Hay algo apasionado en el corazón del hombre

El alma masculina guarda un secreto

Por John Eldredge

Al fin estoy rodeado de un paisaje salvaje. El viento en la copa de los pinos detrás de mí suena como el océano. Las olas se apresuran desde el gran azul de arriba sobre la cima de la montaña que he escalado, en algún punto de la cordillera en el centro de Colorado. El aroma acre de las salvias aun se adhiere a mis jeans, y mantiene mi mente despejada cuando tomo una bocanada de aire. Me veo obligado a descansar de nuevo, aun cuando sé que cada pausa aumenta la distancia entre mi presa y yo.

Mi cacería, como puede ver, en realidad tiene poco que ver con el alce. Lo sabía antes de llegar. Persigo algo más en este lugar indómito. Ando en busca de una presa aún más escurridiza. Algo que solo puede encontrarse con la ayuda de un lugar solitario como este. Busco mi corazón.

Eva fue creada dentro de la exuberante belleza del huerto del Edén. Pero Adán, como recordará, fue creado fuera del huerto. El hombre nació en zona deshabitada. Después fue llevado al Edén. Desde entonces los muchachos nunca se han mantenido dentro de las casas, y los hombres han tenido un insaciable anhelo de explorar. Añoramos regresar; es entonces cuando la mayoría de los hombres cobran vida. Como dijo alguien, cuando un hombre va a las montañas, llega a su casa. El centro de su corazón no está domesticado, y eso es bueno.

La aventura, con todos los requisitos de peligro y locura, es un profundo anhelo espiritual del alma del hombre. El corazón masculino necesita un lugar donde nada sea prefabricado, conectado, calentado en microondas. Donde no haya fechas límites, teléfonos celulares ni reuniones de trabajo. Donde haya espacio para el alma. Donde, finalmente, la geografía que nos rodea corresponda a la de nuestro corazón. Observe los héroes del texto bíblico: Moisés no encontró al Dios viviente en el centro comercial. Lo encontró en alguna parte del Sinaí. Lo mismo se aplica a Jacob, quien no tuvo su lucha contra Dios en el sofá de la sala, sino en el lecho seco de un río. ¿Dónde fue el gran profeta Elías a recuperar sus fuerzas? Al desierto. Así lo hizo Juan el Bautista y su pariente Jesús.

No importa qué más estuvieran buscando esos exploradores; también andaban en busca de sí mismos. Muy profundo en el corazón de un hombre hay algunos interrogantes básicos que simplemente no encuentran respuesta en la mesa de la cocina ¿Quién soy? ¿De qué estoy hecho? ¿A qué estoy destinado? Es el miedo lo que mantiene a un hombre en casa, donde las cosas están limpias y en orden, y todo está bajo su control.

La manera en que se desarrolla la vida de un hombre hoy en día tiende a meter su corazón en remotas regiones del ama. Interminables horas ante una pantalla de computadora, reuniones, llamadas telefónicas. Pero el alma se niega a que la amarren, ella no sabe de agendas. El alma anhela pasión, libertad, vida.

Luego de pasar los últimos treinta años redefiniendo la masculinidad como algo más sensible, seguro, manejable y por así decirlo, femenino, ahora les reprochan por no ser hombres. Un tema regular en programas de entrevistas y libros es: “¿Dónde están los verdaderos hombres?”. El resultado es una confusión de género nunca antes experimentada.

Robert Bly se lamenta diciendo: “Algunas mujeres quieren un hombre pasivo, si es que quieren un hombre; la iglesia quiere un hombre domado; la universidad quiere un hombre domesticado; la empresa quiere un hombre desinfectado y superficial”. Todo se junta en una clase de expansión hacia el oeste contra el alma masculina. Y de esa manera se lleva el corazón de un hombre a lugares remotos como un animal herido que busca refugio. La iglesia menea la cabeza y se pregunta por qué no puede conseguir más hombres para llevar a cabo sus programas. La respuesta es sencilla: no hemos invitado hombres a conocer y a vivir desde la profundidad de su corazón.

Una invitación

No obstante, Dios hizo el corazón masculino, lo puso en todo hombre, y de ese modo le ofrece una invitación: “Ven y vive lo que anhelo que seas”. Dios no hace personas genéricas; hace algo muy marcado: un hombre o una mujer. Él quiso decir algo cuando creó al hombre, y si hemos de encontrarnos con nosotros mismos, debemos encontrar eso.

Hay tres deseos que tengo tan profundamente escritos en mi corazón que ahora sé que ya no puedo ignorarlos sin perder mi alma. Son indispensables para describir quién soy y qué anhelo ser. Miro en mi infancia, busco en libros, escucho a muchos hombres, y estoy convencido de que estos deseos son universales, una clave a la masculinidad. Pueden perderse, olvidarse o emplearse mal, pero en el corazón de todo hombre hay un anhelo desesperado por una batalla que pelear, una aventura que vivir y una bella que rescatar.

Los niños usan capas y espadas, trajes de héroes y juegos de lucha. Si creemos que el hombre está hecho a la imagen de Dios, entonces debemos recordar que “el Señor es un guerrero” (Éxodo 15:3). Mis hijos se cansan rápido con juegos que no tienen ningún elemento de peligro, competencia o derramamiento de sangre. El niño es un guerrero. Las heridas que sufrirá en su vida harán que pierda el corazón si lo único que se le enseña es a que sea tierno.

Todo hombre quiere desempeñar el papel de héroe. Necesita saber que es poderoso. Las mujeres no hacen de Corazón Valiente una de las películas más vistas de la década. Películas como “Salvemos al Soldado Ryan” o “El Gladiador”, favoritas entre los hombres, revelan lo que su corazón anhela, lo que hay dentro de él desde el día en que nació. Le guste o no, hay algo feroz en el corazón de todo hombre.

Compare su experiencia al ver la última película de James Bond o Indiana Jones con, digamos, un estudio bíblico. El éxito garantizado de cada estreno lo clarifica: la aventura está escrita en el corazón del hombre. Y no solo se trata de divertirse. La aventura requiere algo de nosotros, algo que nos pone a prueba. Aunque quizás temamos a la prueba, al mismo tiempo ansiamos ser probados para descubrir que tenemos lo que se requiere. Si un hombre ha perdido ese deseo, y dice que no lo quiere, debe ser solo que no sabe que tiene lo que se requiere para ello y cree que no pasará la prueba. Por tanto decide que es mejor no intentarlo. La mayoría de los hombres odian lo desconocido y, como Caín, quieren establecerse y construir su propia ciudad y llegar a la cumbre de la vida. Sin embargo, usted no puede escapar… hay algo salvaje en el corazón de cada hombre.

Un hombre desea ser el héroe de una mujer bella. Los jóvenes van a la guerra portando una fotografía de su amada en la billetera. Indiana Jones y James Bond no serían los mismos sin una belleza a su lado, e inevitablemente deben pelear por ella. No es solo que un hombre necesita una batalla para luchar, necesita alguien por quién luchar. La batalla en sí no es suficiente, un hombre anhela romance. No es suficiente ser un héroe; él es un héroe para alguien en particular, para la mujer que ama. A Adán le fueron dados el viento y el mar, el caballo y el halcón, pero como Dios mismo dijera, las cosas no estaban bien hasta que tuvo a Eva.

Sí, hay algo apasionado en el corazón de todo hombre.

Por John Eldredge
Tomado del libro: Salvaje de Corazón
Betania

Salvaje de Corazon (Ed. Bolsillo)

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