La Oracion Transformadora

La responsabilidad de cada cristiano de cambiar la realidad espiritual

Por Jay Dawson

Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de influenciar el curso de la historia en nuestros días. Pocos se dan cuenta y aprovechan la oportunidad. Cada vez que un intercesor ora efectivamente por un país, se mueve la mano de Dios. Cuando esto sucede, las grandes potencias del universo se movilizan y se hace historia. Los intercesores que oran regular y efectivamente por las naciones son los más grandes protagonistas de la historia de la humanidad.

Al interceder por las naciones del mundo es importante tener en cuenta cuál debe ser el principal enfoque: el Cuerpo de Cristo en cada país. Dios ha conformado la historia en torno a su Pueblo y espera que nosotros —no los gobiernos— conformemos la historia de las naciones (2 Corintios 7:14).

Solo entenderemos las responsabilidad del Pueblo de Dios para con las naciones del mundo actual cuando comprendamos la responsabilidad y el privilegio futuros para los que Dios prepara a la Iglesia. El Señor prepara a su Iglesia para compartir con Él, como esposa suya, su poder y su autoridad soberanos sobre su reino eterno. Al que salga vencedor y cumpla mi voluntad hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones” (Apocalipsis 2:26).

A medida que colaboramos con Dios para conformar la historia de las naciones, Él nos reforma. Podemos esperar ser purificados y transformados. Dios prepara a su Iglesia para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable”(Efesios 5:27).

Hemos de examinar nuestra vida a la luz de cada punto por el que oramos, para cerciorarnos de que primero lo vivimos. Si no, entonces el arrepentimiento nos cualificará para ser efectivos. La oración ferviente y efectiva del justo es la que prevalece.

El siguiente bosquejo nos ayudará a orar eficazmente:

  1. Dé gracias y alabe a Dios por quien es y por el privilegio de colaborar con él en este ministerio emocionante. Luego déle gracias por lo que ya ha hecho en los países a los que le ha dirigido.
  2. Ore para que descienda sobre el Pueblo de Dios un avivamiento de poder y un derramamiento del Espíritu Santo sin precedentes. Isaías nos proporciona una de las más poderosas oraciones de avivamiento que podemos hacer: ¡Ojalá rasgaras los cielos, y descendieras!
 ¡Las montañas temblarían ante ti, como cuando el fuego enciende la leña
 y hace que hierva el agua!
 Así darías a conocer tu nombre entre tus enemigos,
 y ante ti temblarían las naciones. Hiciste portentos inesperados cuando descendiste;
 ante tu presencia temblaron las montañas” (Isaías 64:1-3).
    Un avivamiento es una agitación, sacudida y cambio extraordinarios que Dios promueve en su Pueblo para sacarlo de la apatía, el egoísmo, la búsqueda de preeminencia, y hacer de él un Pueblo arrepentido, humilde, que otra y alaba con fervor. Un pueblo con una sola pasión por Dios y su gloria, y una carga mucho mayor por los perdidos. De esto se desprende un avivamiento espiritual de los perdidos, y en consecuencia, una gran cosecha de almas en el Reino de Dios.
    Tenemos que pedir a Dios que agite a su pueblo en cada país para que le dé visión por el avivamiento, para que se dé cuenta de la desesperada necesidad de Él, y sepa que no hay sustituto. Hemos de orar para que el Pueblo de Dios interceda persistentemente por un avivamiento, para que se prepare y esté listo para ser usado cuando este llegue.
  3. Pida a Dios que una el Cuerpo de Cristo. Según la oración de Jesús, en Juan 17:23, la unidad es el mayor factor que influye en los perdidos para entregar su vida a Cristo: yo en ellos y tú en mí. Permite que alcancen la perfección en la unidad, y así el mundo reconozca que tú me enviaste y que los has amado a ellos tal como me has amado a mí”. Pida a Dios que convenza a su pueblo del orgullo y el prejuicio que lo divide y se dé cuenta de que sin unidad será derrotado. Ore para que Dios libere un espíritu de humildad que le ayude a darse cuenta de la necesidad desesperada que tenemos los unos de los otros. Dondequiera que haya divisiones en el Cuerpo de Cristo, deben tener lugar la reconciliación y la unidad, según La Biblia para que la gloria de Dios pueda manifestarse en su Pueblo, como se promete en Juan 17:22.
  4. Necesitamos humillarnos ante Dios y reconocer que el Cuerpo de Cristo es nuestro país merece juicio por causa de la idolatría, la apatía, la desobediencia a la verdad revelada y el espíritu del mundo que se ha extendido en él. Hemos de identificarnos con los pecados del Pueblo de Dios, como Nehemías, y sustituir el nombre de Israel por el de nuestra nación.
  5. Ore por los líderes. En primer lugar, pediremos a Dios que levante líderes espirituales de los cinco ministerios mencionados en efesios 4:11, y oraremos para que sean hombres y mujeres íntegros que teman al Señor y actúen según el carácter y los caminos de Dios. Y oraremos para que los líderes reciban visión nacional e internacional en relación con la extensión del Reino de Dios. Después, oraremos por las actuales autoridades nacional (1 Timoteo 2:1-2), recordando que “no hay autoridad sino de parte de Dios”. Debemos aceptar el propósito soberano de Dios al colocar líderes en puestos de autoridad, y orar por ellos con corazón amoroso, creyendo que Dios está actuando. Lo único que cuenta es “la fe que obra por el amor” (Gálatas 5:6).
  6. Ore para que La Palabra de Dios ocupe la atención que se merece como fundamento para la promulgación de leyes justas, y como norma de valores y ética moral. Pida que las cabezas espirituales de los hogares asuman su puesto de responsabilidad enseñando a sus hijos la Biblia y celebrando los cultos de adoración familiar.
  7. Pida a Dios que provoque a su Pueblo para que vea que la obediencia es la clave de la vida cristiana. Clame para que las prioridades divinas sean nuestras prioridades diarias: viva una vida de adoración que sea la base de todo lo que hagamos; pase a tiempo solas con Dios; interceda por otros; espere en Dios mientras recibe su dirección; tenga un corazón abrumado por los perdidos que nos motive a testificar.
  8. Pida que el temor de Dios impregne a todos los creyentes porque este es el principio de todo conocimiento y sabiduría, y significa aborrecer el mal. Ore para que la pasión por la santidad se adueñe de los corazones del Pueblo de Dios, como lo hizo con la Iglesia primitiva. La pureza de vida es esencial para retener un poder sostenido, que actúa cuando se aplica a la necesidad humana.
  9. Pida a Dios que envíe obreros a los campos de labor del mundo de todas las naciones y a cada nación. La oración es la principal fuerza de reclutamiento para cumplir la Gran Comisión. Pida que todos los creyentes lleguen al convencimiento de que el mandato de “ir a todas las naciones” es para todos sin excepción.
  10. 10.  Concluya alabando a Dios, declarando su fe en su promesa. Las naciones temerán el nombre del Señor;
 todos los reyes de la tierra reconocerán su majestad. Porque el Señor reconstruirá a Sión,
 y se manifestará en su esplendor” (Salmo 102:15-16).

 

Por Jay Dawson
Tomado del libro:
Intercesión, emoción y plenitud
Editorial Jucum

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