Ponernos de acuerdo con Dios

Y desechar cualquier realidad contraria a lo que Él declara

Por Kenyon & Gossett

Extenderse en fe tiene como resultado el toque más significativo de todos: el toque de Dios. Décadas atrás, mi familia y yo nos mudamos para comenzar un nuevo ministerio. Recorrimos las llanuras canadienses y realizamos reuniones evangelísticas en iglesias. Durante un año, viajamos sin tener realmente un lugar que considerásemos nuestro hogar.

Mis cinco hijos recuerdan ese periodo como una de las épocas más aventureras de sus vidas, pero no fue fácil para ellos. Michael y Judy dormían en el asiento de atrás de nuestro antiguo automóvil. Jeanne y Donnie dormían en el piso del auto, y nuestra bebé, Marisa, dormía entre Joyce y yo en los asientos delanteros.

No nos fue nada bien en asuntos de negocios (perdimos la casa que teníamos), pero, por la gracia de Dios, le sacamos partido a esa situación y salimos adelante.

Durante aquellos meses, les enseñé a mis hijos a memorizar muchos versículos de La Palabra de Dios, y todos ellos disfrutaban de las historias bíblicas que les enseñaba. Michael dice que memorizó más de cien versículos durante ese tiempo.

Un año después, decidimos asentarnos en un pequeño hotel para poder meter a los niños a la escuela. Las cosas no nos iban especialmente bien teniendo que vivir los siete en dos habitaciones. Apiñados es una buena palabra para describir esta época de nuestras vidas.

Durante cinco semanas de ese otoño llevé a cabo algunas reuniones. Recibía una ofrenda de amor para mi ministerio cada semana, pero aunque había mucho amor, no había mucha ofrenda. Un lunes tuve un problema serio con el auto de camino a casa, y tuve que emplear la mayor parte de mi ofrenda para pagar la reparación del auto. No quedaba suficiente para pagar la renta de nuestra habitación del hotel.

La vergüenza de no poder pagar, junto con la inapropiada ropa y la provisión para mis hijos, empezó a ser más de lo que podía soportar.

Hice los arreglos necesarios para posponer el pago de la renta una semana más, la dejé a Joyce el dinero que tenía para que hiciera la compra semanal de comida y volví a mis reuniones.

Le hice a Dios muchas preguntas: “¿Por qué tenemos tanta necesidad económica?”; “¿Por qué perdimos nuestra casa?”. Durante ese tiempo leí un libro maravilloso de Vernon Howard titulado Palabra con poder. Dios usó el mensaje de ese libro para ayudarme a entender de una forma fresca el poder de mis palabras, y me dio este versículo: “¿Pueden caminar dos juntos sin antes ponerse de acuerdo?” (Amos 3:3). Dios me preguntaba: “¿Quieres caminar conmigo? Entonces debes estar de acuerdo conmigo. Puedes hacerlo diciendo lo que dice mi Palabra; hasta ahora no has estado de acuerdo conmigo por declarar carencia, enfermedad, temor, derrota e incapacidad. Si quieres caminar conmigo, debes estar de acuerdo conmigo”. Cuando ese principio se hizo real en mí, le pedí que me perdonara por mi falta de acuerdo con Él y con su Palabra.

La Biblia cuenta el testimonio de Enoc: “Caminó, pues, Enoc con Dios” (Génesis 5:24 RVR60). Pero él no fue la única persona que pudo caminar con Dios; tú y yo también podemos. Hebreos 11:5 dice que Enoc “recibió testimonio de haber agradado a Dios” al estar de acuerdo en fe con Él. Podemos caminar tan cerca de Dios como lo hizo Enoc si decidimos estar de acuerdo con Él en fe.

¿Cómo nos podemos de acuerdo? Cuando decimos lo que Dios.

Como resultad de darme cuenta de esto, comencé a estar de acuerdo con el Señor como nunca antes lo había hecho. El Espíritu Santo comenzó a enseñarme algunos versículos clave: Ustedes han cansado al Señor con sus palabras. Y encima preguntan: ‘¿En qué lo hemos cansado?’” (Malaquías 2:17).

Dios puso su dedo en las formas en que yo le había cansado con mis palabras, al expresar mis preocupaciones y frustraciones con relación a mi “falta de dinero”. Ustedes profieren insolencias contra mí —dice el Señor—. Y encima preguntan: ‘¿Qué insolencias hemos dicho contra ti’” (Malaquías 3:13).

Yo clamé protestando: “Señor, ¡yo nunca hablaría contra ti! Te amo con todo mi corazón. Oh, Señor, ¡yo nunca, nunca hablaría contra ti!”.

Tiernamente, el Señor trató conmigo. “Tus palabras han sido fuertes y defensivas contra mí porque no han estado en armonía con mi Palabra. Has declarado palabras muy por debajo del estándar de ella. Tienes que disciplinar tus labios para que nuestras palabras guarden armonía”.

Mientras meditaba en este extraordinario encuentro con Dios, escribí doce afirmaciones que se convertirían en mi disciplina diaria. La llamé a esta lista “Mi lista de nunca más”.

La gente a menudo me pregunta: “¿Por qué hiciste esa lista?”. La escribí porque era un hombre desesperado buscando las maneras de Dios de vencer todas las adversidades, fracasos económicos, derrotas y ataduras que había experimentado durante algún tiempo. No lo escribí para impresionar a nadie, sino como una disciplina de mi propio corazón para que La Palabra de Dios prevaleciese.

Estas doce afirmaciones se convirtieron en la consigna de mi nuevo caminar con Dios. Su Palabra en esas afirmaciones se convirtió en el terreno sólido sobre el que me plantaba; el ancla que me impedía hundirme en un mar de fracasos, temor y opresión.

Podría usar muchas palabras para describir el impacto que estas doce afirmaciones han tenido sobre mi vida, palabras como “transformadoras” e “increíbles”.

Esa lista nunca ha sido una fórmula mágica, sino una disciplina clara y concisa. Es poner Amós 3:3 en práctica, y estar de acuerdo con Dios en todas las áreas de la vida.

La lista está basada en una cita bíblica que se encuentra en Romanos 10:8-10: ¿Qué afirma entonces? La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón. Ésta es la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo”.

Algunas de las cosas que están en mi lista son:

  • Nunca más confesaré no puedo porque “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
  • Nunca más confesaré carencia porque “mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19).
  • Nunca más confesaré debilidad porque “el Señor es el baluarte de mi vida” (Salmo 27:1) y “… los que conozcan a su Dios se le opondrán con firmeza” (Daniel 11:32).
  • Nunca más confesaré derrota porque “Dios… siempre nos lleva triunfantes(2 Corintios 2:14).
  • Nunca más confesaré dominio de la enfermedad sobre mi vida porque “gracias a sus heridas fuimos sanados” (Isaías 53:5).
  • Nunca más confesaré preocupaciones y frustraciones porque si deposito en Él toda mi ansiedad “él cuida de ustedes” (1 Pedro 5:7).

Por Kenyon & Gossett
Tomado del libro: Palabras que mueven montañas
Whitaker House

Palabras que Mueven Montañas

 

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