El Cuerpo: Nuestro Traje Terrenal

Aprender a darle a nuestro físico la importancia que se merece

Por Timothy Jorgensen

Cuando el cuerpo está conectado con el espíritu, el cuerpo físico se convierte en un conducto sobrenatural del poder y la presencia de Dios. Este es el propósito y el potencial de Dios para nuestros cuerpos, y debe ser nuestra búsqueda continua. Sin embargo, el cuerpo es una criatura extraña. Tiene sus propias necesidades y deseos que no están arraigados en el reino del espíritu, sino en sí mismo. Estos deseos carnales de las personas se transforman en la carnada de Satanás para atrapar a las naciones de la Tierra. Estos deseos son fuertes y a veces pueden ser furiosos e irresistibles, si se lo permitimos. Dios en realidad los creó para que fueran fuertes. Son parte de la vida y la supervivencia en la Tierra. Dios los creó para que cada uno tuviera su lugar en la vida.

¿Cuál es nuestra responsabilidad con respecto a nuestro cuerpo? Es simple: cuidarlo y darle órdenes. Debemos mantener nuestro cuerpo limpio y en orden no solo para vernos hermosos, sino para que Dios pueda funcionar en él sin obstáculos.

Si bien se dice que “la gente se fija en las apariencias, pero yo [el Señor] me fijo en el corazón” (1 Samuel 16:7), esto no significa que la apariencia exterior no tiene importancia para Dios. ¡Sí que la tiene! La realidad es que si nunca hacemos ejercicio, no comemos alimentos saludables y estamos continuamente agotados, es imposible que nos volvamos espiritualmente fuertes. Dios necesita que nuestro cuerpo sea fuerte para que podamos obedecerlo. De lo contrario, no podemos orar durante mucho tiempo,

despertarnos (y permanecer despiertos), alabar a Dios correctamente, ministrar para Él, tener fuerza para resistir, y así sucesivamente. Romanos 12:1 dice: “Por lo tanto,  hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y

agradable a Dios”.

Debemos presentar nuestro cuerpo como sacrificio vivo, no medio muerto. Esto significa que debemos estar sanos porque, en el Antiguo Testamento, todos los animales sacrificados debían ser fuertes y sanos. Ofrecer animales enfermos o con  imperfecciones era una abominación. Estos animales estaban descalificados del servicio a Dios. Aunque esto suene duro, debemos verdaderamente recibir una revelación de cómo este es el modelo en La Palabra de Dios y también en qué medida Dios  ciertamente desea esto para nosotros. Jesús no se expuso ni se compadeció de los enfermos y los débiles. Los sanó y los fortaleció. Esto muestra claramente cuál es la voluntad de Dios para cada cuerpo humano.

El cuerpo humano debe ser saludable y fuerte para que podamos obedecerle a Él. No podemos tener cuerpos perezosos y obedecer a Dios. Después de que estas personas fueron sanadas, muchos de ellos aprovecharon su salud recuperada para seguir a Jesús. Si Jesús fue nuestro ejemplo, debemos recordar que Él siempre estaba en movimiento. Las personas tenían que tener buena salud cardiovascular para poder seguir su ritmo.

La segunda responsabilidad es ordenar a nuestro cuerpo que obedezca a Dios. La carne naturalmente no desea obedecer: debemos entrenar a nuestro cuerpo para que obedezca. Si no podemos tener autoridad sobre las cosas de nuestro cuerpo, no hay manera de que

podamos asumir la responsabilidad de tener autoridad sobre el poder mayor del Espíritu. Nada que pueda decir sirve para enfatizar esto lo suficiente. Este es el motivo por el que la primera tentación que Jesús tuvo que superar en el desierto tenía que ver con los deseos de la carne.

Consejos prácticos
Nuestro entrenamiento para el cuerpo es la manera en que entrenamos al esclavo. Debemos poder controlar y desconectar nuestros deseos de un momento a otro, ¡sin quejas! Esta es nuestra primera meta en el entrenamiento del cuerpo.

