Camina Hacia tu Cosecha

La Prosperidad en Tiempos de CrisisH

Por Roberto Vilaseca

Mi pastor solía decir: “Después de un domingo de gloria volvemos a un lunes de realidad”, resumiendo así la sensación que nos acontece cuando, como los discípulos de Jesús, tenemos que bajar del monte de Dios al valle de la lucha cotidiana. Cada lunes, al salir a la calle, nos chocamos crudamente con la realidad de este mundo tan difícil. Indudablemente la vida es un desafío de fe, especialmente cuando nos dirigimos a cargar combustible, visitamos las góndolas de un supermercado, o recibimos las boletas de los impuestos. El gozo y la paz que atesoramos en el culto dominical parece un capital que se diluye entre los dedos, así como el valor de nuestro dinero en tiempos de inflación. Y la ansiedad nos asalta. Esa ansiedad que es hija de la duda, del desorden, de la mentira y de los temores. Cuando dudamos del poder de Dios, cuando escuchamos el susurro del diablo y cuando nuestras finanzas no son bien administradas, entonces caemos en una desesperación que nos nubla la vista y nos hace vulnerables a todo lo que pasa a nuestro alrededor.

La buena noticia es que contamos con el cuidado de un Dios abundante. Él es la fuente inagotable de toda bendición. La prosperidad, así como la miseria es un principio espiritual, y el Pueblo de Dios debe romper con el espíritu de miseria. Todo hijo de Dios que ha rendido su vida a Cristo, y que se dispone a obedecerle, en poco tiempo debería manifestar cambios en su vida, y ese cambio también comprende sus finanzas.

El desafío que tenemos como Iglesia es enseñar a cada cristiano a vivir los valores del Reino, y aplicar sus principios en todos los ámbitos de su vida; especialmente en descubrir y activar sus capacidades, saber enfrentar las crisis de su economía y  crecer en la prosperidad reconquistada por Cristo en la cruz. No alcanza solo con declarar con fe que Dios nos hizo libres y que somos prósperos. De hecho, muchos hermanos genuinamente creen en que Dios los bendijo, pero continúan sufriendo miseria y postergación. Prosperar es todo un aprendizaje. Si bien Dios es el que prospera, cada uno de nosotros somos los que hacemos o no prosperar nuestra vida conforme como actuamos.

“Prosperar es una decisión que debe traducirse en acciones que nos ayuden a concretarla”, expresa el pastor Daniel González, quien promueve talleres de enseñanza de los principios para el éxito en Dios. “Todos los días tenemos delante de nosotros la bendición y la maldición. A la hora de prosperar debemos dejar de ser pasivos y empezar a ser proactivos. Deja de esperar que te lleguen las cosas y salí a buscarlas y tomarlas”, agrega.

Habiendo enterrado el debate que algunos sostuvieron por años como parte de una cultura religiosa en cuanto a que la pobreza es una expresión de espiritualidad y santidad, hoy entendemos que es voluntad de Dios que sus hijos sean bendecidos y prosperen en todas las cosas, trabajando con sus manos y confiando en su fidelidad.

 

Por qué Dios prospera

Refiriéndose a por qué Dios quiere bendecir al cristiano, el evangelista Luis Palau escribió en su revista Continente Nuevo: “En primer lugar, cuando Dios nos prospera lo hace para que lo glorifiquemos y para que otros también lo glorifiquen. A veces los cristianos comenzamos alabando a Dios, y entonces viene la bendición, en cuyo caso hay como resultado una consecuente alabanza de nuestra parte. En segundo lugar, Dios nos prospera para que seamos generosos. Dios ama al dador alegre. En tercer lugar, el Señor nos prospera para que hagamos buenas obras. En cuarto lugar, somos prosperados a fin de ayudar a los pobres, y en quinto lugar, Él nos prospera para que seamos liberales en el dar”.

Pero es indudable que todavía hay mucho desconocimiento de cómo alcanzar esa prosperidad. Dios le dijo a Josué que meditara, guardara e hiciera conforme a su voluntad, y entonces prosperaría su camino y todo le saldría bien. Debemos partir de este fundamento: la prosperidad está íntimamente ligada a la obediencia a La Palabra de Dios. Si pasamos tiempo con ella, y no dejamos que se aleje de nuestra mente, corazón y boca, sino que continuamente meditamos en ella, Dios promete bendecirnos.

