Pistas para entender los desafíos de la educación

¡Marzo! Mes resistido por grandes y chicos

Por Roberto Vilaseca

¡Marzo! Mes resistido por grandes y chicos. Se terminan las vacaciones y comienzan la escuela y las responsabilidades. Cuesta reenfocarse, pero así es la vida. En realidad, para quienes debieron cambiar de escuela o pasar a un nuevo ciclo, el proceso comenzó mucho tiempo antes buscando inscribir a los hijos, encontrar vacantes y evaluar presupuestos para decidir cuál y qué escuela es la más conveniente.

A todos los padres nos interesa encontrar una institución que pueda brindarle a nuestros hijos una enseñanza efectiva, actualizada, en un ambiente sano y contenido, donde puedan desarrollar todas sus capacidades y aprender a relacionarse con compañeros que los respeten como personas. Tenemos un ideal que, lamentablemente, choca con la realidad de un sistema educativo que ha perdido mucho de los atributos que nos enorgullecían como país, pocas generaciones atrás. La sociedad cambió, las reglas del juego cambiaron y las comunidades educativas son la caja de resonancia de la crisis social en la que estamos inmersos.

En un intento por explicar los cambios que se han producido en la educación contemporánea, la directora de la Escuela Cristiana Puerta Abierta en el barrio de Devoto, Susana Broda de Grittini, hizo una exposición a los pastores de la ciudad de Buenos Aires donde también describió los desafíos en la manera de educar para que nuestros niños y jóvenes puedan ser instruídos y se los proyecte como ciudadanos democráticos, participativos y proactivos.

Una de las cuestiones de la realidad de la escuela actual es que ella surgió como un espacio para dar identidad a la nación, y de distribución del conocimiento. Domingo Sarmiento sostenía que era necesario educar y tener un espacio de identidad nacional para tantos inmigrantes que llegaban a estas tierras. La escuela era el único espacio donde circulaba el saber, y esto llenaba de mucho orgullo y respeto a los docentes. Pero los movimientos culturales fueron desviando esta realidad. La inserción de los medios de comunicación, los medios electrónicos e internet llevaron a que, ahora, la distribución del conocimiento no está solo en la escuela, sino también en muchos espacios. Entonces corrió al docente de ese pedestal de poder que tenía del saber”.

Y agregó: “Hoy, el privilegiado no es el que tiene el saber únicamente, y el alumno tampoco es el que no lo tiene. En las aulas los chicos son los que orientan a los maestros en cuestiones tecnológicas porque son nativos digitales. Esto generó un cambio en la posición del docente que hizo que empezara a perder autoridad. Antes, cuando los chicos llevaban a casa un boletín de calificaciones con notas bajas, los padres se enojaban con el hijo. Hoy es al revés, el padre acude a la escuela a reclamar al docente por qué no tuvo en cuenta el valor de su hijo y todo lo que se esforzó”.

Los padres adolescentes

Otros de los elementos que pueden explicar la realidad de la educación de hoy es el fenómeno de los padres adolescentes. “Hay una adolescencia eternizada y una horizontalidad en la crianza de los niños que hace que los padres no puedan asumir actitud de adultez”, explicó Susana Broda. “Es necesaria una simetría que, tomada desde el respeto, contiene, educa y forma la identidad de los niños. Para que haya aprendizaje es necesario que haya un adulto que conozca el sentido de los conocimientos y hacia donde quiere llevar ese niño. En la horizontalidad el aprendizaje no se da. Y nos encontramos con padres que no conocen su rol. Es necesario saber qué es un niño. Antes había una transmisión de abuelo, padres e hijos, porque convivían en familia distintas generaciones pero ahora los hijos jóvenes se van y no interactúan con sus abuelos y sus padres. Desconocen cómo se cría un hijo, por qué y para qué”.

La crisis de los padres jóvenes es otra de las características que inciden en la realidad educativa de nuestros niños. Hay una camada de padres jóvenes que se ha rebelado a la autoridad o la normativa de sus propios padres, y ahora son inseguros, dudan, se sienten culposos y no pueden poner límites a sus hijos. Sienten que están en falta si dicen que no, y les cuesta asumir la responsabilidad de la educación. Entonces replican una situación de rebeldía con sus padres en una inseguridad en la crianza de sus hijos. “Esta problemática, además de generar anarquía, es generador de violencia en los niños ¾que sufren padres y docentes¾ reclamando límites. No hay que tenerle miedo a aplicar límites sanos y seguros, en un ámbito de amor y afecto”, concluyó.

Según contó Susana, hay una distorsión en las funciones de la escuela. Ella se fundó para la distribución del conocimiento pero con la problemática de las familias actuales, mucho del tiempo y del esfuerzo del docente está destinado a contener y a educar a los padres, como por ejemplo, a tener que mediar en cuestiones legales que tienen que ver con la tenencia de los hijos cuando hay padres en situación de divorcio. “Otra distorsión es que, en zonas vulnerables, la institución educativa pasa a hacer asistencialista. Si no hay escuela hay niños que no comen, entonces tenemos períodos escolares más largos, no para que los chicos aprendan más, sino porque necesitamos que la escuela alimente a los niños mientras los padres salen a trabajar”, contó.

