Los Traicioneros Placeres Momentaneos

Usted puede romper hoy mismo con lo que lo esclaviza

Por el Obispo George McKinney

Sara llevaba unos catorce años de casada y tenía tres hijos con Gerardo. Si le hubieran preguntado si su matrimonio era bueno antes de que recibiera esa llamada, Sara habría exclamado: “¡Sí!”. Ella y Gerardo no solían discutir, y él estaba en la casa casi todas las noches, a excepción de cuando iba a las reuniones del grupo de hombres o al trabajo. Era un cristiano convencido, amaba a sus hijos y trabajaba duro pero solo de 8 a 17. Fue una gran sorpresa cuando la empleada llamó y preguntó si querían mantener su casilla de correo, ella dijo: “Se han atrasado una semana con el pago. Tienen que pagar o enviaremos el correo de regreso. Aunque de todos modos me gustaría enviar todo esto de vuelta”.

Sara quedó confundida. No sabía que tuvieran una casilla de correo.

Con curiosidad o algo de preocupación, Sara fue a ver de qué se trataba. Con un breve vistazo al contenido de la caja, decidió que también querría enviar todo de regreso: dentro había media docena de revistas pornográficas. “Mi hijo fue adicto a eso durante un tiempo”, le dijo la empleada, una mujer unos diez años mayor que Sara, con tono compasivo. “Las quemaría si pudiera hacerlo”.

Sara la miró con expresión de dolor, sin decir nada.

Tampoco le dijo nada a Gerardo hasta después de que los niños fueran a dormir. Entonces, mientras él estaba en su sillón haciendo el crucigrama del periódico, sacó las revistas de debajo de su canasta de labores, donde las había escondido, se acercó a él muy decidida, y cuando él levantó la mirada interrogante las dejó caer como si fueran un pesado yugo sobre su regazo. “Creo que son tuyas”, dijo con sus ojos ardiendo por la traición.

 

Apariencias engañosas

Gerardo levantó la mirada, y de su corazón parecía surgir el epicentro de un terremoto. Durante apenas un instante se preguntó cómo había podido meterse en este lío. Cuando comenzó a interesarse por la pornografía, ni siquiera sabía qué era lo que tanto escándalo causaba. Y aunque sabía que todos, desde su madre hasta su esposa, estaban en contra, no le parecía algo malo. ¿Qué daño podría causar? En realidad, había beneficios. Satisfacía fácilmente sus necesidades y no tenía que molestar a nadie para conseguir esta satisfacción. Las imágenes estaban con facilidad a su disposición, y francamente eran estimulantes.

Sin embargo, ahora la mujer que él amaba se encontraba en una agonía emocional, y la culpa que él sentía quizá hubiera sido igual que si hubiese cometido un asesinato.

Este amo de la esclavitud puede ser así. Al principio quizá parezcan amigos, compañeros de juerga, pero luego de repente se vuelven en contra de nosotros.

Gerardo le echó un vistazo a las revistas que pesaban sobre su falda como un yugo emocional y espiritual, y supo que todo cambió. Ya no había diversión; el sentido de satisfacción que le daban esas imágenes se evaporaban; su ser interior, esa parte de él que por lo general daba un salto de prohibido deleite ante la sola idea de ellas, le pasaba lleno de amargura.

Fue como si pudiera verlo. Y sus ojos permanecieron fijos allí (sobre las revistas y el mal que vivía en ellas) mientras hablaba. “Lo siento”, dijo. Sin embargo, su tono no era el de alguien arrepentido, alguien que buscara que otro le ayudara a cambiar para mejorar. Era un sonido duro y empañado que le indicó a Sara que su esposo lo lamentaba pero que no tenía fuerzas para cambiar porque estaba derrotado.

Por desdicha, Gerardo no está solo. La pornografía ataca a gente de ambos sexos, de todas las edades y clases sociales, a universitarias y a desertores de la escuela primaria, a mecánicos, secretarias, a los sofisticados y los más sencillos.

Una vez ofrecí consejería a una mujer con educación universitaria, esposa de un médico, una persona que asistía a funciones de gala de caridad para niños necesitados y con enfermedades modernas. De repente se encontró adicta a la pornografía por Internet. La última vez que hablé con ella su matrimonio se derrumbaba.

Esta escena se da con demasiada frecuencia en estos días, en hogares de cientos de países. Y trágicamente, los hogares cristianos no son inmunes. Se destrozan tanto como los hogares que rechazan a Jesús y enarbolan la bandera de las filosofías modernas. Y como Gerardo había permitido que esas influencias anidaran en su corazón, sus ojos y sus manos, con toda efectividad había disparado una bala que dio justo en el centro del amor que sentía por Sara.

El arma de Gerardo, claro está, era la pornografía. Para otros será el atractivo del crédito fácil, del juego, del robo en las tiendas o de gastar dinero de modo indiscriminado. En todos estos casos las personas gastan sus recursos para obtener lo que quieren negándoles a los que tienen más cerca lo que necesitan.

En el caso de Sara, en el momento en que vio esas sucias imágenes sintió que la bala de la traición perforaba su corazón.

La pornografía tiene raíces psicológicas en gran cantidad de áreas diferentes (el poder y el control, la incapacidad para la intimidad, entre otras) pero aquí queremos examinarla porque por sobre todas las cosas este nuevo amo de la esclavitud pertenece al cruel culto de la gratificación instantánea.

 

Esa búsqueda extraña

Como sucede con la gratificación instantánea, la búsqueda irracional de placer es una droga emocional. Sus esclavos buscan excitación, caos, un sentido de pertenencia y simultáneamente, la sensación de indiferencia que traen estos placeres. Al igual que con la gratificación instantánea, podemos encontrar cierta justificación para esta búsqueda, pero con moderación. Todos necesitamos divertirnos de vez en cuando para recargar nuestras baterías, renovarnos y hacer que las dificultades de la vida nos resulten más fáciles de soportar. Pero hay algo drásticamente malo cuando esto es todo lo que buscamos.

¿Es usted esclavo de la gratificación instantánea o de la búsqueda irracional de placer? ¿Se encuentra en el caos de la pornografía, las deudas que crecen, el juego por dinero o cualquier otra búsqueda que parezca renovarlo o regenerar su energía? ¿Tiene a alguien como Sara en su vida, que ama pero se siente lejos a causa de su conducta destructiva, egoísta e insensible? Si es así, el látigo del amo de la esclavitud deja sangrientas heridas en su espalda.

Póngale fin al caos.

Haga lo que estos amos de la esclavitud rechazan. Ellos quieren que esté demasiado distraído como para poder buscar algo mejor, demasiado cansado como para buscar redención, demasiado atento a sus requerimientos temporales como para darse cuenta de su mayor necesidad: sus necesidades espirituales, su lugar eterno en este universo.

A diferencia de los esclavos de antaño usted puede controlar ese látigo y poner fin a los azotes cuando quiera. Y cuando lo haga encontrará que se ha gratificado de forma instantánea, y sus placeres pasajeros se habrán convertido en el gozo más puro. Al volverse a Jesús y a través de Él al Padre, buscará lo que en verdad le satisface y le da libertad.

 

Por el Obispo George McKinney
Tomado del libro: Los nuevos amos de la esclavitud
Vida

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1 comentario en Los Traicioneros Placeres Momentaneos

  1. En el articulo anterior de Sara con esposo, es un problema en nuestra sociedad y cuando se pierde el cariño por la persona amada sea hombre o mujer hay que pedir ayuda sicológica lo mas pronto

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