Un Camino de Regreso a la Intimidad con Dios

Aquietar nuestras vidas y disfrutar de su presencia

Por Mariano Sennewald

Dios está llamando a sus hijos a volver a la esencia, a reflejar el cielo en la Tierra. A un lugar donde no hay contaminación, donde lo vil no puede llegar. Puedes llamar a este lugar como quieras: aposento alto, habitación de intimidad, lugar secreto, lugar de devoción. En este libro lo llamaremos el “jardín de la amistad”. Para convertir a esta generación y no ser convertidos por un sistema caído, tenemos que saber quiénes somos y a dónde pertenecemos. Es necesario ir, predicar, cumplir su propósito eterno en la Tierra, pero no podemos olvidar cuál es nuestro hogar.

Hay muchos hijos pródigos dentro de la misma Iglesia, que han olvidado cómo se siente el abrazo del Padre. Hay muchos que ya ni saben quiénes son y a dónde pertenecen. No hablamos de los que se apartan del camino, sino de aquellos que somos seducidos día a día a perder el enfoque de para qué hemos nacido.

Dios está restaurando el primer y gran mandamiento en sus Hijos. No es la gran opción, sino el gran mandato: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu

corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Este es el fundamento para poder amar a tu prójimo, construir cualquier ministerio o responder al más supremo llamado.

Puedo ver la estrategia del diablo para hacer de nosotros una generación dispersa, desenfocada y desconcentrada (que no tiene un centro). Pero Dios, a los que escuchen su voz, los hará una generación de “solo una cosa”. Las distracciones y entretenimientos quedarán reducidas a “solo una cosa” que es necesaria, y muchos escogerán la mejor parte, la cual no será quitada. Esta “sola cosa” es una moneda de dos caras: la intimidad con Dios y la manifestación del Reino.

Los placeres inferiores del sistema se opacarán ante intimar con Jesús, el placer superior. Es en ese punto de pasión por el corazón de nuestro Amado, donde las armas espirituales son recargadas de munición para cumplir la misión divina. Sin balas las pistolas no sirven, sin intimidad, el llamado es inefectivo. Los que se excusan diciendo: “No tengo tiempo para orar y estar en devoción con Dios”, andan

cansados y agobiados. Es como tener un automóvil y decir: “No tengo tiempo para cargarle combustible”. Viven empujando el vehículo vacío, pierden tiempo, se cansan y no llegan a ningún lado.

En muchos lugares hoy vemos el sistema del mundo metido dentro de la iglesia, en lugar de que la iglesia influya al mundo. “Conviértanse ellos a ti y tú no te conviertas a ellos”. La Iglesia no son paredes; son hijos e hijas del Dios vivo que manifiestan su gloria en todo lugar. Este mensaje es un grito del corazón de Dios para todos aquellos que viven una religiosidad “correcta”, pero sienten el vacío de no lograr desarrollar la relación de intimidad anhelada por el Creador.

La intimidad con Dios no es un mover ni un mensaje contemporáneo, tampoco son determinadas canciones; es un lugar donde debemos decidir habitar cada día. La presencia de Dios es el hogar a donde pertenecen todos aquellos que fueron alcanzados por su amor eterno. Es la tierra donde cada semilla incorruptible es plantada y da fruto abundante. Es allí donde somos procesados para que la esencia correcta salga de nosotros y se manifieste. El reino de la oscuridad ha velado muchos ojos para que no vean esta verdad, pero la luz vence las tinieblas.

Ahora declaro que se abren las cortinas y entra la luz. Oro para que el espíritu de revelación se manifieste en tu vida a partir de hoy, que quite todo velo que nubla tu visión del Reino de Dios y puedas ver plenamente, a cara descubierta, su gloria. Descubrirás quién eres en esencia, adónde perteneces y cuál es el propósito por el cual Dios te ha sembrado en la Tierra.

Existe un lugar donde los ruidos de las urgencias cotidianas no opacan la dulce voz del Espíritu. Allí los relojes no tienen agujas. No es el tiempo el que controla sino la eternidad. Un lugar donde encontramos cascadas de placer superior y fuentes de gozo eterno. Allí el smog de la religiosidad no existe, sino que se respira “aliento de vida” que sacia nuestro interior. Nuestros ojos son sanados por lo bello y nuestra mente cruza los límites de lo que pedimos o entendemos, y podemos ver más allá. El sol es su gloria, todo lo ilumina y lo calienta. Todo lo que es reflejado por esa gloria es hermoseado. Y los que son expuestos cara a cara al sol de justicia, lo comienzan a reflejar. Cada día debes volver a este lugar, es allí donde perteneces, al jardín de la amistad.

Por Mariano Sennewald
Tomado del libro: El jardín de la amistad
Editorial Misión

El Jardin de la Amistad

1 comentario en Un Camino de Regreso a la Intimidad con Dios

  1. Al leer estas lineas..siento tan fuerte en mi corazon…esto..es….lo que el Señor ha puesto…en el mio…tan sutil…como el mundo…nos va contaminando….y yo quiero..desesperadamente..volver…al diseño. .original…intimidad

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