Orar en Otra Dimensión

Orar en Busca de Milagros y Transformaciones.

Por Sue Curran

Recibí recientemente un ejemplar de World News, de Suecia, que daba las siguientes increíbles estadísticas respecto a la cosecha de almas en Ucrania: “Cuando Ucrania se independizó de la antigua Unión Soviética, en 1991, había 250.000 cristianos evangélicos en el país. En la actualidad hay 3 millones. Eso significa un crecimiento del 1.000 % en una década”.

El pastor Sunday Adelaja, un nigeriano que ha establecido una iglesia de treinta mil miembros en Ucrania, describe a su gente como “los buscadores de Dios”. Viven un estilo de vida de oración, haciendo de ella la prioridad en su servicio

cristiano. Mientras “ruegan al Señor de la cosecha” (Mateo 9:38), quiebran el poder de las tinieblas que ciega a las personas a la verdad del Evangelio, y Dios envía una fenomenal cosecha de almas.

El pastor Adelaja ha sufrido persecución a manos del gobierno ucraniano. La KGB lo persiguió y le prohibió salir de viaje fuera del país durante varios años. Trataron de deportarlo y de otras maneras impedir su ministerio. Estos oficiales del gobierno no creen que haya ninguna esperanza de que un drogadicto sea rehabilitado.

El pastor Adelaja tiene muchos exadictos a las drogas en su iglesia, que han sido libertados de su destructivo estilo de vida y que ahora sirven a Cristo. Por lo tanto, él invitó a los oficiales del gobierno a venir a su iglesia para ver a mil personas que antes habían sido drogadictos y ahora están libres para servir a Dios. A través del poder de la oración, las almas han sido rescatadas de estilos de vida destructivos, algo que ningún programa de rehabilitación de las drogas pudo lograr.

El arzobispo Duncan-Williams coincide: “Si oramos, Dios enviará la cosecha”. Cuenta sobre una gran campaña que tuvieron en Gana, en la que tres mil personas pasaron al frente a recibir a Cristo como su Salvador. Sin embargo, solamente cien de estos se afirmaron en su iglesia. Le preguntó al Señor qué había hecho mal. Él le dijo: “Tu organización y predicación estuvieron bien, pero no apuntalaron la campaña con oración”. Desde que Duncan-Williams aprendió que el secreto para ganar almas es la oración, ha establecido varias megaiglesias en Gana y ha levantado una cosecha en otras naciones del mundo. La batalla por las almas es espiritual y no se puede ganar solamente con la predicación. La oración ferviente de parto es absolutamente necesaria para levantar la cosecha.

 

Orar por avivamiento

La historia de la Iglesia registra que los grandes movimientos de avivamiento fueron precedidos por la intensa oración de los santos que tenían hambre por la presencia de Dios. Hemos mencionado que en el gran avivamiento de Gales de 1904, liderado por Evan Roberts y otros, una oración ferviente, intensa, precedió a la maravillosa cosecha de almas, que impactó a la nación entera.

Frank Bartleman describe también el intenso esfuerzo de oración que precedió al movimiento pentecostal, que nació en la Misión de la Calle Azusa, en Los Ángeles, California, en 1906. No fue a través de una grandiosa predicación o programas evangelísticos que el Señor derramó su Espíritu durante ese gran avivamiento; fue en respuesta a la oración intensa, ferviente. Al escuchar sobre el derramamiento del Espíritu de Dios en Gales, lo buscaron a Él con todos sus corazones para experimentar ese tipo de avivamiento. Como resultado, nació la influencia a nivel mundial de los pentecostales. Establecieron muchos miles de iglesias, grandes obras misioneras y colegios bíblicos y levantaron una maravillosa cosecha de almas en muchas naciones.

Únicamente la oración puede quebrar las cadenas de la ceguera, ignorancia y opresión con las que Satanás ata los corazones y mentes de las personas. El diablo sabe que si puede impedirnos orar, el hombre fuerte puede mantener sus posesiones seguras: las almas de los hombres y mujeres que están perdidos. La unción del Espíritu Santo se desata sobre hombres y mujeres que buscan a Dios con todo su corazón en oración.

