Consecuencias visibles

Cuando estamos llenos del Espíritu Santo, se nota

Por Charles C. Ryrie

Ser lleno del Espíritu es ser dirigido por Él. Y para ser dirigido de este modo se hace necesaria la dedicación de la vida, la victoria sobre el poder del pecado que impera y una dependencia constante del Espíritu. Estas son las condiciones para ser gobernado por el Espíritu. La oración y el esfuerzo humano tiene su lugar, ya que nos ayudan a reunir las condiciones necesarias, pero una vez que se dan las condiciones, el Espíritu se hace cargo automáticamente. No debiéramos centrar la atención en las oraciones para pedir que seamos llenos del Espíritu; más bien tendríamos que procurar ser sensibles a estas condiciones, porque cuando se cumplen, se experimenta la plenitud.

Cuando somos llenos del Espíritu podemos comprender y valorar por experiencia todos los ministerios del Espíritu. Por ejemplo, aunque el creyente está sellado, regenerado y bautizado y el Espíritu mora en él ―ya sea que se dé cuenta o no― tan pronto sea lleno del Espíritu, comenzará a darse cuenta de dichas realidades y  disfrutar de los beneficios de las mismas. Además de esto, sin embargo, en Las Escrituras se vincula el hecho de ser lleno con algunos otros ministerios del Espíritu. Se los puede clasificar adecuadamente como consecuencias directas del disfrute del Espíritu o de su guía y control.

Carácter como el de Cristo

En Gálatas 5, el fruto del Espíritu está inseparablemente ligado al ser lleno de Él. Allí Pablo hace un contraste entre las obras de la carne y el fruto del Espíritu. Afirma que el modo de evitar los deseos de la carne es el de caminar dependiendo del Espíritu, lo cual es condición para ser lleno. Luego, describe gráficamente los dedeos de la carne y los compara con el fruto del Espíritu. A menudo se ha señalado que dicho fruto, producto de ser lleno del Espíritu, es un cuadro perfecto de la semejanza a Cristo. Y así es. Por lo tanto, podemos decir que una de las consecuencias del hecho de ser lleno del Espíritu Santo es la manifestación de las características que nos hacen semejantes a Cristo.

La adoración y la alabanza

El versículo clásico sobre la plenitud del Espíritu (Efesios 5:18) viene seguido inmediatamente de por no menos cuatro consecuencias que se derivan de la misma. La primera es la expresión audible de manifestaciones de alabanza, hablando “unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales”. La segunda es la expresión interior, inaudible, de alabanza, “canten y alaben al Señor con el corazón”. La tercera consecuencia de la vida regida por el Espíritu es un corazón agradecido.

La sumisión

Otra consecuencia de estar lleno del Espíritu es la sumisión de unos a otros, sumisión que tiene su influencia en todas las relaciones de la vida, de tal modo que reinarán la paz y la armonía entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre patrones y empleados. Si el yo está en control, las manifestaciones serán las del yo egoísta, lo cual destruirá la armonía que debería existir en todas las relaciones interpersonales.

El servicio

“En el último día, el más solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: `¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba!  De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva´. Con esto se refería al Espíritu que habrían de recibir más tarde los que creyeran en él. Hasta ese momento el Espíritu no había sido dado, porque Jesús no había sido glorificado todavía” (Juan 7:37-39).

Las palabras de este texto se pronunciaron en el octavo día de la fiesta de los tabernáculos. Westcott escribió en su libro El Evangelio según Juan:  “La figura parece haberse originado en las libaciones de agua traídas del Siloé en un vaso de oro y que se ofrecían junto con el sacrificio matutino en cada uno de los siete días de la fiesta, mientras se cantaba Isaías 12:3. No se sabe con seguridad si la libación se efectuaba también en el octavo día. En caso de que no se hiciera, el hecho significativo de la supresión de este notable rito en dicho día de la fiesta haría resaltar más las palabras del Señor”.

Cuando se recibe a Cristo, no es solamente que la sed espiritual del propio individuo se satisface, sino que la bendición que recibe se transforma en bendición para otros. El creyente no solo se satisface a sí mismo, sino que lo que recibe desborda y se convierte en servicio para los demás. Este desbordamiento es ministerio del Espíritu que actúa dirigiendo la vida del creyente; y, según las palabras del propio Señor, se trata de un ministerio característico de la época actual.

El que nos demos cuenta cabalmente de la existencia de otros ministerios del Espíritu depende de que seamos llenos de Él. Con todo, de un modo particular estos tres parecerían dependen más concretamente de que seamos llenos del Espíritu. Ser llevo equivale a que el Espíritu tenga dominio completo (total y exclusivo) de todas las cuestiones y áreas de la vida del cristiano. Este tipo de domino constituye un requisito previo para adquirir la semejanza a Cristo, para la alabanza y para el servicio.

La solución de los problemas que aquejan a la iglesia hoy está en resolver los problemas del cristiano individual, y la solución para estos últimos es una Persona: el Espíritu Santo. Él es el antídoto para todo error, el poder para toda debilidad, la victoria para toda derrota, y la respuesta para toda necesidad. Está a disposición de todo creyente, por cuanto mora en su corazón y en su vida. La respuesta y el poder ya nos han sido dados porque el Espíritu Santo mora en nosotros.

Por Charles C. Ryrie
Tomado del libro:  El Espíritu Santo
Unilit

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