¿Solo por Amor?

Pensar en cuál es la real motivación de nuestra fe

Por Evangelina Daldi

La tendencia en los mercados y las comunidades empresariales de los últimos tiempos ponderan y tienen como herramienta fundamental el tema del reconocimiento, especialmente de los empleados ¾aunque se aplica a la crianza de los hijos, la relación con los amigos y para todos aquellos que buscan relacionarse mejor con el entorno¾. Sobresaltar las cualidades de otro, reconocer la buena labor realizada, alabar el esmero puesto en alguna obra, son acciones que impulsan a seguir comportándose bien, a esforzarse más, enardece el entusiasmo y hace muy bien al alma.

En eso no hay discusión. Todos lo reconocen como cierto. Como bueno. Punto.

Y creo que es justamente por eso, por el no lugar a la discusión, que leer la parábola del propietario de viñedos que sale a buscar obreros en Mateo 20 nos es tan chocante. Él sale en repetidas oportunidades, a diferentes horas del día, y en cada una de ellas, encuentra nuevos trabajadores. El problema surge cuando llega el momento de la paga. Como cualquiera podría pensar, el que ha trabajado más horas merecería un salario mayor al que comenzó sus labores entrada ya la tarde. Creo que todos estaríamos de acuerdo con esto, ¿verdad?

Pues no. El señor Jesús nos cuenta otro final. A todos se les dio la misma paga. Cualquiera diría que esto es totalmente injusto, ¿o no? Hasta podemos sentir la indignación que sintió el obrero que ingresó más temprano a la viña ¾porque por alguna razón, por lo menos en mi caso, yo siempre me he puesto en el lugar del primer trabajador. Quizá sea porque ponernos en otro nos parezca realmente injusto¾.

Se sincero contigo mismo. ¿Te ha sucedido? ¿Has sentido esta “injusticia”? ¿Te has pregunta por qué?

Estas preguntas pueden haberte surgido por muchas situaciones; pero lo que humildemente quisiera que pensemos tiene que ver con nuestra relación con el Señor.

¿Has orado sin encontrar respuesta y te preguntas por qué? ¿Has clamado por la sanidad de un ser querido que al poco tiempo falleció? ¿Has cumplido con todo lo que a Dios le agrada sin conseguir los resultados que esperabas? ¿Trabajas duro en tu ministerio pero a simple vista las cosas no salen “bien”? Y vayamos un poco más hacia lo políticamente incorrecto. ¿Has sentido “envidia” por cómo le va a una persona que no vive de acuerdo al modo que Jesús ha establecido como buena? ¿Frunciste el ceño cuando viste el éxito de tu vecino y te comparaste con él, ya que en tu caso te has esforzado y trabajado duro pero aún no te va como deseas?

Podríamos preguntar y preguntar. Y hasta quizá sea incómoda la respuesta. Tal vez no nos animemos a responder porque podríamos encontrar cosas poco agradables, o peor aún, quizá veamos no hay solución, no hay respuestas. Es difícil pensar en un Dios en silencio. Es difícil pensar en un Dios que no actúa cuando su hijo ¾tú y yo¾ nos “portamos bien”.

Pero así sucede.

Y la verdad es que yo no tengo respuestas. Quisiera, pero la verdad es que no. Tengo más preguntas ¾incómodas tal vez¾: ¿Oramos por el placer que nos da abrirle nuestro corazón al Señor o le hablamos porque nos importan los deseos concedidos? ¿Clamamos para que las cosas se hagan como nosotros queremos u oramos porque su voluntad sea hecha? ¿Seguimos sus mandamientos para que nos vaya bien o lo hacemos porque lo amamos y deseamos que nuestro amado se sienta feliz, tal como lo haría cualquier novio enamorado? ¿Sigues adelante con tu ministerio porque es allí donde Dios te puso o sigues siempre y cuando los números acompañen o las finanzas crezcan? ¿Haces las cosas “que Dios manda” porque le tienes miedo a las consecuencias negativas? ¿Eres cristiano por medio a irte al infierno?

¿Cuál es el fundamento de nuestra fe?

Pero él le contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no estoy cometiendo ninguna injusticia contigo. ¿Acaso no aceptaste trabajar por esa paga?” (Mateo 20:13). Esa fue la respuesta del dueño.

Le hemos entregado nuestra vida al Señor porque Él nos salvó, nos amó, lo entendimos y nos sentimos tan agradecidos y amados, que nuestra respuesta es servirlo y amarlo, sin importar nada más, ¿verdad?

“Señor, te amo y deseo servirte aún si “solo” obtengo la vida eterna. Ya eso es lujo, un privilegio al que no podría acceder si no fuera por ti. Solo tú eres mi motivación. Tu corazón, no tus manos”.

Evangelina Daldi


2 comentarios en ¿Solo por Amor?

  1. Mi comentario es personal.Hago referencia sobre la parabola del propietario del viñedo.Yo puedo estar de acuerdo,con la persona que me hizo el contrato porque fue claro y me dijo que me pagaba x plata por el dia y no por horas.Eso me da entender que el primero no entendio en esa epoca el contrato de trabajo.En la actualidad los trabajos y los contratos son diferentes,las envidias siempre las hay cuando son recomendados por las palancas y no por los meritos

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