La Biblia está llena de principios que nos permiten caminar con fe y perseverancia hacia esas promesas de bien que están disponibles para cada uno de nosotros. Daniel González ha recibido una luz particular para ayudarnos a caminar este sendero de una manera sencilla y práctica. Él enseña que: “La mejor manera de predecir el futuro, es creándolo. Y la mejor forma de encarar el futuro es preparándose para él. Necesitamos desarrollar un proyecto de vida que contemple proyectarnos en cada área de ella, y estar dispuestos a que el Señor enderece nuestros pasos. En el ministerio, discernir las distintas etapas. En el trabajo, desarrollar un plan de carrera. En el negocio, tener una estrategia comercial. En el nido vacío, tener un proyecto de vida con mi esposa. Y en la jubilación, qué voy a hacer y de qué voy a vivir. Es difícil llegar a destino cuando uno no sabe a dónde se dirige, y es difícil afrontar los desafíos que se tienen por delante cuando uno no se ha preparado para ello”.

 

Siembra y cosecha

Una ley relacionada a la prosperidad que se cumple inexorablemente es el principio de la siembra y la cosecha. “Recuerden esto —dice Pablo en 2° Corintios 9:6—, el que siembra escasamente, también cosechará escasamente; pero el que siembra generosamente, generosamente cosechará”. Dios multiplica nuestro dinero de la misma manera que multiplica la semilla del agricultor. El aumento del ciento, del sesenta o del treinta por uno se aplica no solamente a la cosecha de la agricultura. Este maravilloso principio de la multiplicación se aplica al dinero del cristiano de la misma manera que la semilla al cultivo del agricultor. Estas no son palabras de hombres; es La Palabra de Dios.

John Avanzini escribió un libro que impactó mi vida años atrás llamado “Treinta, sesenta y ciento por uno”, donde comparte su experiencia milagrosa de prosperidad a partir de la siembra y de la obediencia a la voz de Dios. El cuenta que el Señor le habló claramente acerca de lo que espera de sus hijos a la hora de ofrendar. “Mi pueblo comete dos errores grandes cuando me dan —le dijo Dios—. Primero, casi nunca dan la cantidad exacta que yo les he indicado. A menudo da más de lo que yo les digo, porque se sienten presionados a hacerlo. Y eso es un acto de desobediencia. Pero además, la mayoría de ellos ofrendan sin pedirme un resultado específico, no esperan nada a cambio. Cuando dan sin esperar nada, no se están moviendo en fe. Diles que den la cantidad exacta y con expectativa de recibir la multiplicación”.

A modo de conclusión te comparto lo que Dios me ha enseñado en este proceso de fructificación y prosperidad, a través de lecciones que no estuvieron exentas de lágrimas. Para ver la bendición tienes que:

 

Aprender a obedecer a Dios. Deuteronomio 28 es contundente en cuanto al resultado de la bendición de oír a Dios, guardar sus mandamientos y ponerlas en práctica. Bendito serás, dice, en la ciudad y en el campo. Bendito tus hijos, el fruto de tu tierra, tus animales y tu canasta familiar. Bendito serás cuando entres y bendito cuando salgas. Dios te hará sobreabundar; te pondrá por cabeza y no por cola.

Aprender a trabajar. Es necesario que trabajemos como lo hizo Dios. Él es nuestro modelo de trabajador. Creó todas las cosas durante seis días y al séptimo, reposó una vez que acabó la tarea. A Jesús no le avergonzaba tener callos en las manos de la carpintería. Con esas manos hizo milagros. Trabajemos con dedicación, con integridad, con responsabilidad y con excelencia. La mano de obra estándar abunda por eso tienes que capacitarte. Aprender un oficio y ser competente en lo tuyo. Nunca te faltará trabajo.

Aprender la fidelidad del diezmo. Primero fue un pacto, luego una ley. Jesús pagaba sus diezmos sino los religiosos que buscaban una excusa para acusarle lo hubieran condenado. “Den al César lo que es del César [los impuestos] y a Dios lo que es de Dios [los diezmos]”, dijo. Diezma porque Dios lo ordena y porque Jesús lo encomendó. Diezma porque entonces demuestras que Dios tiene el primer lugar en tu vida. Porque entonces recuerdas todo lo que Dios te ha dado. Porque expresa gratitud. Porque si no lo haces le robas a Dios y demuestras que en realidad no lo amas.

