Juntemos estrellas de mar

Lo que hacemos no es en vano

Por Evangelina Daldi

Hace algunos meses escuché una historia que me llevó a la reflexión y quiero compartirla con ustedes.

Resulta que cierto hombre estaba muy estresado, y su salud corría peligro. El médico le dijo que era una excelente oportunidad para tomarse unas vacaciones tranquilas. Al hombre, asustado por su salud y con ganas de descansar, le pareció una buena idea, así que emprendió viaje hacia una playa calma.

Un día, decidió hacer una caminata por la orilla del mar y tomar algo de aire fresco. Se sorprendió al ver que la costa estaba bañada de estrellas de mar; cientos de ellas yacían en la arena. Pensó, con pena, en cuán extraño era, y siguió su caminata.

Varios metros más adelante vio a una niña que arrojaba cosas al mar, aunque no podía ver con exactitud qué era lo que ella lanzaba al agua. Pero un poco más cerca se dio cuenta de que recogía estrellas y una por una las devolvía al mar.

La observó por algunos minutos mientras no pudo evitar pensar en el esfuerzo vano que la pequeña realizaba ya que había miles de estrellas y evidentemente ella sola no podría juntarlas a todas.

Así que decidió acercarse, y con curiosidad le preguntó: “Niña, ¿por qué te esfuerzas? ¿No te cansas de tirar estrellas? La playa es muy grande y hay miles por todos lados. No podrás devolverlas todas al mar. ¿No te parece que no haces ninguna diferencia?”.

Ella lo miró con cierta compasión y se volvió a tomar una estrella de la arena. La miró y contestó: “Quizá tenga razón y no pueda devolverlas todas al mar, pero seguramente para esta estrella sí haya diferencia”.

En cierto sentido es lógico que en esta época del año, con las altas temperaturas y cierto malestar social debido a problemáticas que afectan a parte de la sociedad haya una queja generalizada. Y esta queja y malestar merman muchas otras áreas de la vida de muchas personas por lo que ellas comienzan a ver todo el panorama oscuro. Y esto provoca que el foco se ponga en los problemas y en, muchas veces, las inútiles soluciones que vemos a simple vista.

No quisiera entrar por demás en este terreno. Cada persona vive una realidad, y pienso que es mejor “ponerse en los zapatos del otro” antes de emitir algún juicio de valor. Pero si de algo estoy segura es que debemos tomar una decisión con respecto a qué actitud vamos a tomar para este año. Y la mía, no porque fuera modelo, sino a modo de compartirlo con ustedes, es pensar en que no importa lo negras que puedan verse las nubes, sino en que aun lo más pequeño puede marcar la diferencia para alguien, incluso para mí.

A veces esperamos que sea lo que sea que hagamos cambie el mundo. Y tal vez esto no suceda literalmente, pero sí puede cambiar mi mundo, el de alguien cercano o incluso el de algún desconocido.

Quizá no podamos cambiar el hambre en la Argentina, quizá la pobreza no mejore con el aporte que podamos hacer, incluso hasta el índice de alfabetización siga igual, pero tal vez alguien tenga menos hambre hoy, quizá la donación de algo pueda mejorar notablemente la vida de una familia o quizá ayudemos a un niño a que apruebe su examen de matemática. Incluso podríamos hablar de cosas no materiales. Un buen trato puede sorprender gratamente a la cajera del supermercado. Quizá la expresión de buenos augurios por este año nuevo pueda establecer una relación más cercana con el vecino. Quizá una sonrisa cordial al mozo de un restaurant pueda aliviar su presión.

Pequeñas cosas. Cosas hasta insignificantes pero que pueden marcar la diferencia. Seguramente no traerán soluciones mundiales. Pero reflejarán un espíritu diferente sin ninguna duda.

Es mi deseo que esta actitud pueda verse hoy más que nunca en aquellos que fuimos salvados por el Señor Jesucristo, aquellos que hemos recibido una esperanza inquebrantable, aquellos con la misión de llevar las Buenas Nuevas del Reino. Es decir, nosotros, todos.

Saquemos un poco la mirada en la corrupción, la falta de algún bien, la inseguridad y los precios, y pongámosla en la esperanza, el amor y el servicio. Pongámosla en la familia y en los amigos, en los hermanos y en aquellos que nos rodean. Y llenémonos de ese gozo y esa paz que solo Jesucristo puede darnos, y reflejémosla al mundo, a tu mundo.

¡Muy feliz 2014!

Por Evangelina Daldi
redacción@lacorriente.com

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