“Oren con nosotros y no por nosotros”

Cómo interceder por la iglesia perseguida

“La historia de las misiones es la historia de oraciones respondidas”, dijo Samuel Zwemer, pionero en las misiones entre los musulmanes. En un tiempo donde la luz del evangelio está penetrando en la más densa oscuridad, nuestra intercesión es esencial para que los misioneros y la iglesia perseguida puedan prevalecer.

 Me parece ver la imponente figura de Moisés recortada por el sol con sus manos en alto en la cima del monte, junto a Aarón y Hur a sus costados sosteniendo sus brazos. En el valle, en plena batalla, está a Josué con los israelitas peleando contra los amalecitas. Cuenta el relato que, cuando los brazos de Moisés bajaban, el ejército de Israel cedía ante el enemigo, pero cuando se levantaban, nuevamente prevalecían.

Esta impactante imagen es para mí un cuadro perfecto que ilustra el valor de la oración intercesora a favor de quienes están en plena batalla llevando el Evangelio a tierras hostiles. Recuerdo también a los primeros cristianos intercediendo fervientemente por confianza y valor, y cómo fueron llenos del Espíritu Santo y predicaban con autoridad. Del mismo modo, aquellas oraciones a favor de Pedro, quien estaba encarcelado, y cómo fue liberado milagrosamente por el ángel, ¡nuestra intercesión hace diferencia! Más aún, es decisiva y esencial para que Dios obre en nuestro favor. Sin Él no podemos hacer nada, pero sin nosotros Dios tampoco lo hará.

Muchos cristianos encuentran difícil creer que sus “pequeñas” oraciones pueden representar realmente una diferencia en el curso de la Iglesia alrededor del mundo. Está más allá del límite de su razón, pero esta es una decisión soberana de Dios, y Él ha resuelto que nosotros seamos sus colaboradores para cumplir con sus propósitos.

La oración no solo es un buen sentimiento o una actitud noble. No es una clase vaga de influencia que flota alrededor y que puede esperanzadamente hacer a alguien cierto bien. La oración es la parte que representamos en enfocar el propósito y el poder de Dios sobre un punto específico de necesidad. Dios nos ha dado el privilegio y la responsabilidad de realizar su voluntad tanto en la tierra como en el cielo. Nos promete respaldar nuestras oraciones de fe con su poder y autoridad ¡Los que interceden cambian el rumbo de las cosas!

No podemos olvidarnos que cada uno de nosotros es fruto de la oración intercesora de alguien que clamó a Dios para que nuestros ojos fueran abiertos y recibiéramos el mensaje de salvación. Jesucristo mismo lleva más de veinte siglos intercediendo por nosotros; todo lo que Dios hace en y por medio de su Pueblo está constantemente afectado por ella.

Intercesión significa mediar, entregarse a sí mismo, inclinarse a intervenir y también “pagar el precio de la intervención”. Cristo mismo fue el mejor ejemplo de esta definición al ir a la cruz a pagar el precio de la intervención por nuestros pecados. Él es en realidad el “mediador” perfecto.

Es cierto que la intercesión es una manera específica de orar, pero es mucho más que eso. Es un estilo de vida. Cristo no participaba simplemente en el ministerio de la intercesión; su manera de vivir se caracterizó por un espíritu intercesor. Jesús fue un dador amoroso y su mayor regalo fue Él mismo. La Biblia dice que dio su vida en rescate por muchos, y así, el mayor don de Cristo para un mundo perdido es nuestra intercesión. Mediante esa intercesión el mundo llegará a conocele.

 

Un asunto de vida o muerte

La intercesión nunca es más vital que cuando concierne a la Iglesia perseguida en el mundo, a sus líderes y aquellos valientes misioneros que trabajan en países con régimen de intolerancia religiosa, en una cultura idólatra y en una fuerte opresión espiritual. En la actualidad, sigue habiendo mártires que dan su vida por la causa de Cristo, y hay hermanos que sufren gran persecución.

