¡Dios no está loco contigo; Él está loco por ti!

El loco amor de Dios por nosotros

Por Ed Delph

Hace algunas semanas en Auckland, Nueva Zelanda, le hablé a un gran número de personas en el marco de un encuentro de líderes de cierta congregación y sus empleados. Allí también estaban algunos cantantes invitados de Samoa (un país que comprende un grupo de islas perteneciente al archipiélago de la Polinesia). Los habitantes de este país son personas muy dinámicas en el ámbito de la comunicación.

Todo el grupo interpretó una canción para nosotros. En el medio de ella, una de las cantantes cantó algo en forma de rap. Ella dijo algo que captó poderosamente mi atención: “¡Dios no está loco con usted, Dios está loco por usted!”. ¡Guau! Esa sola frase hizo que aquel tan largo viaje valiera la pena.

Sé que para muchos puede ser difícil de entender o incluso de creer. Mucha gente de iglesia y de no iglesia han sido enseñados que deben ganar el amor de Dios. Ellos creen que deben comportarse de cierta manera para alcanzar los estándares del Padre. Creen que no hay modo, si es que hay un Dios, de que Él quiera o pueda aceptarlos. Piensan que su pasado o su situación actual los descalifica para entrar al cielo.

Démosle una mirada a una pastora en La Biblia que se sentía del mismo modo que la gente del párrafo anterior. Note lo que ella dice cuando el rey Salomón un día pasa frente a ella y la mira. “No me mire pues soy morena, oscurecida por los fuertes rayos del sol. Mis hermanos me ridiculizaron y me enviaron a trabajar al campo. Hicieron que me ocupara de la tierra pero no he tenido tiempo de cuidar de mi rostro”.

¿Ve eso? Ella pensaba: “No me mire. El sol me ha quemado. No me he cuidado como debía. Otros han hecho de mi vida un lío al igual que yo. ¿Por qué alguien como usted podría interesarse en mí? ¿Cómo podría yo alguna vez ganarme su amor?”. Ella se sintió rechazada y fue afectada… negativamente.

Pero ella no tenía idea de la capacidad amorosa de Salomón. Reyes como él pueden mirar más allá de la apariencia y ver el potencial. Reyes como Salomón ven el interior y más allá, no el exterior y lo superficial. Él fue tocado por la belleza que ella poseía como ser humano creado a la imagen de Dios.

¿La respuesta de Salomón? ¡Levántate, amada mía; ven conmigo, mujer hermosa! ¡Mira, el invierno se ha ido, y con él han cesado y se han ido las lluvias! Ya brotan flores en los campos; ¡el tiempo de la canción ha llegado! Ya se escucha por toda nuestra tierra el arrullo de las tórtolas. La higuera ofrece ya sus primeros frutos, y las viñas en ciernes esparcen su fragancia. ¡Levántate, amada mía; ven conmigo, mujer hermosa! Paloma mía, que te escondes en las grietas de las rocas, en las hendiduras de las montañas, muéstrame tu rostro, déjame oír tu voz; pues tu voz es placentera y hermoso tu semblante” (Cantares 2:10-14).

Por supuesto, Cantar de los Cantares fue escrito por Dios para mostrarnos a nosotros, su creación coronada, lo que Él piensa de nosotros. El Padre usa este ejemplo para comunicar su amor por y para todos, en todo lugar y para todos los tiempos. Es mejor que cualquier telenovela o historia de amor. Es la historia final de la Cenicienta.

Dios nos mira a nosotros tal como Salomón miró a pastora morena: hermosa, asombrosa y digna de ser amada. No lo ganamos. Lo recibimos. Dios no nos ama porque somos buenos. Nos ama porque Él es bueno.

¡Dios está loco por ti, no contigo! Solo recíbelo. De hecho, ¿no es eso reconfortante?

Por Ed Delph

Autor de Confianza, y columnista de varios diarios estadounidenses.Presidente de NationStrategy, organización sin fines de lucro que traba en pos de la transformación de comunidades en desarrollo.
www.nationstrategy.com

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