El pastor Benny Hinn entiende que la unción del Espíritu Santo para los milagros de salvación y sanidad se desata, no solamente por el estudio de La Palabra, sino a través de la oración. Mientras que no podemos negar el poder de La Palabra de Dios, debe estar bañada en oración para desatar su poder en las vidas para salvación. El pastor Hinn se encierra en su cuarto durante varias horas antes de cada servicio de sus largas cruzadas, esperando en Dios en oración para desatar la unción del Espíritu Santo. Es esa unción que permite que las personas respondan a La Palabra predicada y que reciban los milagros de sanidad.

 

Orar en prisión

Usted ya conoce el relato bíblico de Pablo y Silas, que fueron azotados y encerrados en el calabozo más profundo debido a su testimonio por Cristo. Ellos comenzaron a orar y cantar alabanzas a Dios a la medianoche. Las declaraciones del poder y amor del Señor en ese oscuro lugar los libertó y trajo salvación para muchos: “Después de darles muchos golpes, los echaron en la cárcel, y ordenaron al carcelero que los custodiara con la mayor seguridad. Al recibir tal orden, éste los metió en el calabozo interior y les sujetó los pies en el cepo. A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos. Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas” (Hechos 16:23-26).

Tal intervención milagrosa a través de la oración era una norma para la vida de estos primeros cristianos. Vivían vidas entregadas a la oración por la salvación de las almas y el establecimiento del Reino de Dios en la Tierra. Cuando el carcelero se dio cuenta de lo que había sucedido, entregó su vida y su familia entera, al Cristo que había liberado a Pablo y a Silas.

A través de la oración no solamente fueron puestos en libertad estos apóstoles de las cadenas de la prisión, sino que se ganaron almas para el Reino. Se deben ganar en el Espíritu victorias permanentes a través del medio sobrenatural de la oración. Las Escrituras declaran: “… porque todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe” (1 Juan 5:4). Solamente lo que es nacido de Dios a través de la fe vencerá al mundo. El consentimiento intelectual a un credo religioso no es lo mismo que estar lleno de la vida sobrenatural del Señor cuando nacemos de nuevo. Es la oración de parto la que hace nacer almas en el Reino de Dios.

 

Orar por obreros

Jesús le enseñó a sus discípulos cómo orar por la cosecha. Les dijo que oraran al señor de la cosecha y específicamente, por los obreros de la cosecha: “Al ver a las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban agobiadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. “La cosecha es abundante, pero son pocos los obreros —les dijo a sus discípulos— Pídanle, por tanto, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su campo” (Mateo 9:36-38).

Es importante observar que se trata de la cosecha de Dios. El problema no es con la cosecha, sino con los obreros. Fue Juan quien registró el mandato el Jesús: “¿No dicen ustedes: ‘Todavía faltan cuatro meses para la cosecha’ ? Yo les digo: ¡Abran los ojos y miren los campos sembrados! Ya la cosecha está madura” (Juan 4:35). Creo que el Señor desea que miremos la cosecha hasta que veamos lo que Él ve, y que permitamos que su compasión por los perdidos y quebrantados llene nuestros corazones. Luego espera que oremos al Señor de la cosecha para que sean levantados obreros bajo la dirección de Aquel que sabe cómo levantar la cosecha. Él ungirá obreros —a cada uno de nosotros— para que vayamos a los campos según su tiempo y sabiduría de manera que los cultivos no sufran daño o pérdida.

Estoy segura de que no disentimos con las instrucciones de Jesús de orar respecto a la cosecha. Es simplemente que no encontramos la manera de hacerlo. Cuando tenemos el deseo de participar en la cosecha, hacemos de todo excepto orar. Estudiamos, nos entrenamos, preparamos estrategias, aclamamos cualquier Nuevo abordaje evangelístico que parece dar resultado. Aunque estos esfuerzos no están mal, jamás serán sustitutos de la oración.

La predicación no es suficiente para levantar la cosecha. La oración desata la unción del Espíritu Santo para abrir los ojos cegados y permitirles ver la verdad. Las Escrituras declaran respecto a los primeros discípulos: “Los discípulos salieron y predicaron por todas partes, y el Señor los ayudaba en la obra y confirmaba su palabra con las señales que la acompañaban”. (Marcos 16:20). El Espíritu del Señor obra a través de La Palabra de Dios a medida que desatamos su poder en nuestra vida a través de la oración.

