Es hora de volver a las aulas

Sentando las bases para hacer de nuestro hijos, niños sanos y sólidos

Por Meibel Mello Guedes

Con la edad escolar, surge una nueva fase. Como padre, hable con alegría acerca de la escuela, ayúdelos a estar ansiosos por llegar al día del comienzo de las clases.

En esta etapa de la vida, los niños están formando sus hábitos y todos anhelamos que aprendan cosas buenas y que le den valor a los principios aprendidos en el hogar. Lo que nos falta, muchas veces, son orientaciones seguras sobre esos puntos y la forma de transmitirlos a nuestros hijos, para cumplir bien el papel de educadores.

Es una buena oportunidad para incentivarlos a la lectura y la mejor manera de hacer eso es por medio de ejemplos. Lea con ellos y para ellos. Aproveche cada día de esa etapa de la vida de su hijo para ser su amigo y hacer que él también sea su amigo. Si construye una base ahora, será mucho más fácil relacionarse con él después.

Para comenzar, deben hacerse algunas preguntas, tales como: ¿Cuál es el objetivo al que quiero llegar? ¿Qué dirección tomar? ¿Qué enseñarles? ¿Dónde buscar orientación segura? ¿En qué escuela o colegio podrá mi hijo conseguir la formación más completa? ¿Qué valores debo enseñarle?

Los valores son aquellos principios por los cuales nos conducimos, con los que forman nuestras actitudes. Los padres les transmiten valores a los hijos por la manera como se conducen en la vida y como actúan en relación con el comportamiento de sus hijos.

Para que los niños asimilen los valores se necesita tiempo y oportunidades para que los vayan practicando. Los padres y los educadores tienen el deber de repetir constantemente esas enseñanzas a los niños, no solo a través de las palabras, y principalmente a través del ejemplo, viviendo esos valores.

Respeto a los profesores

Seguramente usted escogerá una buena escuela. Y una buena escuela es aquella que trata de desarrollar a su hijo de manera integral, es decir, desarrollarlo en los aspectos físico, mental, intelectual, espiritual, emocional y social. Los padres deben ser apoyo de los profesores en la tarea de educar. Nunca un padre debería criticar al maestro en presencia de su hijo. Una de las reglas básicas para la vida de su hijo es respecto a las autoridades y a las reglas establecidas. Por tanto, nunca cuestione de manera irrespetuosa, delante de su hijo, el trabajo de sus maestros.

Una necesidad casi olvidada, pero muy importante para la vida del niño es la disciplina. Su hijo necesita saber que el mundo no gira alrededor de él, que es preciso respetar las opiniones ajenas y que su libertad termina donde comienza la libertad del otro.

Cuando el niño va a la escuela, es necesario que los padres verifiquen si cuida satisfactoriamente de sus libros y cuadernos, si entrega sus trabajos escolares, su cumple los horarios. Todo lo que el niño aprenda ahora influirá y se reflejará en su vida futura.  Cuando nosotros, los padres, participamos de su vida y les enseñamos la importancia de la responsabilidad, estamos ofreciendo una visión muy clara de aquello que jamás podrían aprender por sí mismos.

El hábito de estudiar

Es importante que su hijo tenga un horario establecido para estudiar. El estudio no debe ser interrumpido por ningún motivo. En este contexto, el niño podrá cumplir con eficacia sus obligaciones escolares y desarrollar la capacidad de concentración. Cualquier tipo de ayuda que usted pueda darle será de mucho valor. Ayúdelo pero no haga sus tareas. No olvide mirar sus cuadernos, elogiar siempre que pueda e incentivarlo a cumplir sus deberes. Es un estímulo muy grande para el niño en edad escolar ver que sus padres se interesan por sus estudios y están conscientes de lo que él vive en la escuela.

Tenga cuidado de no sobrecargar a sus hijos con mucho ejercicio intelectual, dejando de lado las actividades físicas. Muchas veces los niños están metidos en tantas actividades que no les sobra tiempo para ser niños. Eso provoca cansancio mental y perjudica el desarrollo intelectual.

No se desanime cuando las cosas no van bien y usted no siente respuestas en su hijo. Recuerde que, muchas veces, los padres se detienen a señalar errores en los hijos y ellos van haciéndose ansiosos y con poca confianza en su propio desempeño. Cada crítica hecha por usted es un golpe a la autoimagen de su hijo. Aunque el comportamiento no sea el deseado, usted puede animarlo en vez de criticarlo. Dígale más frases como: “¡Te esforzaste mucho! ¡Me siento feliz de que lo intentaste!”.

Cuando él trata de hacer una tarea escolar y no lo consigue y le pide ayuda, por favor, no le diga: “Hijo, ya te expliqué mil veces eso, ¿todavía no lo entendiste?”. En vez de eso, dígale: “Hijo, ese asunto que estudias es muy difícil. Te lo voy a explicar de nuevo y sé que lo vas a entender mejor, porque eres inteligente”. Siéntese con él y explíquele el asunto tantas veces como sea necesario.

