El autocuidado de la salud

Debemos ser activos en el cuidado de nuestro cuerpo

Por Daniel Rota & la Lic. Élida de Rota

El autocuidado de la salud mental implica un trabajo necesario para mantener la autoestima en su posición correcta, frente a las declinantes capacidades personales y el control de la tristeza y/o la depresión resultante de las pérdidas.

Los cambios normales y esperables por el paso de los años, exigen rever el concepto que se tiene de sí mismo y de la propia identidad, lo cual es central para la reconstrucción de la autoestima. Es necesario ayudarse a sí mismo, comprendiendo que, en un envejecer lucido, la pérdida o la disminución de las funciones psíquicas son normales. Solo hay que reconocerlo y reacomodarse de manera creativa y positiva. La etapa de la vida que transita el adulto mayor, presenta problemas específicos cuya solución, muchas veces, es aceptarlos como típicos de la edad, adaptándose a los cambios, realizando ajustes concretos en el yo.

La normalidad en la vejez, no es lo mismo que el concepto de salud, como ausencia de enfermedad, sino que una sana vejez es aquella en que se está en condiciones de hacerse cargo de la salud y de la enfermedad. Es aquella que se vive con alegría y espontaneidad.

Una de las cosas que ayudan a mantener la salud en el área mental es desechar todas las ideas y pensamientos que pudieran llevar a la desesperanza. Los pensamientos negativos y pesimistas. Rechazar el “no puedo, “es imposible”, “no va más”, “estoy cansado de todo”, etc. Porque estas son frases que llevan a sentimientos de renuncia, de impotencia, de derrota. La esperanza, en cambio, es una fuerza interior que nos impulsa a seguir adelante a pesar de los sufrimientos. Debemos confiar en nosotros mismos, y a seguir adelante buscando soluciones.

Entonces, en cuanto al autocuidado de la mente, podemos afirmar que una vejez mentalmente sana es aquella que disfruta de la esperanza, que mira hacia delante con optimismo, a pesar de las pérdidas, los dolores y sufrimientos. Desde esta perspectiva, surgen frases como: “Las cosas pueden cambiar”, “Confía. Hay un futuro mejor”, “Hay cosas nuevas por delante”, “Adelante, sigamos que se puede”, etc.

Apoyarse en la esperanza es afirmarse en las propias fuerzas en la fe, en la confianza, en el consuelo, en la fuerza de voluntad, en el ánimo alegre, en el sentido de la vida, en las fortalezas internas. Es apoyarse en otros y, por sobre todo, apoyarse en Dios. Tener esperanza es creer que las cosas pueden soportarse, y aun cambiar, y sonreírle a la vida un poco cada día. Tener esperanza produce fuerzas, en todo sentido, desde fuerzas anímicas hasta fuerzas físicas. Desechar la desesperanza y cultivar la esperanza es una decisión, un estilo de vida que eleva la calidad de vida del adulto mayor, y repercute en bien de quienes lo rodean.

Los declives cognitivos en los adultos sin problemas orgánicos del cerebro, tienen poco efecto sobre la vida diaria, pero la falta de estímulo cognitivo, son la causa de gran parte de los declives que presentan muchas personas mayores. Gran parte del deterioro en la función cognitiva relacionada con la edad, puede prevenirse si el entorno les proporciona un estímulo cognitivo adecuado.

Es frecuente y normal que el envejecimiento se acompañe de cierta declinación de las funciones cognitivas, como la velocidad del procesamiento, la capacidad de atención, la flexibilidad mental y las capacidades de la memoria.

Aun así, puede afirmarse, por estudios que se han hecho, que las pérdidas cognitivas entre los adultos sanos, no son tan graves como el común de la gente cree. Muchos cambios biológicos en la tercera edad, tienen que ver con el funcionamiento cognitivo. El envejecer está asociado con los cambios en el cerebro y el sistema nervioso, pero en los individuos sanos, las consecuencias prácticas son relativamente poco importantes.

De la forma como perciba el declive de su salud, dependerá si genera o no estrategias de acción para su propio bien en cuanto a su autocuidado.

Nuestra espiritualidad

Los profesionales que trabajan con adultos mayores entienden que la fe y la espiritualidad en esta etapa, promueven conductas positivas para la salud mental, y que la religión, en general, genera o propicia un estilo de vida saludable. Ellos afirman que la religiosidad promueve mecanismos psicológicos adaptativos ante el envejecimiento, la enfermedad y el sufrimiento. Está relacionada con una alta autoestima y deseo de vivir, esperanza, sentimiento de trascendencia o continuidad entre la vida y la muerte.

La esperanza es un sentimiento esencial del ser humano, el alimento del deseo de vivir. Lo contrario, la desesperanza, se asocia con el aumento de la mortalidad y con la mala calidad de vida. En este ámbito se considera a la fe y al optimismo como componentes que pueden actuar sobre los centros cerebrales asociados con el bienestar, y producir relajación mental.

Nuestros pensamientos

El apóstol Pablo, en Romanos 12:2, dice: “…cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir…” (Dhh). Nuestra manera de pensar debe cambiarse y llenarse de la mente de Cristo. Es preciso pensar las cosas como las enseña Jesús. Se podría decir que pensar bíblicamente es pensar cristianamente. Para poder llegar a esto, tenemos que ingresar en nuestra mente ideas que tengan que ver con lo espiritual. Esto implica, leer mucho La Biblia, escuchar acerca de Dios y conversar sobre temas espirituales. De esta forma, estaremos estimulando nuestra mente con conceptos que enseña Dios.

Esto nos ayudará, junto al Espíritu Santo, a pensar y entender las cosas de acuerdo a la voluntad de Dios, y tener la mente de Cristo. ¿Alimentamos nuestra mente con el consejo de Dios? Pablo dice: “… consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio” (Filipenses 4:8). El consejo es que llenemos nuestra mente de cosas buenas.

Por Daniel Rota & la Lic. Élida de Rota
Tomado del libro: El adulto mayor y su salud
Distribuidora Alianza

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