En su libro, Oración: la clave del avivamiento, Yonggi Cho escribió: “Los estadounidenses oran por un avivamiento y cuando el avivamiento viene dejan de orar, de esa manera, siempre pierden el avivamiento”.

No somos más grandes que nuestro Maestro. Jesús era La Palabra encarnada sobre esta Tierra, pero Él no hizo ningún milagro hasta que el Espíritu Santo lo llenó de poder en el momento de su bautismo. Jesús fue lleno del Espíritu Santo antes de comenzar su ministerio público. Luego de su bautismo, oraba con frecuencia, pasaba noches enteras solo en oración. Él es nuestro ejemplo de

cómo hacer las obras de Dios en la Tierra: “Sin embargo, la fama de Jesús se extendía cada vez más, de modo que acudían a él multitudes para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades. Él, por su parte, solía retirarse a lugares solitarios

para orar” (Lucas 5:15-16).

Un estilo de vida de oración nos permite ver la vida desde la perspectiva de Dios, conocer su corazón lleno de amor por los perdidos. Las Escrituras declaran que Él “tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan” (2 Pedro 3:9). A medida que tocamos su corazón, experimentaremos un deseo apasionado de traer a los hombres y mujeres a Cristo.

De acuerdo con Duncan-Williams, “Si no oramos, no tenemos la capacidad para mirar en la mente de Dios y ‘descargar’ su poder en la Tierra”. La oración no es un sentimiento, una inspiración, o una opción. Para ser efectivo en la cosecha, así como también en todas las otras áreas de la vida, la oración debe transformarse en un modo de vida. Requiere disciplina, el establecimiento de una estructura de oración dentro de nuestro estilo de vida y que lleguemos a transformarnos en personas de oración constante. Las Escrituras ofrecen una poderosa información sobre el poder acumulativo de las oraciones de los santos en el cielo. En el libro de Apocalipsis leemos: “Se acercó otro ángel y se puso de pie frente al altar. Tenía un incensario de oro, y se le entregó mucho incienso para ofrecerlo, junto con las oraciones de todo el pueblo de Dios, sobre el altar de oro que está delante del trono. Y junto con esas oraciones, subió el humo del incienso desde la mano del ángel hasta la presencia de Dios. Luego el ángel tomó el incensario y lo llenó con brasas del altar, las cuales arrojó sobre la tierra; y se produjeron truenos, estruendos, relámpagos y un terremoto” (Apocalipsis 8: 3-5).

De una manera celestial, nuestras oraciones son reunidas en el cielo y se guardan en vasijas hasta que pueden ser derramadas nuevamente sobre la Tierra, acompañadas por el fuego de Dios. Además de otras cosas que entendamos de este pasaje, se muestra claramente que nuestras oraciones son una inversión en la esfera celestial, para que sean usadas por Él para sus propósitos. Como lo afirma Duncan-Williams: “Existen demasiadas personas que no han invertido su vida en oración; su vida de oración está en un estado bancario de  ‘sobregiradas’”. Nuestras oraciones tienen valor eterno, que no puede ser aumentado a menos que dediquemos nuestra vida a la oración constante, en forma individual y comunitaria.

 

Cómo orar por las personas

Mientras que muchos tienen claro que deberían orar por las almas, con frecuencia no saben cómo orar más allá de: “Señor, por favor salva a mi hijo”. Está bien pedir a Dios por la salvación de las almas, pero como hemos aprendido, existen poderosas claves para tener una oración efectiva las cuales también podemos usar para orar por las almas. Por ejemplo, podemos pedir al Espíritu Santo que haga su maravillosa obra de convicción en la vida de ellos como lo explican Las Escrituras: “Y cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; en cuanto al pecado, porque no creen en mí; en cuanto a la justicia, porque voy al Padre y ustedes ya no podrán verme; y en cuanto al juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado” (Juan 16:8-11).

