Dedique Tiempo a Usted Misma

Porque no solo lo merece sino que es necesario

Por Hada María Morales

Quiero proponerle que hagamos un ejercicio. Haga una lista con sus tareas diarias. En ella vamos a apuntar la tarea o trabajo que realizamos y el nombre del beneficiario. Por ejemplo:  “Limpiar: la casa. Lavar ropa: la familia. Tareas: Hijos”.

Si hace esta tarea con justicia y detalladamente se dará cuenta de que dentro de esa larga lista usted está casi ausente, ¡si es que no existe!

¿Encontró alguna actividad o parte del día de la semana que usted se lo dedique a sí misma? Si lo descubrió, créamelo que la felicito, pero si no, es tiempo de darse tiempo. Estoy más que convencida de que una parte importante en la vida de una mujer sana es contar con tiempo para sí misma. Debemos estar conscientes de que no somos máquinas. Si no estamos convencidas de eso nos enfermaremos y arrastraremos a nuestras familias con nosotras.

Aquí hablamos de la disciplina del descanso, algo que me costó mucho asimilar pues me sentía culpable. Sin embargo, apenas empecé a asimilar la idea sentí una gran mejoría hasta en mi carácter, ya que cuando estamos muy ocupadas y sobrecargadas del mal llamado “perfeccionitis aguda” nos volvemos gruñonas y ásperas pues el cuerpo y el alma no aguardan tanta presión, y nuestros hijos menos. ¿Y los esposos? Andan por ahí “obligados” a realizar actividades “extracurriculares”. Pero, ¿se ha puesto a pensar en que radica ese afán de hacer tantas cosas sin tomarse un descanso?

Muchas veces es porque creemos que si no estamos haciendo cosas nuestra vida no tiene razón de ser. Esa es una carrera sin sentido, como si nos esperara un trofeo de las “superhacendosas”. ¡Pero no hay quien se apunte para aguantar las descargas tipo ácido de batería de un cuerpo abusado solo traerían frutos amargos que nadie quiere recoger.

Le propongo la “ley de los veinte minutos”: cuando llegue a casa, cámbiese de ropa, limpie su maquillaje, póngase una buena crema en su rostro y tome un breve descanso. No aterrice de inmediato en la cocina, pues eso da la sensación de seguir trabajando. Le recuerdo que en muchos de los casos llegamos a casa extenuadas, no solo por jornada laboral sino también por el tráfico, lo que nos provoca mucha tensión.

Una amiga muy querida me decía: “Pero tengo dos niños chiquitos que llegan locos de hambre”. En ese caso, atiéndalos pero no pase por alto el cambiarse la ropa por una µás cómoda, limpiarse su cutis y aplicar su crema. Si ellos necesitan atención al instante, usted también. Así que atiéndase inmediatamente después de ellos. Yo creo que poco a poco debemos enseñar a nuestros niños que si ellos son importantes nosotras también lo somos para ellos. Tenemos que hacerles entender que debemos ser honradas con su consideración.

Veo con tristeza que muchas madres viven con un sentimiento de culpabilidad constante porque tiene que trabajar para colaborar financieramente con el hogar y, por lo tanto, se ven privadas de cuidar a sus niños quedándose en casa. Sin embargo, todos entendemos que no es porque no quieran hacerlo sino porque sus ingresos son necesarios.

Y si esa situación no la pueden cambiar, deben hacer un esfuerzo por cambiar su actitud y no caer en la trampa de cómo no les pueden dar sus cuidados ni todo el tiempo del día, les dan todo a sus hijos complaciéndoles hasta en sus más insólitos caprichos.

Esa es una conducta “materna” ¾y cada día más común¾  que convierte a sus mismos hijos en unos tiranos que demandan toda su atención y todo su tiempo. Muchos de estos muchachos llegan a la adolescencia con una actitud exigentge y muy desconsiderada. Y además termina con las mamás “complacientes” al borde de un colapso, ya que por demostrarle al hijo tanto amor no les dan la oportunidad ni de que sean independientes, empezando por lavar su ropa y asear sus cuartos, menos aun dándoles la chance de colaborar con otras labores de la casa. Si les enseñaran a ser independientes y a colaborar con las tareas del hogar donde viven, las madres de esos niños utilizarían ese tiempo para realizar otra actividad que las reanime o que simplemente les guste.

El cansancio que genera el querer tener todo bajo control nos vuelve repelentes e insoportables. El cansancio nos provoca irritabilidad, falta de paz y, en muchas casos, estamos tan cansadas que aunque queramos descansar se nos hace difícil.

Querida amiga, no lleve su capacidad de aguante al borde del límite, pues del otro lado solo encontraremos soledad, rechazo y hasta la cama de un hospital.

No se exceda y use como pretexto que para eso usted y su familia se toman una semana de vacaciones cada año. ¿Cree que es suficiente? Unos minutos del día para usted son su premio para compensar toda su dedicación y, créame, que por esos minutos que le dedique a su persona nadie se va a morir ni en mundo va a dejar de girar.

Ese tiempo es suyo y como tal lo puede utilizar convenientemente. Bríndese la oportunidad de tomar un tiempo real para usted. No se sienta como una mamá egoísta; comprenda que una mujer descansada solo será de beneficio para su vida y la de su familia.

 

Por Hada María Morales
Tomado del libro: A mamá le va de maravilla… y al hogar también
Grupo Nelson

A Mama le Va de Maravilla... y al Hogar Tambien

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