Una autoimagen pobre

Este factor es vital a la hora de cumplir el propósito de Dios para nosotros

Por Joyce Meyer

Hay una historia que me impresionó. Se encuentra en Números 13. Moisés envió a doce hombres a explorar la tierra prometida para que vieran si era buena o mala. Diez de esos hombres regresaron entregando un informe muy negativo. Solo dos de los exploradores, Caleb y Josué, tenían la actitud que Dios quería que tuvieran.

Cuando los doce exploradores volvieron de su viaje, dijeron a Moisés: Fuimos al país al que nos enviaste, ¡y por cierto que allí abundan la leche y la miel” (Números 13:27). Luego dijeron: “Pero el pueblo que allí habita es poderoso, y sus ciudades son enormes y están fortificadas. Hasta vimos anaquitas allí” (Números 13:28). En otras palabras, ¡la tierra es buena, pero hay gigantes en ella! El miedo a los gigantes impidió que ellos entraran a la tierra que Él había prometido darles. Ellos solo vieron a los gigantes; fracasaron en ver a Dios.

No fueron realmente los gigantes que vencieron a esta gente, fue su autoimagen pobre. Fue la actitud equivocada acerca de sí mismos. Vieron a otros como gigantes y a sí mismos como langostas.

Josué y Caleb fueron los únicos que tuvieron la actitud correcta respecto de la tierra. Ellos dijeron a Moisés y a la gente: “Subamos a conquistar esa tierra. Estoy seguro de que podremos hacerlo” (Números 13:30). Y al final, Dios permitió que ellos dos fueran los únicos que llegaran a la tierra prometida.

Dios tenía un glorioso futuro planificado para todos los israelitas, pero no todos llegaron a ver ese futuro. Solo lo vieron los que tenían la actitud correcta acerca de Dios y de sí mismos.

“Subamos luego y tomemos posesión de ella”. ¡Esa es una declaración victoriosa! ¡Es una excelente actitud!

Podemos tener una autoimagen de langosta, y ella afectará adversamente nuestro futuro. Sea lo que sea que Dios haya planificado para nosotros, no lo experimentaremos nunca a menos que estemos de acuerdo con Él. Dios no tiene una mala actitud hacia ti; por lo tanto, ¡tú no deberías tenerla acerca de ti mismo! El apóstol Pablo quería hacer las cosas correctamente, pero se dio cuenta de que a pesar de crecer nunca manifestaría ciento por cuento de perfección. “No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí” (Filipenses 3:12). En ese versículo, dice que ha olvidado lo que quedó atrás y que se esfuerza para ver lo que le espera más adelante.

Vemos este principio muchas veces en La Palabra de Dios. El profeta Isaías tuvo la misma revelación cuando transmitió el mensaje de Dios: “Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados” (Isaías 43: 18-19).

Prácticamente, cada persona necesita hacer algo para mejorar su autoimagen. Se necesita tiempo para realmente entender la esperanza que Dios quiere darnos acerca de nuestro propio crecimiento.

Es tan maravilloso y alentador el hecho de saber que cuando todos los demás solo ven nuestras faltas, Dios continúa viendo nuestras posibilidades.

En mi experiencia personal, el Señor no esperó a que yo estuviera totalmente “arreglada o reparada” antes de preocuparse de mí. Él empezó conmigo en el punto en que yo realmente estaba y Él ha sido quien me ha llevado al punto en que hoy me encuentro. Estoy convencida de que hará lo mismo contigo.

Elegido por el Señor

Dios tiene un propósito al elegir a aquellos que son los candidatos menos apropiados para el trabajo. Al hacer eso, Él tiene una puerta abierta al máximo para mostrar su gracia, misericordia y poder para cambiar las vidas humanas.

Cuando Dios usa a una persona como yo y a muchos otros, nos damos cuenta de que la fuente no está en nosotros mismos, sino solamente en Él: Pues la locura de Dios es más sabia que la sabiduría humana, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fuerza humana” (1 Corintios 1:25).

Cada uno de nosotros tiene un destino, y no hay excusa para no conseguirlo. No podemos usar nuestras debilidades como excusa, porque Dos dice que su poder se perfecciona en la debilidad (2 Corintios 12:9). Tampoco podemos usar nuestro pasado como excusa, porque Dios nos dice a través del apóstol Pablo que si alguno está en Cristo, es una nueva criatura; que las cosas viejas pasaron y que todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17).

Lo que nos aleja de lograr lo que queremos no es cómo nos ve Dios, ese no es el problema. El problema es cómo nos vemos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros puede lograr llegar a ser lo que Dios quiere que seamos.

Busca un tiempo para estar contigo y hacer un inventario acerca de cómo te sientes contigo mismo. ¿Cuál es la imagen que tienes de ti? ¿Cuál es la fotografía interna que tienes de ti? Cuando la sacas al exterior y la miras, ¿te pareces a una langosta? ¿Ves a una criatura sin esperanza a la que nadie ama? ¿O te ves a ti mismo como recreado a la imagen de Dios, resucitado a una vida totalmente nueva que solo espera que tú la reclames?

Por Joyce Meyer
Tomado del libro: Cómo tener éxito en aceptarte a ti mismo
Unilit

Como Tener Exito en Aceptarte a Ti Mismo, Serie Favoritos (Ed. Bolsillo)

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