¡Auxilio! Tengo un Hijo Adolescente

Preguntas en torno a la crianza de un adolescente

Por el Dr. James Dobson

¿Cuál es el período de la adolescencia que es más difícil, y cuál es la causa del problema?

Comúnmente, las edades de los 13 y los 14 años son los veinticuatro meses más difíciles de la vida. Es durante este tiempo que la desconfianza en sí mismo y los sentimientos de inferioridad alcanzan su nivel máximo, en medio de las más grandes presiones sociales que ha experimentado hasta ese momento. El valor de un adolescente, como ser humano, depende de una manera insegura de la aceptación del grupo de sus compañeros, la cual puede ser difícil de lograr. Por eso, las menores evidencias de rechazo o de burla, son de extrema importancia para los que ya se ven a sí mismos como tontos fracasados. Es difícil exagerar a magnitud del impacto producido por no tener con quién sentarse en un viaje de micro de la escuela, o no ser invitado a un evento importante, o ser objeto de burlas de los muchachos que son más populares en la escuela, o despertarse a la mañana para encontrar que tiene siete nuevos granos que brillan en la frente. Algunos chicos y chicas se enfrentan de manera persistente con esta clase de catástrofe social, durante todo el tiempo de la adolescencia. Estas son experiencias que no olvidarán jamás.

El doctor Urie Bronfenbrenner, quien es un eminente experto en el desarrollo de los niños, dijo que los años de edad escolar intermedia son probablemente los más críticos para el desarrollo de la salud mental de un niño. Es durante este período de desconfianza en sí mismo que la personalidad es atacada con frecuencia y dañada de manera irreparable. Dijo el doctor que, por lo tanto, no es extraño que niños saludables y felices entren a la escuela intermedia, y dos años más tarde salan de ella como adolescentes desanimados.

Estoy totalmente de acuerdo con la opinión del doctor Bronfenbrenner en este punto. Los adolescentes típicamente son brutales unos con otros, atacando y lastimando a una víctima débil de manera parecida a los lobos que matan y devoran a un animal deforme. Pocos acontecimientos me indignan más que ver a un niño vulnerable, recién creado por la mano de Dios, en el comienzo de su vida, siendo enseñado a odiarse a sí mismo, despreciar su cuerpo físico, y desear nunca haber nacido.

 

No hay nada que me angustie más que ver a mi hijo sufrir por su baja autoestima. Tiene 13 años y sé que está pasando por momento muy difíciles. ¿Puede usted segurar que él va a salir de esta etapa difícil? ¿O acaso le arruinará su vida por muchos años?

A pesar del sufrimiento producido por la baja autoestima, hay un aspecto positivo del asunto, que le animará. Recuerde que la personalidad se desarrolla por medio de las pequeñas adversidades, siempre y cuando no sea aplastada en el proceso. Contrario a lo que tal vez pudiéramos pensar, el ambiente ideal para nuestros hijos no es uno libre de pruebas y problemas. Aun si pudiera hacerlo, yo no removería todos los obstáculos que se atraviesan en el camino de mis hijos, para que felizmente caminaran por él. Ellos tienen derecho a enfrentarse con los problemas y a sacar provecho de la confrontación.

He podido comprobar el valor que tienen las pequeñas tensiones en nuestras vidas. Yo tuve una niñez extremadamente feliz y sin preocupaciones. Sin lugar a dudas, me amaron y mi rendimiento en la escuela siempre fue satisfactorio. En realidad, hasta el momento he disfrutado de felicidad y satisfacción durante toda mi vida, a excepción de dos años que fueron bastantes dolorosos. Viví esos días difíciles a los 13 y 14 años.

Durante ese período de mi vida, experimentó algo así como que la sociedad me atacaba por todos lados, situación que provocó la misma clase de sentimientos intensos de inferioridad y de falta de confianza en mí mismo. Por raro que parezca, esos dos años contribuyeron más a la formación de los rasgos positivos de mi personalidad, que cualquier otro período de mi vida. Mi compenetración con los demás, mi deseo de triunfar en la vid, mi motivación cuando cursaba mis estudios superiores, mi entendimiento de los sentimientos de inferioridad, y mi destreza para comunicarme con los adolescentes son principalmente el producto de una adolescencia agitada. ¿Quién hubiera pensado que algo útil podía surgir de esos dos años? Sin embargo, en ese caso en particular, el dolor fue un valioso maestro.

Aunque es difícil de aceptar, su hijo necesita los pequeños contratiempos que encontrará en su camino. ¿Cómo podrá aprender a salir adelante, a pesar de los problemas y las frustraciones, si en sus primeros años no experimenta aflicciones? Un árbol en una selva tropical, no se ve obligado a echar raíces profundas en busca de agua; por consiguiente, no está bien afianzado, y una pequeña tormenta puede derribarlo. Pero un árbol mezquite que se encuentra en el desierto, está amenazado por un ambiente hostil, y solo puede sobrevivir al echar sus raíces a más de diez metros de profundidad, en busca de agua. Por medio de su adaptación a la tierra árida, este árbol está bien arraigado, y se ha vuelto resistente a todos sus agresores.

