¿Cómo puedo escuchar a Dios?

Hacer de la voz del Padre algo cotidiano

Por Fuchsia Pickett

La mayoría de nosotros hemos tratado de comunicar un mensaje importante a alguien pero sentimos que, aun cuando la persona escuchó nuestras palabras, no entendió lo que le quisimos decir. ¿Ha hablado alguna vez seriamente a un amigo, y por su respuesta percibió que él realmente no lo ha escuchado? Escuchó las palabras que usted pronunció, pero no prestó atención a su corazón. Por lo tanto, él interpretó según su propia y preconcebida actitud, prejuicio o respuesta emocional.

Así como a las señales de radio les son asignadas distintas frecuencias de onda, de igual modo cada persona parece tener cierta longitud de onda por la cual él o ella recibe e interpreta la información comunicada. Esa frecuencia puede ser determinada por diferentes factores: trasfondo, cultura, educación, deseos y motivaciones presentes, o heridas del pasado y actitudes preconcebidas.

Nosotros no podemos escapar a esas realidades cuando nos acercamos a La Palabra de Dios a fin de escuchar lo que Él dice. Luchamos con un hombre natural que escoge vivir en la frecuencia de la independencia de Dios y de su Palabra. Y nosotros, como creyentes, tenemos un hombre espiritual que anhela escuchar La Palabra de Dios.

Nuestros oídos naturales están condicionados por muchas influencias humanas que impiden al hombre espiritual escuchar lo que viene del corazón de Dios. Por eso, cuando leemos La Palabra, si no hemos aprendido a ceder ante el Espíritu Santo y permitirle enseñarnos, no comprenderemos el significado de la verdad. Cuando Jesús citó al profeta Isaías diciendo que oirían pero que no entenderían, Él quería decir que las palabras que ellos escuchaban, no era lo que se comunicaba.

Otros de los principales obstáculos en el escuchar la voz de Dios es que estamos lastimosamente faltos de cultivar el arte de escuchar. ¡Cuántas veces los exasperados padres le dicen a sus distraídos hijos: “No me estás escuchando”!

La inhabilidad para escuchar es una de las causas básicas para las dificultades en las relaciones. Seguramente si afecta tan drásticamente el ámbito natural de las relaciones, debemos esperar que interfiera también el dominio espiritual. A pesar de que la vida natural y la espiritual pertenecen a dos reinos diferentes, no podemos separarlas totalmente en nuestras existencias. A pesar de que Dios habla a nuestros espíritus, nosotros debemos comprender lo que Él ha dicho con nuestra mente y emociones, y responder con nuestra voluntad. Nuestra alma debe aprender a reconocer la voz del Espíritu.

Ser un buen escucha es un don maravilloso, y pocos de nosotros hacemos el gran esfuerzo de cultivarlo. Queremos que nuestras ideas se escuchen, sean entendidas y nuestras emociones sentidas por los demás, pero no nos disponemos a desarrollar el arte de escuchar.

Definir el escuchar

Hay varias palabas usadas en el lenguaje original de Las Escrituras que son traducidas al español como oír o escuchar. Una palabra griega significa “escuchar y obedecer”. Cuando el ángel visitó a Zacarías en el templo y le dijo que su oración había sido oída y que su mujer daría a luz un hijo. En este pasaje, ser escuchado por Dios significa tener respuesta. ¡Qué pensamiento más asombroso es que podemos pedir algo a Dios y, al ser escuchados por Él, ya está hecho! De nuestra parte, escuchar La Palabra de Dios de esta forma significa obediencia instantánea a esa Palabra.

La palabra griega traducida para oído en la historia de los prisioneros que escuchaban a Pablo y Silas orar y cantar oraciones en su celda a medianoche, significa: “Escuchar atentamente, con atención fija”. Los prisioneros estaban fascinados de que esos hombres, golpeados y ensangrentados, cantaran a su Dios. Cómo escuchamos es tan importante como el escuchar en sí mismo.

Tal vez un serio obstáculo para nuestra habilidad de escuchar la voz de Dios no es tanto el no poseer la habilidad de escuchar sino el no comprender que Él quiere hablarnos. El Señor ama responder al clamor que le hacemos. Pero a causa de nuestro alejamiento del mundo espiritual puede parecernos increíble que este Dios pueda desear, realmente, comunicar su corazón a alguien como nosotros en forma personal. Las Escrituras están llenas de ejemplos de las respuestas de Dios a quienes han clamado en su nombre.

Cultive la quietud. “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmo 46:10). El hombre natural de cada uno de nosotros es reacio a cultivar la quietud. No es raro ver hombres y mujeres caminando o corriendo en un hermoso parque con auriculares. Parecería haber una obsesión en nuestra cultura por mantener sonidos ingresando en nuestros oídos todo el tiempo. A pesar de que la voz de Dios en Las Escrituras es a veces escuchada como un trueno de los cielos, Él eligió hablarle a Elías en lo que nosotros hemos llamado “la pequeña y silenciosa voz”. Si fallamos en cultivar la quietud ante Dios, seguramente perderemos el escuchar su voz.

Medite en La Palabra. “Bienaventurado el varón que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Salmo 1:1). La meditación en Las Escrituras nos ayudará a comprender la forma en que Dios piensa, sus principios y su actitud hacia el pecado, así como su amor hacia el pecador. Llegaremos a familiarizarnos con le vocabulario de Dios, y aprenderemos lo que Él espera que hagamos para complacerlo.

Pregúntele a Dios. “Entonces respondió Jehová a Job desde un torbellino…” (Job 38:1). En muchas ocasiones que le he preguntado a Dios acerca de algo que no entendía, Él comenzó a darme entendimiento a través de otro pasaje que arrojó luz sobre aquello que preguntaba. En ocasiones, un pequeño versículo me llevaría por Las Escrituras exponiendo un concepto o verdad que no había entendido antes. Dios sabía que necesitaríamos un instructor. Esa es la razón por la cual ha enviado al Espíritu Santo como nuestro divino Maestro.

Responda a lo que escucha. “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Santiago 1:22). Después de que hayamos escuchado a Dios, es imperativo que lo obedezcamos. Las Escrituras han sido dadas para obedecerlas, no solo para meditarlas. Nos enseñan que la obediencia es mejor que los sacrificios. Hacer buenas cosas no es lo mismo que ser obedientes a la voz de Dios. Por eso es imperativo aprender a oírla.

Busque confirmación. “Por boca de dos o tres testigos se decidirá todo asunto” (2 Corintios 13:1). Si pensamos que hemos adquirido comprensión sobre un pasaje en particular de Las Escrituras, necesitamos estar deseosos de dejarlas ser juzgadas por otros pasajes, así como por otros hombres de Dios, quienes saben cómo escuchar su voz. Es importante que busquemos la confirmación para cada revelación que recibimos. Somos demasiado vulnerables a las voces de la carne, del enemigo y otras personas como para no buscar confirmación de cada directiva que viene a nosotros. Hay sabiduría en la multitud de consejos.

Por Fuchsia Pickett
Tomado del libro: Revelación divina
Editorial Casa Creación

 

 

 

1 comentario en ¿Cómo puedo escuchar a Dios?

  1. Es maravillosa esta enseñanza, por que a diario perdemos el consejo y la dirección de nuestro Dios,por que primeramente queremos escucharlo con nuestros oidos naturales y en segundo lugar vivimos tan entretenidos en las cosas de este mundo que no hay espacio para él, y sobre todo escuchar ese silvo apasible en nuestro espíritu.

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