¿Ha tratado alguna vez de convencer a alguien de que es pecador y que necesita recibir a Cristo como su Salvador? Si es así, usted sabe que sin el obrar del Espíritu Santo para convencer a esa persona, únicamente la ofenderá y alejará más de la verdad. Es la obra del Espíritu Santo atraer los corazones y convencerlos de pecado. Cuando Él hace resplandecer su luz de la verdad en los corazones, las personas comienzan a verse a sí mismas como nunca antes. Vienen al arrepentimiento y reconocen la necesidad de un Salvador. Orar por la promesa de Dios de enviar al Espíritu Santo para que convenza de pecado es una manera poderosa de orar por las almas.

 

Ore la “porción” de Dios

Al orar por las almas perdidas podemos también pedir que la misericordia de Dios sea su porción , como lo declaró el escritor del Antiguo Testamento: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca” (Lamentaciones 3:22-25, RVR60).

Orar que el Señor sea la porción para las almas perdidas es pedir que la bondad de Dios —sus misericordias— vengan a ellos. El apóstol Pablo declaró que es la “benignidad de Dios” la que guía al arrepentimiento (Romanos 2:4, RVR60). Es la misericordia del Señor y su longanimidad que busca iluminar las mentes oscurecidas y los corazones endurecidos, que están alejados del amor del Señor.

No solamente deberíamos asumir la bondad de Dios, sino poder pedir en oración sus misericordias sobre aquellos que necesitan ser salvos. Ore para que su misericordia alcance a la persona perdida por la que pide. Para que Él le revele sus misericordias, haciendo que vengan al arrepentimiento.

 

Ore las promesas de Dios

Las promesas son solamente eso: promesas. No tienen poder intrínseco sino que son afirmaciones de la voluntad y propósito de Dios que esperan ser activadas por la oración que cree. ¿Cuáles son las promesas del Señor respecto a la salvación de los perdidos?

Sabemos que Él no desea que nadie perezca. Y Las Escrituras claramente

afirman que quienquiera que crea en Él no perecerá: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino

para salvarlo por medio de él” (Juan 3:16-17).

El apóstol Pablo escribió: “porque ‘todo el que invoque el nombre del Señor será salvo’”. (Romanos 10:13). Podemos pedir a Dios que obre por medio de su Espíritu para traer convicción a las almas y ayudarlas a invocar el nombre del Señor. Recuerde, lo que ellos necesitan es un nacimiento espiritual, que únicamente está disponible cuando se les acerca la esfera del Espíritu —la cuarta dimensión— para que nazca en sus vidas. Podemos facilitar ese encuentro sobrenatural a través de una oración ferviente, de parto, por las almas.

 

Ore el poder de Dios

Al vivir en un clima cultural que promociona la autoayuda a todos los niveles, no es sorprendente que las personas traten de “salvarse a sí mismas” de una u otra manera. A través de buenos hechos, realizando actos religiosos, o yendo tras búsquedas filantrópicas, muchos sienten que están seguros de agradar a Dios

con sus acciones. Necesitan darse cuenta lo que el apóstol Pablo enseñó sobre la salvación: “A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles” (Romanos 1:16).

Creer el Evangelio de Cristo por fe, arrepentirnos de nuestros pecados y aceptar el perdón a través de su sangre, es el poder de la salvación. Cualquier otra “fuente” de autoayuda es simplemente una falsa seguridad, que no puede salvar nuestras almas. El apóstol Pedro declaró que somos aquellos “a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar

en los últimos tiempos” (1 Pedro 1:5). Es el poder de Dios que nos salva y es su poder el que nos guarda al mismo tiempo. Vivir con una falsa seguridad en las propias “bondades” es una trampa del diablo para impedir a las almas perdidas saber que están perdidas, alejadas del amor del Señor. Debemos orar para que escuchen el Evangelio y puedan responder a sus requerimientos.

Solamente al creer en Cristo como Salvador las almas pueden nacer al Reino de Dios. Ese es el poder del Señor para salvación y podemos orar para que Él se mueva con poder en sus vidas.

 

Ore los propósitos de Dios

Hemos debatido el poder de orar La Palabra, que revela sus propósitos para la humanidad. Cuando oramos por las almas perdidas, podemos proclamar los propósitos de Dios para salvación.