Tenga fe en el potencial de su hijo

Su hijo necesita ser tratado como un niño inteligente y usted puede ayudarlo a escoger sus propias metas y a creer que podrá realizar grandes cosas. Involúcrelo en actividades en que se sienta competente. Pero, cuando las cosas no salgan conforme lo esperado, es muy importante que usted le enseñe a continuar motivado y a intentar de nuevo. El niño también debe aprender a lidiar con la derrota.

La fase que antecede a la adolescencia es el tiempo ideal para que usted converse con su hijo sobre todos los asuntos importantes que puedan hacer parte de su formación. Hable con él sobre educación sexual. Háblele acerca de la profesión y las amistades, y enséñele a tener criterios para escoger a sus amigos.  En fin, háblele sobre los valores.

Problemas de relaciones en la escuela

En la escuela vamos a encontrar siempre niños que tiene dificultad para relacionarse bien con sus compañeros. Estos chicos causan trastornos en el aula produciendo muchas veces la indisciplina. Cuando eso ocurre, es deber de los padres estar atentos, buscando a la profesora para descubrir cuál es la mejor forma de desarrollar en su hijo acciones positivas con sus compañeros.

Algunos hijos únicos no están acostumbrados a dividir espacios, y tienden a querer exclusividad de la maestra. Mientras que en el caso de los que nacieron en familias grandes, con más hermanos, la vida comunitaria ya comenzó dentro de la socialización familiar.

Niños con dificultades para superar celos, rivalidad, competiciones, rechazos y agresiones pueden presentar disturbios del comportamiento al relacionarse con los compañeros.

Si esos problemas persisten es posible que haya una necesidad de un mejor acompañamiento de los padres y profesores.

Bullying

Este término viene del verbo inglés bully, que significa intimidar, tiranizar.

El fenómeno conocido como bullying “no es una violencia explícita de alta peligrosidad, sino agresiones menos ostensivas, a veces toleradas socialmente; son en realidad actitudes hostiles repetitivas entre compañeros de clase, motivadas por diferencias culturales, raciales, sociales, religiosas y características físicas”.

¿Qué pasa con los niños que enfrentar esa situación? Se aíslan, desarrollan baja autoestima, lloran fácilmente, tienen dificultades en reaccionar a la provocación, y prefieren abandonar la escuela por vergüenza de los apodos que les ponen y de las chacotas de mal gusto de que son objeto.

Cuando eso ocurre en la escuela los maestros y responsables deben tomar las debidas providencias, no permitiendo que dicha situación continúe, y los padres deben interferir para que los traumas de las palabras que hieren y la violencia contra ese niño se detengan. Para eso es importante conversar tanto con los agresores como con el niño agredido.

El bullying solo se interrumpe por la interferencia de personas que tengan autoridad sobre sus practicantes. El enfrentamiento de este fenómeno, además de ser una medida de disciplina, es también un gesto de ciudadanía y educativo, pues prepara a los alumnos para la aceptación, el respecto y la convivencia con las diferencias.

La familia y la escuela, juntas, deben trabajar para establecer el principio educativo de la coherencia, la constancia y la consecuencia. Cada acción impensada que perjudica a un semejante tiene una consecuencia. La escuela y la familia deben estar juntas para definir las consecuencias o acciones disciplinarias. Pero jamás deben tolerar que esa práctica tenga continuidad.

En esta época, los niños necesitan aprender a tomar decisiones y a cargar con las consecuencias de sus actos. Deben aprender también a ser responsables por las cosas que hacen y por lo que dicen.

Vida familiar

La familia es el tesoro más precioso que tenemos, y los hijos son también la materia prima más preciosa que tenemos para modelar, porque el fundamento de la vida de un niño se construye durante sus primeros años. Su existencia adulta estará constituida sobre los valores morales que haya adquirido durante esos años. Sin duda, la mayoría de esos valores se adquieren en el hogar porque es allí donde el niño pasa la mayor parte de su tiempo. Luego del hogar, la escuela representa la segunda mayor influencia. Por esa razón es muy importante que los padres acompañen el desarrollo del niño, participen en los programas escolares, es decir, sean padres presentes en esa etapa también.

Para mantener un hogar feliz, con calidad de vida, es importante la unión de la familia basada en el más puro y profundo sentimiento, que es el amor. Ese amor debe ser profundo entre el hombre y la mujer, entre padres e hijos e hijos y padres. El niño no nace amando. Lo aprende solo si en el seno de la familia se cultiva amor, a través de palabras, de actos y de la continua práctica del amor.

Una de las formas más prácticas para experimentar el amor en la familia es cuando dedicamos tiempo para jugar con nuestros hijos, para comer juntos, estudiar, pasear, viajar, escucharlos en sus angustias y en sus ansiedades.

El amor debe ser el centro de todo en la familia. Incluso cuando disciplinamos al hijo, debemos hacerlo con amor. Le decimos que lo amamos mucho y que, por eso, queremos que haga distinción entre lo correcto y lo incorrecto, entre los derechos y los deberes, y que crezca equilibradamente y en forma saludable.

Por Meibel Mello Guedes
Tomado del libro: Educar a los hijos
Asociación Casa Editora Sudamericana

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*