1. Su “no” debe mantenerse firme

En primer lugar, descubra qué deseo físico le agrada o no le agrada a su cuerpo. Por ejemplo, ¿le gusta comer cierta clase de alimento? ¿Se saldría de su camino para  buscarlo y comerlo? ¿Con qué frecuencia? ¿Todos los días? ¿Una vez por semana? ¿O simplemente en forma periódica? Aproveche la oportunidad durante el próximo mes de decir “no” a su cuerpo con respecto a ese alimento (hablo específicamente de alimentos reconfortantes o comida chatarra de los que su cuerpo tiene antojo; si come alimentos

saludables por motivos de salud o indicación médica, no debe suspender esos alimentos). Cuando se presente la oportunidad de comer ese alimento, diga a su cuerpo “no” y observe la reacción. Golpee su propia mano y dígale a su estómago que gruñe: “¡Hoy no!”. Si su cuerpo reacciona con aspereza ante su actitud, tiene mucho trabajo por delante para entrenarlo. Pero si su cuerpo se calma y le dice obedientemente “Está bien”, está progresando.

Además sentirá que el cambio interno de la fortaleza se introduce en su espíritu. También es interesante ver la reacción de las personas que lo rodean, que también son adictas a esta cierta clase de alimentos, cuando usted se niega. Reaccionarán de manera muy fuerte. A veces incluso se enojarán. “¿Qué te pasa? ¡Adelante! ¡Cómelo!”. Descubrirá la seriedad con la que las personas se toman su alimento. Una vez Dios me dijo: “El diablo considera todo acto de disciplina personal como un acto de guerra en su contra”. Así que no se preocupe por las reacciones de los demás. Sonría, sea amable y cambie el tema de conversación. No es necesario que siempre explique lo que intenta hacer porque es probable que no lo entiendan.

2. Despiértelo; desconéctelo

¿Le gusta dormir a su cuerpo? Entrénelo para que se despierte de un momento a otro y se vuelva totalmente despierto y alerta. Dígale: “Cuerpo, ¡despiértate ahora y quédate totalmente despierto!”. No permita que su cuerpo le mienta y diga: “Necesito dormir más; esto no es justo; estás quebrantando las leyes de la naturaleza al despertarme de esta manera”. Puede entrenar a su cuerpo para que obedezca a su espíritu. “Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que

levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes” (Romanos 8:11).

O como dice el refrán: “El Espíritu que levantó a Jesús de los muertos, puede levantarte de la cama”. Por otro lado, ¿puede decirle a su cuerpo que duerma siempre que quiera? Si es tarde a la noche, es posible que su cuerpo diga: “¡No estoy cansado! No necesito dormir. Comamos helado y un refrigerio; miremos televisión”. Dígale a su cuerpo: “Cuerpo, es hora de dormir. Desconéctate y recupérate”. No permita que su cuerpo lo gobierne; usted decide cuándo es hora de despertarse y de dormir.

Tengo un amigo que hacía entrenamiento militar para actividades terroristas antes de que Dios lo salvara radicalmente, hace muchos años. Se entrenaba para no sentir dolor, para poder pasar por condiciones duras sin quejarse a fin de lograr completar su misión. Incluso se entrenaba para dormir sin importar el ruido que lo rodeara y para poder despertarse de un momento a otro. Después de que nació de nuevo, la disciplina personal que había desarrollado demostró ser un bien valioso para su crecimiento espiritual. Fue más receptivo para asimilar las cosas de Dios debido a su capacidad para hacer que su cuerpo le obedeciera sin quejarse.

