Aprovechar el tiempo al máximo

Debemos vivir la vida hoy

Por Mark Cahill

Cuando entras en una cancha básquet, siempre hay un marcador con un reloj. Cierto día, miré ese reloj y vi que estaba en cuenta regresiva. Cinco, cuatro, tres dos uno, cero; sonó la bocina y terminó el partido.

Ahí me di cuenta de algo: nuestras vidas son exactamente así. Nuestro reloj está en cuenta regresiva, y un día moriremos. El reloj siempre camina. Lo único que no sabemos es cuánto tiempo nos queda.

Lo que sí sabemos con certeza es una cosa: el reloj marca el tiempo. Tic-tac ti-tac tic-tac… ¿qué vas a hacer con el tiempo que te queda?

Charles Spurgeon dijo: “¡Escucha por un momento el tic-tac de ese reloj! Es el latir del pulso de la eternidad. ¡Es el paso de la muerte que te persigue! ¡Con cada tic-tac de ese reloj, los pasos de la muerte se acercan hacia ti!”.

Y él también dijo: “ ¡Escucha el tic-tac del reloj! Al ritmo del péndulo que se columpia de un lado a otro, le dice a algunos de ustedes: ‘¡Ahora o nunca! ¡Ahora o nunca! ¡Ahora o nunca!’ ¿Le confiarías tu alma a Jesús?”.

Dios nos advierte que debemos aprovechar al máximo cada minuto que tenemos: aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Efesios 5:16).

Debes aprovechar tu tiempo al máximo. Vivimos en tiempos malos. Vemos cosas pasar hoy en día que muchos de nosotros nunca pensamos que llegaríamos a ver en nuestra vida; sin embargo, suceden.

Si regalas tu camisa, puedes ir a la tienda y comprarte otra. Si regalas $100, puedes buscarte un trabajo y ganarte el dinero de vuelta. Pero el tiempo es algo que una vez que se te da, nunca puedes volver a tener.

Dios sabe qué día naciste y qué día morirás. Tu tiempo sobre la Tierra tiene fin y se te escapa, tiene un límite definitivo. Pero tu tiempo al salir de este mundo es infinito.

¿Qué vas a hacer con tu tiempo aquí para asegurar que tu eternidad esté llena de gozo?

Una de las cosas más sorprendentes que puedes hacer es leer lo que la gente ha dicho antes de morir, la declaración que hicieron en su último aliento. Puedes aprender mucho de lo que era importante para esta gente al leer lo que dijeron. Y quizá te dé un poco de luz respecto a lo que les esperaba después de ese último aliento.

Las siguientes citas se tomaron del libro La Biblia de evidencia de Ray Confort.

 Cardenal Borgia: “He provisto en el curso de mi vida para todo excepto para la muerte, y ahora, he aquí muero sin preparación”.

Thomas Hobbs: (autor ateo del libro “Leviathan” escrito para justificar el gobierno de monarcas absolutos y la opresión del pueblo): “Estoy a punto de zarpar en mi último viaje; un gran salto hacia las tinieblas”.

Ana Bolena: (esposa de Enrique VIII, que la hizo ejecutar): “Oh, Dios, ten misericordia de mi alma. Oh Dios, ten misericordia de mi alma”.

Enrique, el príncipe de Gales: “Atad una cuerda alrededor de mi cuerpo, haladme de la cama y hacedme yacer en cenizas, para que pueda morir con oraciones de arrepentimiento a un Dios ofendido. ¡Oh! En vano deseo por ese tiempo que perdí con vosotros y otros en vanas recreaciones”.

Sócrates: “Toda sabiduría de este mundo es apenas una diminuta balsa en que debemos zarpar cuando dejamos esta Tierra. Si tan solo hubiera una fundación más firme en que zarpar, quizás una palabra divina”.

Felipe III, rey de Francia: “¡Qué cuentas tengo que entregarle a Dios! Cómo quisiera haber vivido de manera distinta a como viví”.

Voltaire (filósofo escéptico): “¡He sido abandonado por Dios y el hombre! Te daré la mitad de lo que valgo si me das seis mesas más de vida. Luego iré al infierno y tú irás conmigo. ¡Oh Cristo! ¡O Jesucristo!”. Este talentoso escritor francés dijo una vez de Jesús: “¡Maldito desgraciado!”.

Karl Marx: “¡Vamos, salid de aquí! ¡Las últimas palabras son para los tontos que no han dicho lo suficiente!”.

Napoleón: “Me maravillo de cómo y dónde los sueños ambiciosos que yo tenía, y los de Alejandro y César, se desvanecieron en el aire; un campesino judío, Jesús, pudo estrechar sus brazos a lo largo de los siglos y controlar los destinos del hombre y las naciones”.

Jonathan Edwards (evangelista): “Confía en Dios y no tendrás nada que temer”.

Patrick Henry: “Doctor, quisiera que observara lo real y beneficiosa que es la religión de Cristo para un hombre que está a punto de morir…” (En su testimonio escribió: “Esta es toda la herencia que le dejo a mi querida familia: la religión de Cristo que le dará a cada uno lo que los hará verdaderamente ricos”).

D. L. Moody (evangelista): “Veo la tierra alejándose y el cielo abriéndose. Dios me está llamando”.

William Shakespeare: “Encomiendo mi alma a las manos de Dios, mi Creador, esperando y con seguridad creyendo, solo a través de los méritos de Jesucristo, mi Salvador, que tendré parte de la vida eterna; y mi cuerpo a la Tierra, de donde fue hecho”.

Martín Lutero: “¡En tus manos encomiendo mi espíritu! Tú me has redimido, Oh Dios de verdad”.

Cuando John Owen, el gran puritano, yacía en su lecho de muerte, hizo que su secretaria le escribiera a un amigo: “Todavía estoy en la Tierra de los vivientes”. Luego, exclamó: “¡Alto! Cambia eso por “todavía estoy en la Tierra de los que mueren, pero pronto espero estar en la tierra de los vivientes”.

El tiempo pasa, pero oportunamente se detiene para cada uno de nosotros en este ámbito físico. Tu último aliento podría ser hoy. De ser así, ¿cuáles serían tus últimas palabras?

Tomado del libro: A un solo latido de distancia
Por Mark Cahill
BDM Publishing

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