Este ejemplo se aplica también a nuestros hijos: los que han aprendido a superar sus problemas están más firmes que los que nunca han tenido que enfrentarlos. Por lo tanto, nuestra tarea como padres no consiste en eliminar todos los obstáculos que nuestros hijos encuentren en su camino, sino actuar como aliados suyos, estimulándolos cuando estés deprimidos, interviniendo cuando las amenazas sean abrumadores y, sobre todo, proporcionándoles los instrumentos que les permitan superar las dificultades.

 

Aunque mi hijo considera que no se le respeta, y es hostil, ¿tengo que imponerle algunos límites y disciplinarlo?

Seguramente que sí; pero es posible guiar a los adolescentes sin insultarlos y provocarlos sin necesidad. Aprendí esta lección cuando era maestro. Desde muy temprano me di cuenta de que podía imponer toda clase de disciplina y requisitos estrictos de conducta a mis alumnos, siempre y cuando tratara a cada uno de ellos con dignidad y respeto auténticos. Me gané su amistad antes y después de las clases, durante el tiempo del almuerzo, y por medio de mi contacto con ellos en el aula. Yo era duro con ellos, especialmente cuando me desafiaban, pero nunca fui descortés, cruel u ofensivo. Defendí al más débil, y con tenacidad traté de ayudar a desarrollar la confianza y el buen concepto de sí mismo de cada niño. Sin embargo, nunca transigí en cuanto a mis normas de conducta. Cada día, los alumnos entraban en mi clase sin hablar. No mascaban chicle, no se comportaban irrespetuosamente, no decían palabrotas, no se herían unos a otros. Evidentemente, yo era el capitán del barco y lo dirigía con el esmero de un militar.

El resultado de esta combinación de bondad y disciplina firme es uno de los recuerdos más agradables de mi vida profesional.

 

Mi hijo de 14 años está en un período de rebeldía y desafío como nunca ha estado antes. Quebranta reglas y parece odiar a toda la familia. Se enoja conmigo y con mi esposa cuando lo disciplinamos, pero aun durante los momentos tranquilos parece sentirse molesto solo con nuestra presencia. ¿Cómo debo enfrentarme a esta situación? Quisiera que se ponga en mi lugar y me dijera cómo confrontaría a mi hijo.

Yo le aconsejaría que invitara a su hijo a desayunar afuera dejando al resto de la familia. Sería mejor que lo invitara en un tiempo de calma, no cuando se encuentre en medio de una pelea. Dígale que quiere hablar algunas cosas, y que no puede hacerlo adecuadamente en su casa, pero no le deje saber antes de tiempo de qué se trata. Luego, en el momento apropiado, comuníquele los siguientes mensajes.