3. Estrategias para ser sano, rico y sabio

A continuación, es necesario que haga un programa para alimentarse, dormir y hacer ejercicio de manera adecuada. Esta es la parte difícil porque requiere un hábito permanente y un cambio de estilo de vida. Costará tiempo y dinero. En primer lugar, busque las cosas que no puede cambiar. Fíjese si su horario de trabajo es un factor inamovible en su vida. Si tiene que estar en el trabajo a las 9:00, usted descubre lo que necesita hacer para llegar a tiempo y eso se convierte en su factor fijo. ¿A qué hora sale del trabajo? Permita que eso también sea lo más inamovible posible. Luego, decida cuántas horas de sueño necesita para sentirse renovado. Para la mayoría de las personas, son entre siete y ocho horas por noche. Si tiene una semana de cincuenta horas de trabajo (incluido el tiempo de viaje y de almuerzo), tiene otras seis horas por día (de lunes a viernes). Tiene que hacerse tiempo para orar, comer, estudiar, hacer ejercicio, pasar tiempo con la familia y los buenos amigos, además de ocuparse de las responsabilidades personales (ducharse, ir de compras, responder correspondencia, pagar cuentas, limpiar, etc.).

Haga un programa para aquello que considera “prioridades fundamentales e inamovibles”. Estas deben ser cosas como oración, estudio y comida. Programe un horario para ellas. ¿Cuánto tiempo desea estar a solas para orar, veinte minutos, una hora? Establezca un horario a la mañana o a la noche para esto (recomiendo dedicar al menos diez minutos, no importa lo que pase, de la mañana a la oración para poder comenzar su día honrando la presencia de Dios). Haga lo mismo con el estudio y la alimentación (incluido el tiempo de preparación). El tiempo con la familia también será una prioridad fundamental, pero puede no ser fijo, dependiendo de las actividades de cada uno y de su capacidad para reunirse con ellos. Hágase tiempo para conversar con su cónyuge y para hablar y jugar con sus hijos tanto como le sea posible. Podrá hacerse tiempo para las cosas que son realmente importantes para usted.

Luego, haga un programa de ejercicio. ¿En qué lugar hará ejercicio? ¿En un gimnasio cercano? Calcule su tiempo de viaje. Esto sería ideal si usted es una persona que necesita motivación para hacer ejercicio. ¿Un gimnasio en su casa? Esto es más cómodo, pero tiene menos variedad de ejercicios y se requiere mayor autodisciplina. ¿Cuáles son sus metas de estado físico? ¿Aumentar la fuerza? ¿La resistencia cardiovascular? ¿Quizás una combinación de ambos? Necesitará de veinte a treinta minutos de ejercicio aeróbico básico y al menos de treinta a cuarenta minutos de un buen ejercicio de fuerza con pesas. Descubra cuánto tiempo durará y qué enfoque tendrá cada ejercicio (por ejemplo, lunes, miércoles y viernes: veinte minutos de subida aeróbica de escaleras y treinta minutos de ejercicio de pecho, hombros y brazos. Martes y jueves: cuarenta minutos de ejercicio de espalda, piernas y abdominales). Calcule el tiempo para viajar y ducharse y colóquelo en su programa.

Ahora puede programar un horario para dormir. ¿A qué hora se irá a dormir? Dígale a su cuerpo que se desconecte y duerma a esa hora. ¿A qué hora se va a despertar? Dígale a su cuerpo que se despierte por completo a esa hora.

El punto: discipline su día

Por supuesto, usted puede decir: “No es tan fácil; no puedo organizar mi vida tan minuciosamente”. Le diré algo: usted debe controlar su vida lo más posible (no, Dios no controlará su vida por usted; para ver esto más detalladamente, consulte la sección sobre la voluntad). Si usted no lo hace, será difícil obedecer a Dios porque continuamente todo lo demás menos Él controlará su vida: su naturaleza pecaminosa, sus amigos, sus parientes, su trabajo, y así sucesivamente. Usted debe decidir quién es su Señor y servirlo solamente a Él. Su naturaleza pecaminosa será el factor principal, ya que intentará rebelarse contra cualquier esfuerzo por controlarla con un programa que coloca a su espíritu en primer lugar y a la carne en línea con el alma. Finalmente, se entrenará y todos llegarán a respetar la disciplina que usted puso en su vida.

