¿Cómo caminar con el Espíritu todos los días?

Cuanto más caminamos con el Señor, más adeptos nos hacemos de conocer su voz y obedecerle a Él.

Por Linda Sommer

En el Salmo 18, hay un versículo que dice: El camino de Dios es perfecto;
la palabra del Señor es intachable.
Escudo es Dios a los que en él se refugian” (v. 30). Para caminar en la plenitud de Dios por esta vida debemos andar por sus caminos, vivir por su Palabra y confiar en Él.

Desde la perspectiva de Dios, una persona exitosa es aquella que camina diariamente con el Espíritu Santo y obedece su Palabra. Lo único que hacemos en la Tierra que permanecerá eternamente son aquellas cosas hechas por la guía del Espíritu y la gracia de Dios, no las que fueron hechas mediante el esfuerzo humano.

La clave para caminar día a día con el Espíritu Santo es confiar en Dios con todo nuestro corazón y no en nuestro propio entendimiento (Proverbios 3:5-6). Mientras confiamos en el Señor de esta manera, Él evidenciará su Palabra para que sea algo real en nuestra vida.

Cada día debemos confiar en lo que escuchamos de parte de Dios a través de su Palabra y a través de los susurros del Espíritu Santo. Cuando nosotros actuamos en fe por su Palabra y su guía, el Señor obrará en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad (Filipenses 2:13). Creemos y confiamos, y Él cumple su voluntad en nosotros.

La ilustración perfecta de esto es la experiencia que Arthur Burt tuvo mientras andaba en ómnibus en Inglaterra. Arthur es un evangelista de Gales, y que Dios continua usando gloriosamente aún cuando está en sus 90 años.

Él comparte la historia de que cierto día iba en un colectivo mientras llovía torrencialmente. De repente, él escuchó la siguiente instrucción: “Baja del autobús en la siguiente parada”.

Arthur luchó contra esa voz diciendo: “Pero está lloviendo mucho afuera, y yo aún no llegué a mi destino”. Así, él describe una batalla entre “el fanático en el ático” y el “becario en el sótano”.

Ciertas veces, el Espíritu Santo nos dice que hagamos cosas que no son razonables en el plano natural. Él le pidió a Arthur que haga algo que sobrepasaba la lógica humana. El becario en el sótano, que era la carne de Arthur, decía: “Está lloviendo mucho afuera, y además, la próxima parada no es la mía”. Pero finalmente el fanático en el ático ganó la guerra, y Arthur se bajó del ómnibus.

Mientras corría en busca de un refugio, vio un automóvil acercándose a él. Repentinamente, este paró justo en frente de Arthur, y él reconoció a una dama que había conocido en una de sus reuniones. La mujer gritó más fuerte que el trueno que justo cayó diciendo: “Arthur Burt, ¿eres tú?”. Él respondió: “Sí”, y luego ella ofreció llevarlo.

Arthur subió al coche gustosamente, y luego ella preguntó: “Si usted no tiene que hacer algo importante en las próxima dos horas, ¿me acompañaría a una reunión de oración?”. Él no tenía ninguna ocupación, así que accedió a asistir sin ninguna resistencia.

El encuentro de oración al que terminó yendo y donde compartió Las Escrituras, se convirtió en una de las reuniones más poderosas a las que Arthur asistió alguna vez. Desde aquella experiencia, este hombre trató de obedecer prontamente a la apacible voz del Espíritu Santo, aún cuando sus palabras no suenen lógicas.

Los caminos del Señor son más altos que los nuestros. Por lo tanto, debemos confiar en Él y no apoyarnos en nuestro propio entendimiento.

 Por Linda Sommer
Columnista de Charisma Magazine

 

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