La cuestión de la voluntad de Dios

Quizá no deba ser esta nuestra principal meta

Por David Platt

Muchos más importante que tratar de buscar y de hallar la voluntad de Dios es sencillamente conocer a Dios y confiar el Él. Anhelamos fórmulas mecánicas y respuestas fáciles para la voluntad de Dios. Queremos encontrar atajos hacia la mente de Dios, pero eso no es lo que Dios quiere; o debería decir, no es la voluntad de Dios. Su principal preocupación no es conseguir que usted o yo pasemos del punto A al punto B por medio del camino más rápido, más fácil, más suave y más despejado posible. En lugar de eso, su mayor interés es que usted y yo lo conozcamos con más profundidad de manera que podamos confiar completamente en Él.

Después de escribir mi libro Radical, recibí todo tipo de preguntas y comentarios acerca de aspectos específicos de la vida cristiana. La gente me preguntaba: “¿En qué consiste el estilo de vida de una persona radical?”. “¿Qué tipo de vehículo debería usar, o es que no debería usar ninguno? ¿Qué clase de casa debería tener? ¿Se supone que debo adoptar un niño? ¿Debería viajar al extranjero en alguna misión?”.

Encontré un tanto perturbadoras esas preguntas, aunque sinceras y honestas. Sentí que las personas buscaban una casilla para llenar, un criterio para seguir que les asegurara que estaban obedeciendo a Dios. No obstante, si no tenemos cuidado, esas preguntas dejan de lado el núcleo de lo que significa seguir a Jesús. Fuera de los mandamientos de Cristo en Las Escrituras, no tenemos ningún conjunto de reglas o normas respecto a cómo se aplican en nuestra vida esos mandamientos radicales de Jesús. En lugar de eso, tenemos una relación con Jesús.

De manera que nos acercamos a Él. Pasamos tiempo con Él. Escuchamos sinceramente su Palabra a la vez que andamos en obediencia a ella. Al hacer estas cosas, Dios nos guía y nos dirige según su voluntad. Repentinamente comprendemos que la voluntad de Dios no es un mapa de ruta que esperan ser descubierto en algún lugar. Más bien es una relación que Dios espera que experimentemos cada día. Este es el fundamento desde el cual emerge el estilo de vida de un cristiano radical.

Oswald Chambers utiliza la ilustración de un hombre que va por un sendera en el bosque. Chambers se pregunta si ese hombre dudará alguna vez dónde está situado el sendero. Por supuesto, dice Chambers, el único momento en que dudará dónde está el sendero es cuando esté fuera del mismo. Mientras el hombre siga el sendero, jamás tendrá que preguntar dónde está. A la luz de esta ilustración, Chambers escribe: “Si tienes un contacto tan íntimo con Dios que nunca necesitas pedirle que te muestre su voluntad, es que estás llegando a la etapa final de tu disciplina en la vida de fe. Cuando estableces una relación correcta con Dios disfrutas de una vida de libertad y gozo. Tú eres la voluntad de Dios, y todas tus decisiones acertadas son su voluntad para ti a menos que Él te diga lo contrario. Eres libre para decidir a luz de una perfecta y agradable camaradería con Dios, con la certeza de que, si tus decisiones están equivocadas, Dios siempre te lo mostrará, y cuando lo haga, detente inmediatamente”.

La meta del discípulo de Jesús, entonces, no es responder a la pregunta: “¿Cuál es la voluntad de Dios para mi vida?”. En lugar de eso, la meta es hacer la voluntad de Dios sobre una base diaria y continua.

Su voluntad revelada

Cuanto más conocemos a Dios, y cuanto más hacemos su voluntad, entendemos mejor lo absurdo que es pensar que Dios quisiera esconderla de nosotros. Más bien, comprendemos que el deseo de Dios de que conozcamos su voluntad es exponencialmente mayor que nuestro deseo por conocerla. Dios desea tanto que conozcamos su voluntad que nos la revela en su Palabra.

Dios tiene una voluntad y la ha dejado en claro. De tapa a tapa de La Biblia, su voluntad es redimir a los hombres y mujeres de toda nación, tribu, lengua y pueblo por medio de su gracia y para su gloria. Esto es claro de tapa a tapa en Las Escrituras. Desde el principio hasta el fin, Dios quiere ser adorado. Desea que todo el mundo escuche, reciba, abrace y responda al Evangelio de su gracia por el bien de su gloria en toda la tierra.

En consecuencia, no sorprende que las primeras palabras de Jesús a sus discípulos en el libro de Mateo sean: “Síganme, ¡y yo les enseñaré a pescar personas!”. En los días que siguieron, les enseñó que Él “vino a buscar y a salvar a los que están perdidos”, y les dijo que así como el Padre lo había enviado al mundo, Él los enviaría al mundo. Por ende, no nos sorprende que las últimas palabras de Jesús a sus discípulos fueran: “Por lo tanto, vayas y hagan discípulos de todas las naciones”.

Esta es la voluntad de Dios en el mundo: crear, llamar, salvar y bendecir a su Pueblo para la expansión de su gracia y de su gloria entre todos los pueblos. No se trata de encontrar esta voluntad; se trata de seguirla. No necesitamos preguntarnos por la voluntad de Dios porque hemos sido creados para andar en ella. No necesitamos pedirle a Dios que revele su voluntad para nuestra vida; en lugar de eso, le pedimos a Dios que encuadre nuestra vida con la voluntad que ya nos ha revelado.

La voluntad de Dios para nosotros como discípulos de Jesús es hacer discípulos de Jesús en todas las naciones. Por lo tanto, la pregunta que todo discípulo se hace es: “¿Cuál es la mejor manera con la que puedo hacer discípulos en todas las naciones?”. Una vez que hacemos esa pregunta, comprendemos que Dios quiere tanto que experimentemos su voluntad que en realidad vive en nosotros para que podamos cumplirla.

Por David Platt
Tomado del libro: Sígueme
Editorial Tyndale

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