Otro beneficio que se agrega es que las personas desordenadas en última instancia se irán de su vida. ¡Gracias a Dios por eso! Después de haber dicho todo esto, habrá momentos y épocas en las que será necesario hacer cambios en su programa para adaptarse a algo que es importante para Dios y para usted, pero tendrá que regresar a esta rutina vivificadora lo antes posible. Cada vez que pueda, mantenga los fines de semana libres solamente para eventos especiales y proyectos que desea concretar.  Nunca descuide durante los fines de semana las cosas fundamentales para la vida, como la oración, el estudio y el sueño. Las otras cosas como ejercicio, alimentación, tiempo con la familia, etc., deben programarse lo mejor posible, pero pueden ser más flexibles por causa de las otras (pero sin eliminarlas) los fines de semana. Aprenda más acerca de la alimentación saludable, el consumo de vitaminas y el desarrollo de un plan de ejercicios de buena calidad. Estas son inversiones de calidad en su vida. Su cuerpo no es tan importante como el alma y el espíritu, pero aun así es importante para Dios y el destino que tiene preparado para usted. A medida que comprenda mejor la administración del tiempo y el cuidado de su cuerpo, aprenderá las estrategias más eficaces para volverse sano, rico y sabio (ver 3 Juan 2).

El ganador se lo lleva todo

Aunque nuestro cuerpo no es tan importante como nuestra alma y nuestro espíritu, aprender a disciplinar la naturaleza pecaminosa es la batalla más difícil del  entrenamiento para una vida espiritual. Posiblemente sea una tercera parte de su ser, pero eso no significa que sea el 33 % de la lucha. Con respecto al porcentaje, creo que estaría cerca del 60 %. Sé que una vez que se experimenta la victoria sobre la carne, la victoria en el alma y el espíritu es mucho más fácil. Jesús declara esto en Lucas 9:23-24: Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará”.

Es una paradoja, pero cuando morimos a nuestros deseos carnales, destruimos al enemigo principal de la vida espiritual. Sí, la verdad espiritual es que hay tres enemigos en nuestras vidas: el mundo, la carne y el diablo. ¿Pero cuál es el enemigo más importante con el que debe lucharse primero? La carne. Una vez que destruimos el poder de la carne, destruimos el poder del mundo para influenciarnos. ¿De qué manera podemos influenciar a una persona muerta? Una vez que destruimos el poder de la carne, destruimos el poder del diablo para tentarnos a usar nuestros cinco sentidos para cumplir con la lujuria de la carne. Inmediatamente se arruinan las armas principales del diablo. La serpiente en el jardín del Edén recibió la maldición de poder únicamente comer el polvo de la tierra. Nuestra carne está hecha del polvo de la tierra. Una vez que cortemos el suministro de alimento del diablo, es como si lo estuviéramos estrangulando hasta la muerte.

En la riqueza o en la pobreza

No importa si estamos ascendiendo en la plenitud de la prosperidad o luchando por mantener nuestra cabeza sobre el agua en medio de la pobreza, nadie está exento de la necesidad de disciplinar a la carne. Nadie. Ni el dolor de la pobreza ni el privilegio de la prosperidad deben darnos una sensación de derecho a disminuir nuestra disciplina sobre los deseos de la carne. Cuando nuestra carne insiste en decir: “Yo trabajo mucho. A veces la vida es dura. Me merezco esto”, debemos recordar que nunca debemos promover nuestra carne más allá de la posición de esclavo. Nunca debemos permitir que tenga en su poder la posición para negociar.

Entendamos este peligro

Considero que es peligrosa la manera en la que las personas hoy en día creen en Dios y lo buscan para obtener prosperidad, y luego usan esa prosperidad como un medio para cumplir sus placeres carnales. Esto está al revés y seguramente conducirá a la pobreza y la destrucción espiritual. La prosperidad puede darnos un gran poder para bendecir y hacer el bien, pero la mayor prosperidad es el potencial que se encuentra en un espíritu fuerte.

Nunca olvide eso. Independientemente de cuál sea su condición económica actual, es realmente la fortaleza de nuestro espíritu la que nos puede levantar o arrastrar. Entonces si podemos usar la prosperidad y las comodidades modernas para esclarecer los asuntos naturales de la vida y para disciplinar la carne de una manera más eficaz, ¡esa es la verdadera prosperidad! Pero si estas comodidades nos llevan a mayores problemas, es mejor eliminarlas que perdernos el poder de esta vida espiritual.