Aprender a dar. La Biblia es un libro sobre dar. Entre las palabras importantes que se usan en ella, la palabra “creer” se usa 272 veces; “orar” se usa 371 veces; la palabra “amor” se usa 714 veces; y la palabra “dar” se usa ¡2162 veces! Dios es un Dios dador, a Él nadie le gana en dar, y quiere que lo imitemos.  Jesús habló más sobre dar que casi cualquier otro tema. La mitad de sus parábolas se relacionan con dinero. Hay más promesas en La Biblia relacionadas a dar más que cualquier otro tema. Tienes que dar no a la necesidad (porque damos a Dios). No a los hombres (sino para Dios). No con tristeza. No con mezquindad. No dudando. Y sí debemos dar sistemáticamente.

Aprender a administrar. “Y cuando se hubiesen saciado, dijo a sus discípulos, recojan los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada” (Juan 6:12). La mano de Dios hace milagros, pero hay que cuidar el fruto de su gracia. Jesús quería que sus discípulos aprendieran a guardar aquella provisión para cuando hubiera necesidad. Tenemos que hacer un presupuesto mensual, y no caer en la tentación de gastar más de lo que hemos ganado.  Hay necesidades reales y otras aparentes. Tienes que aprender que no todo es prioritario.

Aprender a pedir en grande. Puedes tener fe en Dios y su palabra en forma ilimitada; pero aún así, jamás agotarías a Dios porque Él es una fuente que no queda seca. Si vas a pedirle a un Dios grande y generoso, no seas escaso al pedir. Pide en grande, pide mucho, pídele con fe, porque nunca tu fe y tu pedido podrán exceder la tremenda capacidad de Dios, sus infinitos recursos y sus inagotables riquezas.

 

Dios te capacita para vivir una vida especial. Declárale la guerra al conformismo, a la resignación, a la mediocridad. Ponte a trabajar con todas tus fuerzas, a pesar de que el panorama no sea el mejor. ¿Y si todavía no ves fruto? Tranquilo; Dios trabaja en lo secreto, y pronto tu siembra saldrá a la luz. La vida aún no terminó, hay mucho por delante.

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: siembras la semilla, la abonas y te ocupas de regarla constantemente.  Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no ocurre nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.  Sin embargo, durante el séptimo año, en un periodo de solo seis semanas… ¡La planta de bambú crece ¡más de treinta metros!  ¿Tarda solo seis semanas crecer? No. La verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.  Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

En nuestra vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que este requiere tiempo. Es tarea difícil convencer al impaciente de que solo llegan al éxito aquellos que se mantienen en forma, perseverante y coherente, o sea, no tercos e ilusos. Los que saben esperar el momento adecuado, obtienen mejores resultados.  De igual manera, es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada visible sucede.

Escucha al sabio: “Porque al hombre que le agrada a Dios le da sabiduría, ciencia y gozo; más al pecador da el trabajo de recoger y amontonar, para darlo al que agrada a Dios”. (Eclesiastés 2:26).

Dios promete darte sabiduría para tomar decisiones y no caer en el engaño. Ciencia para adquirir nuevas habilidades y oficios para prosperar; y gozo, alegría y paz para vivir por encima del estrés que envuelve a los incrédulos.

¡Camina hacia tu cosecha!

 

Por Roberto Vilaseca

 

ESTO VA EN TRES RECUADROS DISTINTOS

 

Para pensar

“El Señor no quiere que cada vez que tengamos un proyecto, cada vez que Él ponga un sueño en nuestro corazón, le pidamos permiso al dinero para hacer su voluntad”.

Omar Cabrera Jr. (Tomado del libro: “Prosperidad y Riquezas)

 

Para pensar

“Fuimos creados para disfrutar de la bendición divina y para alegrarnos en la prosperidad. No he conocido personas que deseen fracasar y prefieran ser miserablemente pobres antes que bendecidos por Dios”.

Luis Palau (Tomado del libro: “La prosperidad ¿es posible en una sociedad en crisis?”)

 

Para pensar

“Mi prosperidad debe ser utilizada a favor de quien me la dio. Retener para nosotros toda la bendición es pecado y estar en falta con Dios ¿Queremos prosperidad? ¡Estemos a cuenta con el Señor de la prosperidad!”.

Natalio Aldo Broda (Tomado del libro: “Administrando bien la vida”)

 

1 comentario en Camina Hacia tu Cosecha

  1. he medtado mucho sobre este mensaje,cuento con un pequeño negocio de fabricacion de productos quimcos desde el 2007,ese mismo año me empece a congregar en una iglesa bautista.desde hace 5 años cai en un conformismo, el cual me ha llevado a no tener exito,Dios no me ha quitado ningun cliente,pero tengo que salir de mi confort para prosperar mi negocio.Y este mensaje me ha ayudado a tomara cartas en el asunto de despegar ya

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