Observemos un principio de sabiduría. Dios no desea que padezca necesidad de ningún tipo, sino que sus años de vida resulten ser una experiencia de alegría, inmensa paz y suficiente provisión.
Una fuerte reflexión sobre el destino que damos a nuestras riquezas. Si alguien no da a la sociedad de acuerdo con sus capacidades, no debe recibir de acuerdo con sus necesidades.