Dios siempre hace bien las cosas

A pesar de que en el momento no lo veamos o entendamos

Por John C. Maxwell

Aprendamos a confiar en el carácter de Dios sin vacilar. Abraham comenzó a enseñarnos acerca de Dios y su fidelidad. Explicó que Dios siempre hace bien las cosas, incluso cuando pasa un largo tiempo.

Cuando pasa mucho tiempo entre lo que Dios promete y su cumplimiento, a menudo actuamos como niños pequeños que no pueden esperar por la Navidad. No nos gusta esperar y tememos que nos hayan olvidado.

Es simple ver por qué Abraham ¾cuyo nombre era Abram antes de que Dios se lo cambiara¾ se transformara en una persona impaciente. Cuando Dios lo envió a Ur de los caldeos, le prometió que le daría en posesión la tierra de Canaán, que tendría muchos descendientes y que de estos haría una gran nación. El cumplimiento de esa promesa le traería un gozo enorme. Sin embargo, después de diez años, Dios seguía sin mandarle su promesa.

Echemos un vistazo a lo que soportó Abraham en esa década: dejó su familia y país; Dios prometió que lo iba a bendecir a él y sus descendientes; vivió durante una hambruna; temió a faraón y le mintió; experimentó conflictos familiares: Lot y él se separaron; cuando secuestraron a Lot, persiguió a los secuestradores y luchó para rescatarlo; todavía no tenía hijo.

Después de diez años y muchas pruebas, Abraham deseaba saber si seguía en pie el trato. Las Escrituras declaran: “Después de esto, la palabra del Señor vino a Abram en una visión: ‘No temas, Abram. Yo soy tu escudo, y muy grande será tu recompensa’ [….] Luego el Señor lo llevó afuera y le dijo: ‘Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. ¡Así de numerosa será tu descendencia!’. Abram creyó al Señor, y el Señor lo reconoció a él como justo” (Génesis 15:1,5-6).

Incluso después de esta declaración de Dios, Abraham seguía sin saber que el Padre estaba actuando. En un momento de duda, él y Sara trataron de hacer las cosas a su manera al tener un hijo a través de la esclava de Sara. Sin embargo, los caminos de Dios y su sentido del tiempo no son como los nuestros. Aun cuando nos parezca mucho tiempo, Dios siempre hace lo que es bueno y cumple lo que ofrece. Abraham desea recordarnos esto.

Incluso cuando lo que dice parece absurdo…

Cuando Dios le dijo a Abraham y Sara: “‘Dentro de un año volveré a verte […] y para entonces tu esposa Sara tendrá un hijo’. Sara se rió y dijo: ‘¿Acaso voy a tener este placer, ahora que ya estoy consumida y mi esposo es tan viejo?’” (Génesis 18:10,12). Aunque enseguida negó que se hubiera reído, había un buen motivo para hacerlo: ¡Tenía 89 años de edad! ¡Pueden imaginarse que le iba a gustar explicarles esto a los amigos! ¿Y por qué Dios esperó tanto tiempo para cumplir la promesa?

La respuesta es que Él deseaba la confianza absoluta de Abraham. Y esta viene solamente a través de las pruebas. Dios cumplió su promesa. El siguiente año Sara dio a luz a Isaac, aunque parecía imposible. Nuestra mente no puede concebir las cosas que el Señor es capaz de hacer. Sus palabras para Abraham resumen mejor su habilidad: «¿Acaso hay algo imposible para el Señor?» (Génesis 18:14).

Incluso cuando lo cuestionamos…

“¿Han cuestionado alguna vez a Dios? —nos pregunta Abraham—. ¿Se han preguntado en algún momento acerca de su carácter?”. Antes de que pudiéramos contestar, continuó: «Yo sí lo he hecho. Cuando el Señor me dijo que iba a destruir la ciudad de Sodoma, donde vivía mi sobrino Lot, me preocupé. ¡Cómo iba a hacer una cosa semejante!”. Abraham pasó a describir cómo habló con Dios con respecto a Sodoma. Atrevidamente le preguntó a Dios: “¿De veras vas a exterminar al justo junto con el malvado?” (Génesis 18:23). Entonces comenzó a negociar, pidiéndole a Dios que tuviera piedad de la ciudad por causa de cincuenta justos, luego cuarenta y cinco, después cuarenta, treinta, veinte, y así hasta llegar a diez. Pero que no lo dejaría ir.

Sin embargo, Dios es justo así como bueno. Honró la petición de Abraham; salvó a los pocos justos que vivían en Sodoma y destruyó a la depravada ciudad. Al final, Abraham proveyó la respuesta a su propia pregunta cuando observó: “Tú, que eres el Juez de toda la tierra, ¿no harás justicia?” (Génesis 18:25). Dios es un juez justo. Del mismo modo que preservó al inocente en Sodoma, nos cuidará a ti y a mí.

Incluso cuando no comprendemos…

La tremenda prueba de la confianza de Abraham vino cuando Dios le pidió que sacrificara a su amado hijo, Isaac. ¿Por qué Dios quería que Abraham matara al hijo de la promesa? Esto no tenía sentido; parecía que iba en contra de la promesa de Dios que haría de los descendientes de Abraham una gran nación.

En ese entonces él no cuestionaba ni dudaba. Simplemente se levantó temprano a la mañana siguiente para hacer lo que se le había pedido. Después de muchos años de hacer preguntas, negociaciones y de rebelarse a la dirección de Dios, Abraham finalmente procuró ser obediente. Había aprendido el secreto de caminar con Dios: confiar y obedecer. Dios había sido fiel a cada promesa que había hecho y Abraham confiaba en su carácter. Al fin comprendió que nosotros no deberíamos tratar de entender a Dios hasta que le obedezcamos primero.

Por John C. Maxwell
Tomado del libro: Corramos con los gigantes
Casa Creación

Corramos con los Gigantes

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