Una información que no podemos ignorar es que, según la Conferencia Internacional sobre el diálogo Interreligioso, cada cinco minutos un cristiano muere víctima de la persecución. Esto resulta en al menos ciento cinco mil cristianos muriendo cada año. Las muertes ocurren mayormente en el Medio Oriente o en países africanos.

Como parte de la misma Iglesia y miembros de un mismo Cuerpo es necesario tomar conciencia de esta realidad, conocer lo que acontece y ponernos en la brecha para orar a favor de ellos.

La Iglesia se ha comprometido en la evangelización a través del envío de misioneros. Hoy existen unos diez mil misioneros latinoamericanos, pero una reciente investigación realizada por iniciativa de COMIBAM Internacional a través de un equipo de investigación cuyo enfoque fue descubrir las fortalezas y debilidades del movimiento misionero iberoamericano, reveló que solo un 33 % de los misioneros en el campo tienen un grupo de intercesión en sus iglesias de origen, y el 50 % no lo tienen. Esta situación nos muestra la aparente falta de interés de la Iglesia para interceder por sus misioneros.

Esto puede ser debido a diferentes factores. Por ejemplo, la falta de comunicación, que implica un desconocimiento de las necesidades personales de sus misioneros o de las situaciones difíciles que enfrentan al desarrollar su ministerio entre los no alcanzados. También es importante señalar la poca insistencia de los movimientos evangélicos en la trascendencia que tiene la intercesión misionera.

“La iglesia en occidente debe tomar conciencia de la gravedad de la situación que padecen los misioneros y cristianos del norte de África y Medio Oriente”, contó el hermano Santiago, uno de los líderes de una agencia misionera llamada MEC preocupada por la persecución de cristianos en aquella región. “Hoy los grupos cristianos distribuidos en países musulmanes están en una situación de gran riesgo, inmersos en una crisis aún más profunda que antes debido a los cambios políticos, el vacío de normas y leyes en medio de una guerra entre distintas facciones radicalizadas islámicas”.

Santiago, quien trabajó muchos años como misionero en países musulmanes, y visitó días atrás la Argentina para concientizar a la Iglesia de las condiciones de nuestros hermanos, explicó que la persecución se ha intensificado a partir de la llamada “primavera árabe”, un movimiento social que significó reemplazar algunos gobiernos totalitarios por otros que siguen sosteniendo la agenda de profundizar la islamización de la sociedad.

“Los grupos extremistas han dejado de ser controlados, y tienen en la mira a las minorías cristianas. Hoy hay una fuerte persecución en Siria, Iraq, Irán, Egipto, Kenia y otros países de la región. El propósito de estos ataques es la intimidación para que abandonen la fe. Quizás la Iglesia latina esté despertando a esta realidad porque las noticias han saltado a la tapa de los diarios, pero todavía lo ve como algo distante de ella. Sin embargo, somos miembros del mismo Cuerpo, y deberíamos reaccionar de una manera más activa para reclamar justicia tomando con responsabilidad interceder en oración y reclamar por los derechos de los hermanos en Cristo”, dijo.

Este misionero contó que, pese a la persecución, la Iglesia es ferviente, comprometida y entregada a llevar esperanza a una población sufriente que, por las crisis sociales, están con gran necesidad espiritual. “Muchas de las iglesias perseguidas han hecho enormes esfuerzos por ayudar a la comunidad y sus necesidades. Entienden que el prójimo no es solo los que comparten su fe sino cualquier otro que necesita ayuda, y toman esta crisis como una oportunidad para compartir quién es Cristo en su vida. Por encima del conflicto y el sufrimiento, la clave es la palabra de esperanza”.

