Con la Mente de Cristo

Tenemos que tomar la firme desición de vivir con la Mente de Cristo en nuestra vida.

Por Ben Gutiérrez

Dios no juega “a las escondidas” con sus instrucciones sobre la mente de Cristo. No se trata de algo oculto a la vista para que tú lo busques con diligencia con la esperanza de hallarlo antes de que sea demasiado tarde.  Dios lo muestra abiertamente y con claridad en Filipenses para que sus hijos puedan ser uno con Él. Y luego de estudiar la clara, simple y profunda enseñanza de la mente de Cristo, que se encuentra en filipenses 2:2-11, encaramos con un amplio entendimiento sobre lo que es con exactitud la mente de Cristo y cómo puede aplicarla a tu vida.

Hay una promesa adicional si te esfuerzas por alcanzar la mente de Cristo. Esta producirá tanto gozo como frustración en tu corazón: ¡la mente de Cristo te hará anhelar estar en el cuelo con Jesús!

Cuando más acomodamos nuestra mente al conocimiento de Cristo y nos conducimos de manera que honre a Dios, más anhelaremos estar en su presencia. En muchas oportunidades en la carta a los filipenses, el apóstol Pablo hace referencia al futuro, cuando estaremos con nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Cuanto más cultivemos la mente de Cristo aquí en este mundo, más deseará nuestro corazón alabarlo cara a cara. Cuanto más confesemos el pecado y lo “hiperexaltemos” con auténtica alabanza, más ansiaremos adorarlo en su misma presencia. Será un día glorioso cuando finalmente podamos adorarlo a sus pies.

Con frecuencia Pablo alentó a los creyentes que anhelaban estar con Cristo. Les recordó el glorioso día cuando estemos con Él y podamos adorarlo cara a cara. Además de la carta a los filipenses, el apóstol ofreció muchas palabras de ánimo a los creyentes de la iglesia de Tesalónica. Es más, los cinco capítulos de 1 Tesalonicenses finalizan con un versículo sobre el momento en los cristianos estén en la presencia del Señor Jesucristo.

Si has desarrollado la mente de Cristo, estas referencias sobre estar en la presencia del Señor hacen que tu corazón ansíe estar con Jesús. La carta a los filipenses contiene expresiones de aliento similares que nos animan a seguir viviendo con la mente de Cristo porque un día estaremos con Él.

Si dices tener la mente de Cristo pero no exhibes una vida que refleje esta actitud en acción, nadie te creerá. Esta verdad puede verse a lo largo de todo el Nuevo Testamento. Santiago declara: ¡Qué tonto eres! ¿Quieres convencerte de que la fe sin obras es estéril?” (Santiago 2:20). Esto significa que las obras no salvan el alma, pero la salvación produce un cambio en la vida de la persona. Apocalipsis 2:2-3 nos habla de un grupo de creyentes que conocía muchos hechos, a muchas personas y sabía de doctrina cristiana pero que no ponía sus creencias por obra. “Yo conozco tus obras… pero… has abandonado tu primer amor”. Ya en los tiempos de Jesús, los judíos no garantizaban tu salvación, si no respaldabas tus palabras con acciones. Por lo tanto, queda bien en claro que la mente de Cristo no es un simple credo, una teoría ni una fórmula. La mente de Cristo es una acción.

Ella se cultiva cuando activamente meditas en la enseñanza de Filipenses 2:2-4: “llénenme de alegría teniendo un mismo parecer, un mismo amor, unidos en alma y pensamiento. No hagan nada por egoísmo o vanidad; más bien, con humildad consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Cada uno debe velar no sólo por sus propios intereses sino también por los intereses de los demás”. Cuando haces esto, confiesas de corazón cualquier pecado y sigues cuidadosamente todas las directivas bíblicas sobre cómo cultivar la unidad, la humildad y la abnegación, entonces significa que en ti está la mente de Cristo.

Es una decisión personal que afecta tu corazón. Debe cultivarse diariamente y controlarse una y otra vez cada día, ¡a cada momento, de ser necesario! Vivir conforme a la mente de Cristo no depende de las circunstancias./ Es una cuestión de elección y obediencia.

La mente de Cristo es una decisión personal que afecta tu corazón. Debe cultivarse cada día y controlarse una y otra vez, ¡a cada momento, de ser necesario! No debemos permitir que nuestras circunstancias eviten que desarrollemos la mente de Cristo. ¡Es una cuestión de elección y obediencia!

¿Decidirás hoy mismo tener la mente de Cristo? ¿Harás lo que sea necesario para manifestarla cada día de tu vida? ¿Elegirás obedecer su preciosa Palabra? Ruego a Dios que comiences ahora mismo. Y en la esperanza del regreso del Señor, ¡es mi oración que Él nos muestre a todos viviendo con la mente de Cristo!

Por Ben Gutiérrez
Tomado del libro: La mente de Cristo
B&H

Como Alcanzar sus Promesas

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