La desesperada oración del corazón que nos mueve a orar e interceder con lágrimas, pasión y entrega por una persona, una iglesia o nación.
“Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” (Romanos 8:6-7)
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| Jim Goll |
Esta pregunta tan importante ha sido formulada durante los siglos, con diversas respuestas. Piénselo. Seguramente hay muchas respuestas, y la fe, pureza, compasión e integridad serían buenas respuestas. Permítame, sin embargo, apuntar durante un momento a una cualidad estratégica que busca el Señor: el deseo.
El diccionario define la palabra deseo como “anhelo, apetito, pedido, lo que se busque o anhele”. La tan a menudo citada enseñanza de Jesús sobre la fe dice: “Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá” (Marcos 11:24).
¿Qué es lo que usted anhela?
¿Cuál es su pasión? ¿Qué es lo que quiere tanto que casi no puede vivir sin ello? Santiago 4:2 nos dice: “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís”. Este versículo podría interpretarse como “No piden nada porque no desean nada”. ¿Lo motiva aquello que desea? ¿Siente un profundo anhelo dentro de usted, que resulta en una búsqueda apasionada? ¿Quiere más de Dios? ¿Siente hambre de verlo a Él moviéndose en la Tierra? El deseo es el comienzo de la desesperada oración del corazón.
¿Qué es la pasión de la oración?
Estoy convencido de que la batalla de los últimos días es una batalla de pasiones. El mundo ostenta sus lujuriosas pasiones a diario, sin sentir vergüenza alguna. Es hora de que la esposa de Cristo se llene de pasión y muestre extravagante y profundo amor. ¿Qué mejor lugar para exhibir tal celo que el de la oración? Es la cámara nupcial de la intimidad con nuestro Maestro.
Me dice: “Suena interesante. Cuénteme más sobre la pasión de la oración”.
Torrey dijo: “La oración que convence a Dios es la que lleva nuestra alma entera, que se extiende hacia Dios en deseo intenso y agonizante. Si ponemos poca pasión en la oración no podemos esperar que Dios ponga demasiada pasión al responderla”.
Habiendo leído a diferentes autores sobre el tema, me gustaría explicarles los ingredientes comunes de la receta de la pasión de la oración sincera. Las siguientes ideas fueron moldeadas en mí por los escritos de Wesley Duewel.
1. La pasión de la oración se incuba en un corazón de amor.
2. Aumenta por deseo de santidad.
3. Puede ser un don especial de Dios que nos otorga poder para el preciso momento en que Él desea usarnos.
4. Suele surgir de una nueva visión de una necesidad.
5. Puede crecer de la convicción creciente de la urgencia de dicha necesidad y la voluntad de Dios de satisfacerla.
6. Crece a medida que nos entregamos a la intercesión.
7. Revitaliza y refuerza nuestra fe.
Finney aconseja: “Si se encuentra en profunda oración por determinadas personas, empujado por la pasión, en agonía de llanto y lágrimas, entréguese a dicha influencia”.
Hay cosas que se definen mejor por oposición, es decir, destacando lo que no son. Echemos la moneda entonces y veamos la otra cara:
La pasión de oración no es sinónimo de oración demostrativa y grandilocuente. A veces puede ser silenciosa. Muchos guerreros de ella han agonizado en silencio durante la noche.
No es sinónimo de agotamiento físico.
La efectividad de nuestra batalla espiritual no puede juzgarse por nuestra posición o actividad física. La pasión de la oración no se produce necesariamente estando de pie, arrodillado, postrado en el suelo, alzando las manos, caminando o mediante ninguna otra postura.
Debemos a veces adoptar alguna de estas posiciones porque armoniza y da expresión al clamor: la humildad ante Dios, nuestro desesperado ruego, esperar en su presencia.
1. La pasión de la oración no es sinónimo de oración contestada de inmediato. Muchas son oídas y respondidas instantáneamente, sin que haya habido pasión, y hay deseos del corazón respondidos sencillamente en respuesta a: “Deléitate asimismo en Jehová” (Salmo 37:4)
2. La pasión de la oración no es una forma de obrar que nos hace ganar mayor estima con el Padre. No nos gana la salvación ni ninguna otra bendición de Dios. El lugar del fervor en la intercesión sacerdotal es resultado del ministerio de gracia del Espíritu dentro nuestro.
3. La pasión de la oración comienza cuando nos deleitamos en el grandioso amor que el Padre tiene por sus hijos.
4. E. M. Bounds dijo: “Las oraciones deben estar al rojo vivo. Es la oración fervorosa la que es efectiva. Hace falta fuego para que las oraciones funcionen. El calor del alma crea una atmósfera favorable a la oración”.
Más allá de las palabras
¿Ha sentido alguna vez que su corazón explota con amor por el Señor Jesús, al punto de que no hay palabras para expresar? A veces, cuando me sobrecoge el amor de su grandiosa presencia, no encuentro palabras. Cuando estoy cautivo de las cualidades de Jesús, mi corazón arde y anhela conocerlo y aceptar su voluntad y conducta. Entonces la pasión de la oración florece de lleno. De la abundancia del corazón habla la boca.
Sin embargo, a veces el amor habla un idioma extraño. Ante todo, verá, es un idioma del corazón.
El Espíritu ayuda a nuestra debilidad.
Quizá la desesperación sea una herramienta utilizada para ablandar el duro suelo de los corazones de las personas. Quizá, solo quizá, nuestras lágrimas de desesperación llenen botellas en el cielo y el Juez de todos los jueces las vierta de vuelta sobre nosotros como lluvia de misericordia sobre una tierra yerma y seca. ¿Quién lo sabe? ¡Quizá una botella de sus lágrimas se vierta para ayudar a crear la siguiente lluvia de Dios en los últimos días!
Con el escenario del lenguaje del corazón, pensemos en el tan conocido pasaje de Romanos 8:26-27: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.
El idioma de la oración, verá, es el idioma del corazón. Y el corazón no se ve limitado al vocabulario de la mente.
Invitación
Me parece que nos volvemos extremadamente dependientes de Dios a través del poder de la oración. Es otra manera de tararear la melodía que dice: Arrodillado, arrodillado, sobre las promesas de Dios mi Salvador; arrodillado, arrodillado, estoy sobre las promesas de Dios.
¡Hagámoslo realidad!
La vida en desesperación enciende oraciones desesperadas. Pídale al Señor que le dé un corazón de desesperación, de hambre y quebranto en su vida ante Jesús.
¿Qué significa estar quebrantado ante Dios? Pídale al Señor que comience a efectuar la obra de la cruz en su vida, para que sea usted una vasija de barro, quebrantada ante Él.
La intimidad con el Padre es un ingrediente esencial en sus oraciones de fervor. Cultive la intimidad en su desesperación. Pídale al Señor que ablande su corazón.
En grupo, escuche y espere al Espíritu Santo, luego únase a Él en sus gemidos a través de usted, para que nazcan los hijos e hijas de Dios.
Ore y pídale al Señor que le otorgue compasión por una persona, una iglesia o nación, para sentir su corazón, y pídale lágrimas para su pueblo.
Tomado del libro: Arrodillados sobre sus promesas de Editorial Peniel