  1. “He querido hablar contigo por los cambios que te suceden y que suceden en nuestro hogar. Los dos sabemos que las semanas pasadas no fueron muy agradables. Estás enojado la mayor parte del tiempo y te has vuelto desobediente y descortés. Con tu madre tampoco nos hemos comportado bien. Nos volvimos irritables y dijimos cosas lamentables. Esto no es lo que Dios desea para nosotros como padres ni para ti como hijo. Tiene que haber una manera mejor de solucionar nuestro problemas. Por eso estamos acá”.
  2. Quiero que comprendas lo que sucede. Has entrado en un nuevo período de la vida: la adolescencia. Esta es la etapa final de la niñez, y a menudo incluye años muy difíciles y tormentosos. Casi todo el mundo pasa por esa clase de años duros, y eso es lo que te sucede a ti. Muchos de los problemas que hoy enfrentas eran fáciles de predecir desde el día en que naciste, simplemente porque el proceso de crecimiento es duro. Tus presiones son mayores a las que fuimos sometidos nosotros cuando éramos jóvenes. Quiero decirte que entendemos, y te amamos tanto como siempre.
  3. Lo que en realidad sucede es que has tenido una experiencia de lo que es la libertad. Estás cansado de ser un niñito al que se le diga todo lo que tiene que hacer. Esa es una actitud buena que te ayudará a crecer. Sin embargo, ahora quieres ser tu propio amo y tomar tus propias decisiones sin que nadie interfiera. Hijo, dentro de muy poco tiempo vas a tener lo que deseas. Ahora tiene 14, y pronto tendrás 15, 17 y 19. Habrás crecido en un abrir y cerrar de ojos, y ya no tendremos ninguna responsabilidad sobre ti. Llegará un día en el que te casarás con quien quieras, irás a la universidad que quieras, la profesión y el trabajo que te agrade. Tu madre y yo respetaremos que eres adulto. Además, mientras más te vayas acercando a ese momento, más libertad te daremos. Muy pronto te dejaremos en libertad, y tendrás que rendir cuentas solo a Dios y a ti mismo.
  4. Pero debes comprender que todavía no eres un adulto. Durante estas últimas semanas has querido que tu madre y yo te dejemos en paz; que te dejemos estar fuera la mitad de la noche, que no te hagamos hacer tus tareas, que no te pongamos ninguna responsabilidad sobre la casa. Incluso has “reventado de ira” cada vez que te hemos negado tus exigencias más extremas. La verdad del asunto es que quisiste que te concedamos la libertad de una persona de 20 años cuando solamente tienes 14 y todavía esperas que se te planche la ropa, se te prepare la comida y se te paguen tus gastos. Has querido disfrutar de lo mejor de los dos mundos sin asumir la responsabilidad de ninguno de ellos. Entonces, ¿qué podemos hacer? Lo más fácil sería hacer lo que tú quieres. No habrían más peleas ni frustraciones. Pero nosotros no debemos hacer eso. Tú no estás preparado para ser totalmente independiente, y mostraríamos odio hacia ti (en ve de amor) si cediéramos a eso. Lamentaríamos el error por el resto de nuestra vida, y pronto tú nos echarás la culpa. Y, como sabes, tienes dos hermanas menores que te observan con mucha atención y debemos protegerlas de las cosas que les enseñas.
  5. Dios nos ha dado una responsabilidad, como padres, de hacer lo que es bueno para ti, y Él nos pedirá cuentas de la forma en que hayamos realizado esa labor. Quiero leerte un pasaje importante de La Biblia que habla de un padre llamado Elí, que no disciplinó ni corrigió a sus dos hijos cuando eran jóvenes (lea la historia en 1 Samuel 2). Queda bien claro que Dios se enojó con Elí por permitir que sus hijos fueran irrespetuosos y desobedientes. No solo Dios permitió que mataran a los muchachos en una batalla, sino que también castigó a su padre por no haber cumplido sus responsabilidades. La tarea de que los padres y las madres instruyan a sus hijos, y los disciplinen cuando sea necesario, es una obligación que podemos encontrar a través de toda La Biblia.
  6. Esto que te he dicho nos lleva a la siguiente pregunta: ¿qué vamos a hacer de ahora en adelante? Quiero hacerte una promesa, aquí y ahora. Tu madre y yo tenemos la intención de ser más sensibles a tus necesidades y sentimientos de lo que hemos sido en el pasado. No somos perfectos, como bien lo sabes, y es posible que en una u otra ocasión pensarás que hemos sido injustos contigo. Si eso llegara a suceder, podrás expresar tus opiniones, y nosotros te escucharemos. Queremos mantener ampliamente abierta la puerta de comunicación entre nosotros. Cuando pidas que se te conceda algo, me haré a mí mismo esta pregunta: ¿Puedo concederle lo que me pidió sin que sea perjudicial para él o para otros? Si puedo hacerlo y tener la conciencia tranquila, así lo haré.
  7. Pero habrá algunos asuntos en lo que no podré ceder para llegar a un acuerdo. Habrá ocasiones cuando tendré que decirte que no. Y cuando esos momentos lleguen, puedes estar seguro de que me mantendré firme. Ninguna cantidad de violencia, ni de berrinches, ni de portazos hará que las cosas cambien. En realidad si eliges luchas conmigo acerca de las otras reglas, te prometo que sufrirás una derrota dramática. Es verdad que ya estás demasiado grande para nalgadas, pero todavía pueda utilizar otros medios para que te sientas incómodo. Tengo el valor y la firmeza para realizar mi labor como padre durante los últimos años que vas a estar en casa, y es mi intención utilizar todos los recursos que estén a mi disposición. Así que tú eres quien decide. Podemos disfrutar de un tiempo tranquilo de cooperación en el hogar o podemos pasarlo en pleno conflicto. De cualquiera de las dos formas, vas a llegar a casa a la hora indicada, vas a cumplir con tus responsabilidades y vas a respetarnos a tu madre y a mí.
  8. Por último quiero enfatizar lo que te dije al comienzo. Te amamos más de lo que te imaginas. Vamos a estar para lo que tú necesites. Nos necesitamos mutuamente. Nosotros a vos, y aunque no lo creas tú nos necesitas de vez en cuando. Esto es lo que quería comunicarte. Hagamos las cosas lo mejor que podamos de ahora en adelante.
  9. ¿Necesitas decirme algo?

El contenido de este mensaje debiera ser modificado para adaptarlo a las circunstancias individuales y a las necesidades de cada adolescente en particular. Además, las reacciones de los jóvenes pueden varias. Pero incluso cuando su hijo permanezca hostil o indiferente, al menos las cartas han sido puestas sobre la mesa y las intenciones de los padres han sido explicadas.

Por el Dr. James Dobson
Tomado del libro: Criando niños
Unilit

Criando Niños (Ed. Bolsillo)

 

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