¿Debe el sol ponerse en occidente?

Debemos clamar por un tiempo de avivamiento para nuestra nación

Por Vishal Mangalwadi

Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, es el multimillonario más joven de la historia. David Fincher “celebró” la vida de Zuckerberg en la película La red social, juzgada como la mejor película del 2010 por la junta estadounidense de reseñas de películas. El personaje más patético de la película es la Universidad de Harvard, representada por sus comités y presidente. Zuckerberg, ley en sí mismo, muestra total menosprecio por Harvard, sus valores y reglas. Y sin embargo, la universidad no puede exigirle cuentas de nada. No retiene absolutamente ninguna base filosófica para apelar a la conciencia o el carácter. La película envía el mensaje de que ahora la universidad existe solo para enseñar habilidades. El carácter ha quedado excluido por la cosmovisión secular. Lo mejor que puede enseñarle a uno es cómo evitar el largo brazo de la ley.

Esta pérdida de sentido de verdad y bondad me impactó cuando una erudita doctora de Harvard protestó por la campaña de William Carey en contra de la “quema de viudas” en la India. Imponiendo sus valores sobre otra época, exigió: “¿Por qué no pudo este hombre cristiano blanco respetar las creencias y culturas de otros pueblos?”. Su disgusto moral expuso clisés de multiculturalismo y relativismo que a duras penas camuflan la bancarrota intelectual y moral de la élite de Occidente. El relativismo es ahora la única virtud.

Esta “tolerancia” transformada actúa en detrimento de la brújula de la verdad —La Biblia— que orientó originalmente a Harvard y que podría haber contribuido al éxito de Zuckerberg como innovador, permitiendo que a la vez amase al prójimo, respetase a los compañeros y honrase a sus superiores.

 

Necesidad de transformación

Las puestas de Sol son espectaculares. La gente se queda encantada con ellas. Ellas también nos dicen que es hora de encender nuestras lámparas. Muchas culturas que siguieron a Occidente a la luminosa modernidad ahora desempolvan sus herrumbradas lámparas. Rusia y China han decidido comercializar con sus propias monedas, no con dólares. Incluso puede que Arabia Saudí venda pronto petróleo por euros o yenes. La pérdida de confianza tiene consecuencias más allá de la economía. En 1987, una sección significativa de la clase dirigente hindú respaldó un movimiento masivo para legalizar el Sati: la quema de viudas. Los británicos prohibieron el Sati por inhumano en 1829, pero, ¿por qué debe la India seguir prejuicios británicos? Apelando al “choque de civilizaciones”, las culturas no occidentales están volviendo a sus cosmovisiones tradicionales.

El relativismo es el único valor que una cultura sin verdad puede dictar. Lo único que su “tolerancia” halla difícil de tolerar es el sistema tradicional de valores de Occidente.

La bondad y la verdad están siendo reemplazadas por la depravación y el libertinaje. La cultura da fama a las estrellas de la pornografía. Los narcotraficantes forman grupos de presión poderosos y respetados por los políticos. ¿Debe Occidente continuar en su senda de “oscurecimiento” que sigue a la puesta de sol? Es hora de prender lámparas.

 

El Salvador

Jonathan Edwards entendió el avivamiento espiritual al leer al apóstol Pedro. Él elogia a los creyentes por gloriarse en su humillación, llama a bendecir a quienes los persiguen, a responder a las injusticias con “gozo inefable y glorioso” y a regocijarse cuando sufren discriminación.

Edwards desencadenó el primer Gran Despertar de Estados Unidos y el avivamiento metodista en Inglaterra porque La Biblia le enseñó que “los sentimientos religiosos” eran fruto sobrenatural de un avivamiento espiritual. Estos frutos aparecen cuando las personas “nacen de nuevo” a la vida espiritual por La Palabra viviente de Dios.

¿Es todo esto nada más que perogrulladas santurronas? El Gran Despertar no es un dogma religioso. Ejemplificó el secreto histórico de la grandeza de los Estados Unidos. Es la razón por la que Inglaterra escapó de una revolución sangrienta. El sol brilló en Occidente cuando sus líderes culturales entendieron que el Espíritu Santo en realidad había capacitado a los lectores originales de Pedro, los creyentes, a vivir como Cristo vivió.

Por supuesto, un avivamiento espiritual que llena a las personas de alegría y propósito personales, que les da poder para perseverar en medio de pruebas severas y los capacita para amar a los que los maltratan salvaría a mucho más que la familia occidental. Resolvería los problemas sociales que impulsa a la gente al suicidio. Revitalizaría las economías agotadas por la pérdida de espíritu, por la desconfianza mutua, los frívolos litigios, las regulaciones asfixiantes, el robo privado y la corrupción corporativa. Edwards provocó el Gran Despertar exponiendo 1 Pedro 1:8–9: “Ustedes lo aman a pesar de no haberlo visto; y aunque no lo ven ahora, creen en él y se alegran con un gozo indescriptible y glorioso, pues est’an obteniendo la meta de su fe, que es su salvación”.

El gozo del creyente no lo producía la química, sino una “fe más preciosa que el oro” y una “esperanza viva” producida por la “resurrección de Jesucristo”. La Palabra de Dios que vive y permanece para siempre le dio un nuevo nacimiento, haciendo posible una vida de santidad sin componendas.

 

Por Vishal Mangalwadi
Tomado del libro: El libro que dio forma al mundo
Thomas Nelson

El Libro que Dio Forma al Mundo

 

 

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