Infinitamente agradecidos

Determinados a ser personas con las que nos quisiéramos rodear

Por Nancy Leigh DeMoss

En nuestro intento por comprendernos mejor a nosotros mismos así como a los demás, normalmente agrupamos a las personas en una de dos categorías o descripciones mutuamente excluyentes. Los desinteresados y los interesados. Los que aman y los que no. Los del tipo A y los del tipo B. Los desorganizados y los organizados.

Algunas de estas características parecen innatas; otras son el resultado de las decisiones que tomamos en la vida. Pero dependiendo del lado en el cual nos encontremos o nos coloquemos, el resultado será un conjunto de perspectivas y acciones totalmente diferentes a las del otro grupo. Dos clases de individuos.

Difícilmente se pueda ser de ambas maneras. Pero a lo largo de su vida, una dominará su modo de ver y responder a casi todas las cosas. Usted decidirá ser agradecido o desagradecido, reconocer una bendición o pasarla por alto, reconocer un acto de bondad negligentemente.

Dos clases de individuos: los agradecidos y los desagradecidos. Es la diferencia entre desperdiciar la vida y saber aprovecharla, entre estar cegado a la gloria y “a Dios sea la gloria”, entre una amargura segura y la “bendita seguridad”. Es una diferencia que puede verse.

Después de décadas de ministrar a personas heridas, he llegado a la conclusión de que la imposibilidad de dar gracias es la causa principal de mucho, si no de toda, la tristeza, la desesperanza y el desaliento que tanto predominan incluso entre los creyentes. Creo que la raíz de muchos de los pecados que están plagando y devastando nuestra sociedad se encuentra en la persistente ingratitud que rara vez es detectada.

Es imperioso que cultivemos una “actitud de agradecimiento” en nuestros corazones y nuestros hogares. Su presencia trae consigo un sinnúmeros de bendiciones, pero su ausencia tiene graves repercusiones.

¡Mejor de lo que merezco!

Cuando alguien le dice que está agradecido por algo, revela mucho más que lo que siente acerca de alguien o circunstancia específica. Una persona que constantemente está agradecida —y que no le cuesta expresar gratitud— en realidad le dice mucho más que eso.

Esto se debe a que la gratitud revela lo que hay en el corazón, no solo nos da a conocer detalles. Y entre lo que más revela de nosotros se encuentra nuestro nivel de humildad.

Hay personas que saben quiénes son y de dónde vienen. Saben dónde Dios los encontró y dónde podrían haber terminado si Él no hubiera intervenido en sus vidas. Henry Ward Beecher dijo una vez: “Una mentalidad humilde es el suelo fértil en el cual crece espontáneamente el agradecimiento”.

Pero cuando una persona se siente con derecho a ser bendecida, como si fuera acreedora de un trabajo, un sueldo, un hogar feliz, un cuerpo saludable, un automóvil deportivo y una jubilación excelente, no hace falta que le preguntemos muchas veces cómo le va a para saber con quién tratamos. La falta visible de gratitud nos dice quién es, y su respuesta revela un corazón lleno de orgullo. Beecher estaba en lo cierto cuando dijo: “Un hombre orgulloso raras veces es agradecido, pues cree que nunca recibe lo que se merece”.

Pensamos que merecemos mucho más. Pero, ¿qué nos falta recibir? ¿Qué cosas de las que poseemos no vienen de Aquel que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos” (1 Timoteo 6:17).

Estoy lleno, ¡gracias!

¿Se ha puesto a pensar que en realidad no somos tan conscientes del buen nivel de vida que tenemos?

En contraste con nuestra tendencia a estar tristes en medio de la abundancia, pensemos en el apóstol Pablo que, desde el interior de un calabozo romano, privado de todo menos de los más indispensable en la vida, escribió una nota de agradecimiento. Ya he recibido todo lo que necesito y aún más” (Filipenses 4:18). La mayoría de sus amigos lo habían abandonado. Sus enemigos eran muchos. Si alguna vez había disfrutado de alguna comodidad material, en ese momento era algo muy lejano y probablemente ya no existía. Se le había despojado de todo excepto de la mera existencia y sin embargo… estaba lleno.

¿Cómo hubiera sido nuestra carta escrita desde una cárcel?

La diferencia entre estar lleno y vacío, por lo general, no es ser rico o ser pobre, estar con la alacena repleta hasta el tope o con apenas unas latas de sopa y fideos. La diferencia es la gratitud.

Las personas desagradecidas se parecen mucho a los envases que tiene un agujero, por el cual pierden todas las bendiciones que reciben y siempre necesitan algo más, algo nuevo para sentirse satisfechos.

Son como los israelitas de hace mucho siglos, a quienes Moisés advirtió: “Cuídate… no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios” (Deuteronomio 8: 11-14). Lleno, pero nunca suficientemente lleno.

¡Quién pudiera ser como Pablo! Tener un corazón lleno aunque estemos privados de las comodidades materiales, en vez de tener un corazón vacío cuando estamos rodeados (aunque no conscientes de ello) de abundantes bendiciones. Muchas veces la gratitud es la única diferencia entre la tristeza dominante y la satisfacción genuina.

Si usted está enfermo y cansado de vivir en un hogar donde todo el gozo y la belleza han sido absorbidos por palabras y actitudes negativas y desagradecidas, puede hacer un cambio. Puede llegar a ser la clase de persona con la que siempre quiso rodearse.

Tomado del libro: Sea agradecido
Por Nancy Leigh DeMoss
Editorial Portavoz

Sea Agradecido

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