De esto hablaba Jesús en Mateo 18:8-9. A Dios no le agrada la amputación de las cosas buenas que Él creó (manos, pies, ojos o las modernas tecnologías que creamos para que nos ayuden), pero si no podemos usar algo para producir más vida espiritual, es más rentable deshacernos de eso. Debemos preguntarnos: ¿qué están produciendo? Con todo el tiempo que ahorramos con la tecnología y la velocidad de la comunicación, debimos haber liberado nuestra vida de manera significativa para adorar, orar, servir y trabajar con Dios mucho más; buscar a Dios mucho más; aprovechar mucho mejor el terreno del Espíritu. ¿Pero es esto verdaderamente lo que vemos que sucede?

Yo sugeriría que a menudo buscamos comodidades que nos permitan ahorrar tiempo y olvidamos el propósito para el que ahorramos tiempo. No estoy en contra de estas cosas, en absoluto; el punto es que a menudo las usamos para dar poder a nuestra carne en lugar de a nuestro espíritu. Entendemos la necesidad de eliminar algo negativo como el cáncer para poder salvar una vida, pero eliminar algo que parece perfectamente bueno parece una locura, a menos que lo que pueda ganar con esta pérdida sea tan excelente que incluso algo bueno parecerá repugnante y perjudicial. Esto indica las posibles riquezas que pueden aprovecharse en esta vida del espíritu; cualquier cosa que dejemos ir nunca podrá ser mayor que lo que puede aprovecharse dentro de nuestro espíritu. “Me has dado a conocer la senda de la vida; me llenarás de alegría en tu presencia, y de dicha eterna a tu derecha” (Salmo 16:11). Más allá de lo buena que pueda ser la tecnología, nada puede superar lo que ya tenemos. Oremos para poder verlo ahora: “Padre, te pido que los ojos de nuestro entendimiento sean iluminados por tu Espíritu de sabiduría y entendimiento, que podamos conocer la esperanza de tu llamado para nosotros, que podamos conocer las riquezas de tu herencia gloriosa en nuestro interior y que podamos conocer la extrema grandeza de tu poder en los que creemos y a través de nosotros. Padre, necesitamos ver el potencial de este impresionante don que nos has dado. Y al verlo, sabremos claramente que nada sobre la Tierra nos distraerá de vivir de esta manera”.

Una vez que podamos verlo claramente, nuestras elecciones en medio de la prosperidad (al igual que en la pobreza) serán mucho más sencillas.

“Lo que tengo, te doy”

Una vez que nuestro cuerpo está bien entrenado, puede ser sensible a las sensaciones del espíritu. Nuestro cuerpo será un conducto perfecto por medio del cual recogerá  información espiritual y liberará el espíritu. Cuando nuestro cuerpo está sometido y alineado con el alma y el espíritu mediante la disciplina a La Palabra de Dios, esto puede convertirse simplemente en una elección.

Podemos elegir recoger lo que sucede a nivel espiritual en nuestro entorno, concentrarnos y liberar poder y vida de nuestro espíritu para que sea adecuado. No importa si esa necesidad es sanidad, liberación, discernimiento, alegría o convicción, nuestro espíritu toma la decisión de liberar lo que tenemos y nuestro cuerpo lo libera libremente en la situación.

“No tengo plata ni oro —declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda! Y tomándolo por la mano derecha, lo levantó. Al instante los pies y los tobillos del hombre cobraron fuerza” (Hechos 3:6-7).

Dios diseñó nuestro cuerpo para el servicio espiritual, para expresar la gloria de Dios. Esperemos que funcione eficazmente en esa capacidad. Debemos disciplinarlo y comenzar a entrenarlo, usarlo de inmediato para este propósito. Esto requiere práctica…

Por Timothy Jorgensen
Tomado del libro: Aviva el fuego de tu don
Editorial Peniel

Aviva el Fuego de tu Don

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