Por ejemplo, cuando el Señor se le apareció a Saulo en el camino a Damasco, le declaró sus planes para su vida y ministerio, destinado a cumplir con los propósitos de Dios: “Entonces pregunté: “¿Quién eres, Señor?”. “Yo soy Jesús, a quien tú persigues —me contestó el Señor—. Ahora, ponte en pie y escúchame. Me he aparecido a ti con el fin de designarte siervo y testigo de lo que has visto de mí y de lo que te voy a revelar. Te libraré de tu propio pueblo y de los gentiles. Te envío a éstos para que les abras los ojos y se conviertan de las tinieblas a la luz, y del poder de Satanás a Dios, a fin de que, por la fe en mí, reciban el perdón de los pecados y la herencia entre los santificados” (Hechos 26:15-18).

Es el propósito del Señor abrir los ojos a aquellos que viven en oscuridad espiritual y hacerlos libres del poder de Satanás, para darles el perdón de los pecados y una herencia a través de la fe.

Cuando oramos la voluntad de Dios, sabemos que nos oye y responde esas oraciones (ver 1 Juan 3:21-22). Orar los propósitos del Señor para nuestras familias, iglesias, comunidades y nuestra nación es una manera poderosa de levantar la cosecha que desea darnos.

 

Ore la “persona” de Dios

Podemos recordarle a Dios en oración sobre su amor, misericordias y longanimidad. Podemos invocar a nuestro Redentor y apelar a su bondad. Por ejemplo, le podemos pedir que de la misma manera que perdonó a la antigua Nínive, intervenga por nuestras situaciones “perdidas”. Cuando Abraham intercedió por su sobrino Lot, apeló a la justicia del Señor, alegando: “¿De veras vas a exterminar al justo junto con el malvado?” (Génesis 18:23). Debido a la intercesión de Abraham, Dios abrió una senda para salvar a Lot, aunque trajo juicio sobre la malvada ciudad de Sodoma donde vivía con su familia.

Moisés apeló al nombre de Dios a fin de interceder por la malvada nación de Israel. Él quería borrarlos y levantar otra nación a partir de Moisés. Pero Moisés alegó ante el Señor para recordarle su pacto con Abraham, Isaac e Israel: “Tú mismo les juraste que harías a sus descendientes tan numerosos como las estrellas del cielo; ¡tú les prometiste que a sus descendientes les darías toda esta tierra como su herencia eterna!” (Éxodo 32:13). En uno de los más asombrosos versículos de Las Escrituras en La Biblia, leemos: “Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo” (Éxodo 32:14, RVR60). La intercesión de Moisés, basada en quién es Dios, salvó a una nación entera de la ira del Señor que merecía recibir.

A medida que nos dedicamos a leer La Palabra y a orar, descubrimos el corazón de Dios. Cuanto más profundamente se entretejen nuestros corazones con el corazón de Dios, más comprendemos cómo orar su voluntad para cada situación, y especialmente por las almas perdidas.

 

Hacer oraciones bíblicas

A menos que esté convencido de que la oración es el medio por el cual usted toma una parte definida y necesaria en el cumplimiento de las promesas del Señor, su dedicación a la oración será vacilante. Cuando abrace esa realidad, necesitará estar equipado para hacer oraciones bíblicas que estén en la voluntad de Dios.

Cuando elija hacer de la oración una prioridad en su vida, es mi plegaria que las declaraciones proféticas recopiladas aquí ayuden a lanzarlo a nuevos niveles

de oración llena de fe. Lo desafío a comenzar a hacer declaración y proclamación

concerniente a su propia libertad en oración y a los propósitos de Dios sobre su vida y familia. A medida que comience a ver las respuestas a esas oraciones, se animará a proseguir con los propósitos más amplios del Señor para su iglesia, comunidad y nación.

Verá su propia vida transformada para caminar en el destino para el cual nació y podrá levantar la cosecha que Él ha decretado como su herencia espiritual.

 

Por Sue Curran
Tomado del libro: Ora en otra dimensión
Peniel

Ora en Otra Dimension

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