Dejar de vivir “entre”

Pasos concretos que te acercarán a tu propósito

Por J. Lee Grady

Hace poco tiempo, pasé por una pequeña comunidad llamada Entre (Georgia, Estados Unidos). Con tan solo 148 habitantes, aquel lugar no tiene mucho sobre lo que pueda escribirse. Su nombre es debido a que está a medio camino entre Atlanta y Athens. Mientras pasaba por allí, no pude evitar imaginarse la reacción extraña que recibiría si viviera allí.

¿De dónde eres?¾ alguien preguntaría.

Vivo en Entre.

¿Entre qué?

En Entre, Georgia.

¿Entre Georgia y qué?

Yo dudo que alguna vez me vaya a vivir a aquel lugar, pero la verdad es que muchos de nosotros viven “entre” ya que estamos en una gran transición. Algunos de nosotros saben hacia dónde vamos, pero quizá nos sentimos estancados a mitad de camino. O tal vez sentimos que Dios nos está moviendo hacia un nuevo ministerio, pero que el proceso de llegar allí está avanzando poco a poco tan rápido una tortuga.

He luchado contra todas las emociones que acompañan una transición. He batallado contra dudas (“¿Prometió Dios realmente esto?”), contra miedos (“¿Qué sucederá si Dios no provee?”), contra confusiones (“La semana pasada estaba seguro, pero esta no lo estoy) y contra la impaciencia (“Señor, necesito algunas respuestas ahora”). Pero también he descubierto algunas cosas que podemos hacer para hacer más llevadera la transición.

1.     Suelta el pasado.

A veces terminamos en un limbo espiritual porque nos aferramos a recuerdos, relaciones o aquello que es seguro o confortable. Cuando Noemí sintió que era llamada a regresar a Belén, su nuera Orfa se negó a ir porque ella prefería lo que le resultaba culturalmente familiar. Deja la nostalgia atrás.

2.     Renuncia a tus dudas. Es fácil caer en la trampa del “ánimo doble”. Decimos que queremos ir hacia la tierra prometida, pero caminamos arrastrando los pies. Decimos que queremos avanzar hacia delante, pero actuamos como un auto que intenta andar con el freno de mano puesto. ¡La fe requiere que quites el freno!

Santiago le advierte a la persona con doble ánimo: Pero que pida con fe, sin dudar, porque quien duda es como las olas del mar, agitadas y llevadas de un lado a otro por el viento. Quien es así no piense que va a recibir cosa alguna del Señor” (Santiago 1:6-7). La duda te detendrá de avanzar hacia delante.

3.     Dale la bienvenida a aquellos que Dios te envíe para ayudarte. El Cuerpo de Cristo tiene muchos miembros, y aquellos que tengan dones como el de profecía, de intercesión, de consejo y de ánimo siempre aparecerán cuando estés en un momento estratégico de transición. Cuando Moisés estuvo cansado de la batalla y casi no podía encontrar fuerzas para orar, Dios le envió a Aarón y a Ur para que levantaran sus brazos (vea Éxodo 17:12). Cuando María quedó perpleja frente a la difícil tarea de llevar al Mesías en su vientre, Elizabeth soltó una bendición profética sobre ella (Lucas 1:41-45).

No atravieses la transición solo. Pídele a tus amigos que oren por ti. Ellos son las parteras que te ayudarán a dar a luz las promesas que Dios cuando tú no tengas fuerza.

4.     Pelea por tus promesas. El diablo es un ladrón, y él no quiere que recibamos las promesas de Dios ni que avancemos hacia nuevos territorios. Esta es la razón por la que tú debes empuñar esas promesas como armas. Pablo le dijo a Timoteo que peleara la buena batalla apoyado en las promesas que antes se habían hecho acerca de él (1 Timoteo 1:18). Declara las promesas proféticas sobre ti. Su Palabra quebrará toda resistencia satánica.

5.     Mantente cerca del Pastor. Recientemente cuatro personas me dieron la misma promesa del Salmo 32:8: “Yo te instruiré,
yo te mostraré el camino que debes seguir;
yo te daré consejos y velaré por ti”. Es reconfortante saber que el Señor tiene un cuidado cercano y personal para nosotros durante los tiempos vulnerables de la transición.

Dios conoce tu destino final. Él se ha comprometido a guiarte, aún cuando tengas que caminar por el valle de sombre y de muerte para llegar allí. El Señor no te dejará en la tierra “Entre”. Con su vara y con su cayado Él te introducirá en tu territorio de promesa.

Por J. Lee Grady

Editor de la revista Charisma.

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*