Vivir con un hijo adulto

La difícil aceptación del crecimiento de nuestros hijos

Por Powell & Clark

Usted no puede controlar muchas de las decisiones de su hijo adulto, pero sí tiene el control sobre la forma en que se relaciona con él. ¿Cómo buscar el equilibrio entre reconocer que su hijo o hija está haciendo la transición a un nuevo capítulo de autonomía creciente y seguir siendo un padre implicado? No resulta fácil, desde luego, pero si realiza algunas acciones concretas, resultará menos complicado y más divertido, tanto para usted como para su hijo.

Confíe en Dios

Esto es tan importante que lo vamos a repetir: confíe en Dios con respecto a su hijo. El Evangelio que permanece es uno que tiene confianza incondicional en el Dios que es totalmente fiable. Cuando su propio hijo se dirige hacia una nueva etapa en la vida, es el mejor tiempo para que viva el poder de ese Evangelio.

En mi experiencia y la de mi esposa, confiar en Dios en lo que respecta a nuestros hijos parece distinto en las diferentes etapas de su desarrollo. Nos resultó más fácil cuando eran más pequeños. En aquel momento era necesario que fuéramos más directos y los controláramos más.

Pero cuando nuestros hijos se hicieron mayores, no tuvimos más elección que confiar en que Dios cuidaría de ellos, sencillamente porque teníamos menos capacidad de controlar sus amistades, conductas y elecciones de vida que cuando eran más pequeños. Siempre creímos que Dios ama a nuestros hijos incluso más que nosotros, así que cuando asistieron a la escuela secundaria y todo lo que vino después, nos vimos obligados a vivir de acuerdo con esto.

Independientemente de la edad de su hijo, a usted le corresponde asegurarse de que tenga una protección razonable así como de darle el espacio para que transiten hasta la adultez. Confiar en Dios en lo que respecta a su hijo significa que, aunque siga siendo su representante escogido para él, podrá descansar sabiendo que el poder y la misericordia del Señor lo protegerá durante el largo trecho.

Amor incondicional

Es posible que usted piense que a lo largo de estos años les ha venido diciendo cuánto los ama, ¿pero han captado su mensaje? ¿Saben que su amor es incondicional (o al menos lo más aproximado a lo incondicional dentro de lo humanamente posible)?

Cuando llega el momento de la adultez en la vida de su hijo, ellos entran a un sinfín de nuevas posibilidades en cuanto a la escuela, el trabajo, los amigos, las personas con quien salir, la iglesia y el lugar donde vivir. Cada una de estas áreas representa una nueva oportunidad de fracasar.

Alguno de sus hijos reconocerán este potencial de fracaso antes de tiempo y le expresarán sus temores y desazón. Cuando lo hagan, tranquilícelos con respecto a sus aptitudes, el poder del trabajo duro, y el amor incondicional de Dios y el suyo propio.

Cuando sus hijos salen y fracasan, ¿saben que seguirá apoyándolos y amándolos de forma incondicional?

Creo que la mayoría de nuestros hijos ¾y es posible que todos¾ se pregunten sutilmente si seremos capaces de lidiar con sus fallos. Cada vez que compartan sus luchas con nosotros, tenemos la oportunidad de unirnos a su necesidad de confesar su pecado con la libertad que se deriva de confiar en Dios. Y tanto mejor si esa confesión y esa libertad van envueltas en el mando de nuestra propia afirmación verbal del amor de Dios que nunca deja de ser.

Ellos lo pueden hacer

Probablemente habrá oído hablar de “los padres helicópteros”, que revolotean sin cesar alrededor de sus hijos, aunque acaben de entrar a la universidad, sofocando no solo a los chicos, sino también a los que los observan. O quizás le suene lo de “los padres velcro”, los progenitores pegados a sus hijos.

Ya sea que hayan obrado motivados por su propio sentimiento de culpa o por temor al fracaso de su hijos (por tanto, indirectamente al suyo), los padres de este tipo han olvidado una lección que muchos de nosotros hemos intentado seguir cuando nuestros hijos eran demasiado pequeños: no haga por un hijo lo que puede hacer por sí mismo.

Ahora que han alcanzado la mayoría de edad, es necesario que dé un paso atrás y los deje intentar sus propias aventuras y cometer sus errores. Por supuesto que puede ayudarlos a conseguir una especie de mapa. Sin embargo, les corresponde a ellos seguirlo y llegar a su destino. Su tarea es apoyarlos y derramar un amor incondicional sobre ellos; la tarea de sus hijos consiste en sentarse en el asiento del conductor de sus propias vidas.

Una nueva libertad

Muchos padres cuyos hijos permanecen en casa después de graduarse cometen el error de pensar que, como siguen viviendo en el hogar, tienen que seguir las mismas reglas. Aunque resulta ampliamente reconocido que la adolescencia se está alargando y la graduación de la escuela secundaria ya no determina una transición definitiva a la adultez, esta aún señala la entrada a una nueva fase llamada “adultez emergente”.

Esta, como sus predecesores de la adolescencia temprana y tardía, va marcada por una necesidad de límites, pero estos pueden ¾y deben¾ ser ampliados. Tal cosa significa que es el momento de retrasar el toque de queda y hacer menos preguntas sobre cuándo van a encontrar tiempo a fin de estudiar para los exámenes. Esperamos que, durante la infancia y adolescencia, les haya proporcionado a sus hijos una voz creciente, adecuada a su desarrollo, y hasta un poder de negociación, de modo que puedan aprender a pensar y actuar por sí mismos. La adultez emergente es una etapa en la que le concede más libertad a su hijo para que pueda desplegar sus alas por completo.

Por Dra. Kara E. Powell & Dr. Chap Clark
Tomado del libro: Cómo criar jóvenes de fe sólida
Vida

Como Criar Jovenes de Fe Solida

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