La crisis de valores y la legitimización de los disvalores, las problemáticas de las familias monoparentales, disfuncionales y ensambladas, la violencia como método de resolución de conflictos y la irrupción de las nuevas tecnologías, las redes sociales sin marcos regulatorios son otros elementos que inciden en la realidad de la crisis educativa de hoy, y son debates abiertos que los especialistas deberán dar respuesta para que la escuela siga siendo el espacio donde se formen los futuros ciudadanos que la Argentina necesita.

“El gran desafío de la escuela de hoy lo resumió el pedagogo español Miguel Angel Santos Guerra cuando dijo que educar no es solo una forma de ganarse la vida sino, sobre todo, es una forma de ganar la vida de los demás”, concluyó Susana Broda.

Las escuelas evangélicas

La educación es muy importante para la vida de una nación y ha sido una herramienta muy poderosa para la extensión del Reino de Dios. Las Iglesias evangélicas tienen su propia historia, y en la Argentina Dios ha levantado hombres que hicieron de la educación un medio para predicar el Evangelio. Desde los primeros años del génesis como estado, en nuestro país se han levantado muchas escuelas. Como muestra de la unidad se ha creado una entidad que nuclea a las escuelas evangélicas, llamada Concejo de Educación Cristiana Evangélica (CECE), la cual tiene ya cuarenta años de existencia.

Su vicepresidente, Daniel Ochoa, expresó que en la actualidad hay más de trescientas escuelas, el mayor porcentaje de ellas fundadas hace unos sesenta años. “La realidad es que muchas escuelas iniciadas en el pasado hoy ya no están. A partir de la década de los sesenta hubo una nueva etapa en la creación de muchas instituciones, y la idea es hacer crecer el número. Las escuelas católicas se multiplican por quince; nosotros somos una cantidad pequeña pero muy reconocida por las autoridades por la trascendencia que alcanzaron nuestros pioneros evangélicos en materia de educación”, explicó.

En sus comienzos, el consejo de educación preescolar o inicial eran ajenos a la educación, y fue introducido por las escuelas y pedagogos evangélicos. A fines del siglo XIX, el maestro William Morris fue un paradigma para las escuelas, e introdujo la educación artística, plástica y física en su red de veinte escuelas, de mucha trascendencia en su época. “El concepto del buen trato, del respeto al alumno, la disciplina vista de otra manera, las relaciones participativas y la democratización de la escuela han sido valores plantados por maestros evangélicos”, expresó Ochoa. “No nos olvidemos de que las maestras estadounidenses evangélicas que el presidente Sarmiento introdujo en las escuelas de su tiempo llegaron a marcar las políticas educativas que delinearon la educación nacional y que fue un modelo de organización escolar mirado por muchos países”.

Hoy, las escuelas evangélicas atienden a una población mayoritariamente no evangélica lo cual, a criterio de Ochoa, es un impacto muy positivo y un medio de evangelización muy poderoso. Además, “el crecimiento de las comunidades educativas lleva a la necesidad de más personal, y a veces no es posible tener todo el personal docente cristiano. Esos son desafíos para nuestros jóvenes porque hay un campo de trabajo muy interesante en las escuelas evangélicas. Hay que volver a valorar la tarea docente”.

A modo de conclusión podemos decir que la Iglesia de Jesucristo tiene una oportunidad histórica para iluminar desde el ámbito educativo. El pastor y docente Juan Pablo Bongarrá, fundador de una escuela en la ciudad de Buenos Aires, lo resumió en una publicación que pretende sentar las bases para la transformación de la nación desde el movimiento Argentina Oramos por Vos.

Bongarrá escribió: “El sistema educativo tradicional es incapaz de enfrentar el desafío que la sociedad y la cultura está generando. Mirando al futuro pregunto: ¿qué entidad puede lanzarse a la gigante tarea de enseñar a niños y jóvenes valores que puedan transformar a la nación? ¿Qué organismo puede comunicar verdades teóricas que a la vez son parte coherente y cotidiana de su manera de vivir? ¿Qué institución tiene el manual escrito que ha sido probado en el tiempo y en todas las culturas y que ha dado evidencias no solo de sabiduría sino de poder? La respuesta es la Iglesia unida, humilde y santa”

“Si es cierto que el país nunca había llegado a un grado tal de postración, también es cierto que la Iglesia nunca ha tenido una mejor oportunidad para demostrar su relevancia”.

Por Roberto Vilaseca

 Los desafíos de la escuela de hoy:

–      Educar en el respeto a los demás.

–      Respetar el derecho a la propia identidad.

–      Educar en valores.

–      Propiciar modelos básicos de convivencia que ofrezcan contención.

–      Escuela para padres con acompañamiento con temas relevantes para la formación de sus hijos.

–      Resaltar el valor de la palabra y el diálogo, como único camino hacia la resolución de conflictos.

–      Fortalecer la capacidad de manejar las emociones.

–      Enseñar el sentido de los conocimientos.

–      Construir el concepto de ciudadanía democrática.

–      Fomentar el espíritu de la alegría.

–      Revertir la desesperanza y aumentar el sentido del humor.

–      Fomentar la habilidad de reconocer logros y esfuerzos.

–      Confiar en los otros en sus posibilidades y habilidades.

–      Enseñar el amor de Dios porque con Él nos encontramos con nuestra propia identidad y el sentido de la vida.

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