrera que los separa de su bendición.

L.C.: ¿La oposición espiritual es tan intensa como lo era antes?

C.A.: Sí, y más aún que antes dado que se ha multiplicado la maldad, el pecado y la corrupción. Vemos a través de nuestro ministerio que el mundo espiritual está más tenebroso que nunca y que la maldad se ha extendido. Pero también sabemos y creemos que la misericordia de Dios es grande.

L.C.: Algunos opinan que el tiempo de hacer campañas terminó, ¿qué les diría?

C.A.: ¡Que están equivocados! Más que nunca es tiempo de salir a la calle porque allí es donde está la necesidad. Creemos firmemente, a la luz de La Palabra de Dios, que el evangelismo basado en Marcos 16:15-18 no cuestión de métodos ni sistemas y mucho menos de modas. El evangelismo es una tarea espiritual nacida del corazón de Cristo y delegada a su Iglesia. Por eso creemos y enseñamos que lo importante es hacer la tarea guiados y llenos del Espíritu Santo, y no buscando solo métodos y sistemas.

L.C.: ¿Observa al liderazgo con la misma convicción que antes de salir a la calle a evangelizar?

C.A.: Es evidente que no. Hemos crecido como Iglesia, y estamos confortables y cómodos. Eso nos ha hecho perder de vista la pasión por Cristo y por las personas que se pierden. Cada día nos es más costoso el trabajo de evangelizar en unidad en nuestra Argentina, porque a las iglesias les cuesta mucho dejar sus programas ya armados y trabajar a destajo para la evangelización de sus ciudades. Creo que debemos volver al altar de Dios para que allí nuestro corazón vuelva a ser encendido con la pasión por los que sufren.

 

C.A.: ¿Qué necesitamos para volver a sentir esa carga evangelística?

C.A.: Como decía, necesitamos volver al altar, allí donde el fuego no se apaga, tal como lo señala Levítico 6:12-13. Tenemos que volver a encerrarnos con Dios, oír su voz y conocer su corazón. Debemos mirar nuestra gente y ver su dolor, estar más cerca de ellos como lo hacía Jesús. Y además, nunca creernos estrellas sino simples siervos de un gran Dios, quien nos llamó a estar cerca de la necesidad de la gente.

 L.C.: ¿Qué pasará cuando Carlos Annacondia tenga que pasar la antorcha? ¿Ve a hombres de la próxima generación teniendo la misma carga?

C.A.: ¡Hay muchos! He preparado a mi alrededor varias personas que están con nosotros, quienes ya tomaron la antorcha y están en condiciones de seguir con el ministerio.

L.C.: En su último libro Humillados habla del secreto del avivamiento. ¿Podría compartir brevemente su pensamiento?

C.A.: El secreto del avivamiento es buscar en lo secreto la unción y derramar lágrimas por los perdidos así como Cristo lo hizo, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor como dice Hebreos 5:7. Para vivir un despertar, un avivamiento poderoso es necesario un clamor profundo y un río de lágrimas.

L.C.: ¿Cómo la Iglesia puede seguir creciendo en autoridad espiritual?

C.A.: Para ejercer la autoridad dada por Dios debemos conocer más acerca de ella. Los líderes tienen una gran responsabilidad de enseñar al Pueblo acerca de este principio. Luego de conocer y creer en la autoridad que Dios nos ha dado es necesario ejercerla. Debemos comenzar a enfrentar las huestes de maldad en oración como nos enseña Efesios 6:12. No podemos ignorar estos principios si queremos conquistar nuestras ciudades para Dios.

L.C.: ¿Cómo crecer en madurez espiritual?

C.A.: Crecemos espiritualmente pasando tiempo con Dios, sacrificando tiempo, no solo para predicar el Evangelio sino para interceder, gemir, clamar, llorar por aquellos que están en necesidad. La Biblia enseña que Jesús mismo, al elevar sus oraciones al Padre, lo hacía de esta manera. Tomemos como sumo ejemplo a nuestro Salvador y comencemos a orar, clamar, gemir, llorar con gran clamor y lágrimas por aquellos que se pierden. No dejemos pasar un solo día sin que esto sea una realidad en nuestras vidas.

L.C.: Un ministro que visitó Argentina tiempo atrás dijo que este país necesita que se levanten diez Annacondia, ¿qué opina?

C.A.: Creo que se debe levantar una Iglesia llena del Espíritu Santo, que ame a Cristo por sobre todas las cosas y que esté preparada y llena de pasión para salir a invadir cada rincón de nuestra nación con el poder y al amor de Cristo.

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