Orar con ellos y no por ellos

A la hora interceder por estos hermanos “los líderes nos han dicho que esperan que la Iglesia no ore por ellos sino con ellos. Que no oren para que se termine la persecución sino para no ceder y permitir que miles se conviertan a Cristo. Ellos toman la persecución como algo natural, tal como Jesús expresó que tendríamos oposición. Pero esperan que se les apoye en oración para ser fieles hasta la muerte. La oración es vital pero debe ser informada. Debe haber información fidedigna para alimentar la oración, y esto debe ser una preocupación de las iglesias occidentales”, expresó Santiago, de oriundo de Malasia.

Es indudable que tenemos una deuda con nuestros hermanos de las iglesias perseguidas. Nos corresponde interesarnos por lo que viven y pararnos en la brecha con ellos para interceder sabiamente como lo necesitan. Porque mientras atraviesan esta aflicción, Dios los hace cada día más firmes y maduros.

Como expresó un líder de la Sociedad Bíblica de Egipto: “Nuestro anhelo más ferviente es conocer a Cristo, el poder de su resurrección y llegar a conocerle también en sus padecimientos. Esto purifica a la Iglesia del Señor. No estamos ansiosos por el fin del sufrimiento sino que, en medio de esta situación, podamos vivir una vida santa y victoriosa, que atraiga a los que sufren tanto como nosotros, por motivo de nuestra manera de vivir la esperanza”.

Un paso práctico para poder pararnos en la brecha por nuestros hermanos es pedirle al Señor de la mies que lo dirija a usted en cuanto al país y las personas con los cuales debería comprometerse a interceder. Decida delante del Señor qué tiempo separará cada día para esta tarea. Comience poco a poco, dejando que la experiencia extienda las fronteras; más vale sumar que restar tiempo. Aprenda todo lo que pueda sobre su objetivo de oración, y ore por cada situación y necesidad. Clame por los líderes políticos como así también por los líderes cristianos. Ore para que las personas sean salvas.

Escríbale a los misioneros o líderes de ese país, pidiéndole motivos específicos de oración. Pídale que le escriban cuando enfrenten luchas de gravedad para que pueda apoyarlos en oración en medio de la prueba. Permítale que el Señor imprima en su corazón cosas especiales por las cuales orar mientras separa tiempo para esperar en Él. Dios conoce las necesidades mejor que nadie.

Somos parte unos de los otros, y por eso somos responsables unos de los otros. Como hermanos de una misma familia, como miembros del mismo Cuerpo, como soldados del Ejército de Cristo, intercedamos sabiendo que si dos o tres nos ponemos de acuerdo, todo lo que atemos en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatemos en la tierra, será desatado en los cielos; y cualquier cosa que pidamos en la tierra, será hecho por nuestro Padre en los cielos.

Por Roberto Vilaseca

Día Internacional de Oración

El 10 de noviembre será el Día Internacional de Oración por la Iglesia Perseguida (DIDO). Este esfuerzo en unidad está considerado la reunión de intercesión más grande del mundo. Los cristianos de todos los países unidos por un propósito debemos ponernos en la brecha delante de Dios a favor de nuestros hermanos perseguidos.

Debemos ser conscientes de que no solo tenemos que orar por ellos, sino que también necesitan nuestra ayuda. Recomendamos centrar los sermones, devocionales y meditaciones para esas fechas en el papel que juega La Biblia a la hora de soportar pruebas, teniendo presente lo importante que es que esta llegue a manos de los que sufren persecución por seguir a Cristo.

“Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Oren en el Espíritu en todo momento, con peticiones y ruegos. Manténganse alerta y perseveren en oración por todos los santos” (Efesios 6:17).

Para interceder eficazmente

Algunos sitios para conocer la realidad misionera y de la iglesia perseguida en el mundo:

www.persecucion.org

www.mecargentinaoficial.com.ar

www.misionestransculturales.org

www.misionesmundiales.net

www.commiban.org

www.seapartedelmillon.org

www.puertasabiertas.org

www.mpam.org

 

 

Se el primero en comentar

Deja Tu Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*