En una cueva abismal

Busca cuál es el propósito de tu situación

La depresión hace sentirnos en una cueva oscura y sin salida. No pierdas de vista que ese no es tu lugar.

Por Charles R. Swindoll

¿Quién no ha luchado con esas temporadas desmoralizantes de tristeza? Todos luchamos con el dolor y el sufrimiento de vez en cuando, pero la depresión es otra cosa. Al igual que una enfermedad, es algo común, pero no es “normal”. La depresión es un estado mental extendido caracterizado por una tristeza aguda que muy difícilmente se va por sí sola. Es algo que necesita atención inmediata.

La depresión es descrita como un hoyo negro o como una cueva abismal. Ciertamente, incluye sentimientos de desánimo que rehúsan alejarse. Conozco personas que han luchado contra la depresión por años. Ella, a diferencia del abatimiento, es algo más profundo, más complicado y, por lo general, dura más tiempo. El abatimiento hace sentirnos tristes y desanimados, pero la depresión conlleva un sentimiento de opresión más severo y más serio que el abatimiento. Con frecuencia, la ayuda profesional es necesaria.

El salmo 142 es una oración para esos momentos cuando te encuentres en el mismo estado mental que David. ¿Y cómo se sentía? Por decirlo de una manera común, él se sentía como una cucaracha.

Hay un factor importante en el título de ese salmo. Dice “Masquil de David. Su oración cuando estaba en la cueva”. Si estás en una cueva, trata de describir cuál es tu situación. Dedica unos minutos a pensar sobre la razón que te ha hundido en esos sentimientos turbios. Tal vez fue una pérdida, un enojo duradero, un conflicto sin resolver, un resentimiento continuo o un cambio dramático.

Desde la oscuridad

La depresión de David muy probablemente fue el resultado de un largo período de tensión. Será de mucha utilidad para apreciar el contexto leer 1 Samuel 22:1-2: David se fue de Gat y huyó a la cueva de Adulán. Cuando sus hermanos y el resto de la familia se enteraron, fueron a verlo allí. Además, se le unieron muchos otros que estaban en apuros, cargados de deudas o amargados. Así, David llegó a tener bajo su mando a unos cuatrocientos hombres”.

Nuestro amigo sale huyendo del maniático Saúl y logra encontrar descanso en la soledad de una cueva oscura. Aunque no duró mucho tiempo ya que poco después llegó a él un grupo de oprimidos, endeudados y amargados de espíritu. Un grupo de perdedores hundidos en la depresión.

En ese pasaje encontramos a David en la entrada de esa cueva triste. La profundidad de su angustia se expresa claramente. David ora con total honestidad. “A voz en cuello, al Señor le pido ayuda; a voz en cuello, al Señor le pido compasión. Ante él expongo mis quejas; ante él expreso mis angustias” (Salmo 142:1-2). La autoimagen de David ha sido atacada. Se siente indigno, inútil y completamente deprimido así que le pide, le implora a Dios su favor. Quiere sentirse necesitado y querido. Pero David en ese momento sentía que ya no tenía ningún honor ni respeto y sin autoestima.

Cuando tocamos fondo, nos sentimos de esa forma. Nuestra autoimagen es la peor. Para poder ser eficientes, debemos vernos a nosotros mismos de la misma forma en que Dios nos ve: personas amadas, útiles y necesarias. He descubierto que el primer paso hacia la solución es volvernos a Dios y estar delante de Él tal como David lo hizo. Quedarse en el fondo lamiendo las heridas y envolviéndonos en la miseria solo hace que la desesperación se profundice. Clama a Dios. Grítale si es necesario, pero no te mantengas aislado dentro del silencio de la depresión. Dios quiere oír tus palabras. Sé honesto acerca de lo que sientes. De eso se trata la oración.

Las personas deprimidas con frecuencia se sienten avergonzadas de sentirse así. La vergüenza y el aislamiento solo hacen que la depresión sea más aguda. La mejor reacción es ser abierto y honesto acerca de la situación.

Apertura con Dios

La oración emocional y cruda de David en el Salmo 142 se demuestra claramente por las palabras que utilizó.

Solía preguntarme por qué necesitamos expresar palabras mientras oramos, si Dios conoce todos nuestros pensamientos. Entonces un día me encontré con esto: “Vuélvete, Israel, al Señor tu Dios. ¡Tu perversidad te ha hecho caer! Piensa bien lo que le dirás, y vuélvete al Señor con este ruego: ‘Perdónanos nuestra perversidad, y recíbenos con benevolencia, pues queremos ofrecerte el fruto de nuestros labios’” (Oseas 14:1-2). El profeta dice: “piensa bien lo que le dirás”. Decirle a Dios nuestros pensamientos más perturbadores y expresarle nuestros sentimientos más profundos mediante palabras son formas efectivas de terapia. Nos ayuda a exponer esos sentimientos depresivos y, por así decirlo, sacarlos de la prisión de nuestro ser. David hizo exactamente eso.

¿Eres totalmente honesto con Dios acerca de cómo te sientes y lo que experimentas? ¿Eres específico acerca de tu situación? Él desea ser tu amigo más íntimo, tu consejero más querido. Él desea que no le escondas nada. Desafortunadamente, muchas personas que sufren batallas duraderas contra la depresión no expresan lo que las afecta. Algunos ni siquiera pueden articular los pensamientos que les causan dolor, hostilidad o sufrimiento.

Quizá piensas que ya no hay esperanza, que Dios te ha abandonado y que no hay salida. Pero que sientas eso no quiere decir que esos sentimientos sean veraces. El Señor de los cielos conoce la presión de tus sentimientos. Él comprende la profundidad de tu desesperación. Y lo mejor de todo es que está allí contigo. Él se preocupa por ti.

Si estás en la cueva de la depresión, habla con el Señor. No te guardes nada. Confía que Él puede encargarse de cualquier cosa. Confía en Él. No dudes ni flaquees. Mantente firme.

Te encuentras en la escuela de Dios. Él es el maestro. Presta atención a este Salmo. Es alimento para el alma, mientras la tormenta continúa en la cueva. Busca ayuda. No te rindas. Dios te está preparando para un mensaje muy particular. Aunque no lo creas, esa cueva que parece interminable es parte del plan divino de Dios.

Por Charles R. Swindoll
Tomado del libro: Viviendo los Salmos
Mundo Hispano

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