| La Corriente | ||||
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¿Cuál es la realidad de la oración? Mayo | 2010 (GMT-3) No hay cristiano que no haya escuchado una predicación o leído un libro acerca de la oración. Pero aún así es posible continuar la vida cristiana sin entender el verdadero valor y esencia de la oración. Entendamos la esencia de la oración.
Uno de los grandes propósitos de Dios en su Palabra es grabar indeleblemente en nosotros la gran importancia, el inestimable valor y la absoluta necesidad de pedirle las cosas que necesitamos para la existencia temporal y eterna. Nos urge con todas las consideraciones, insiste y previene respecto a todos nuestros intereses. Nos señala a su propio Hijo, entregado para nuestro bien, como garantía de que la oración será contestada, enseñándonos que Dios es nuestro Padre, capaz de hacer todas las cosas por nosotros mucho más de lo que padres terrenales pueden o quieren hacer por sus hijos. Debemos comprendernos bien a nosotros mismos y comprender, también, este gran trabajo de la oración. Nuestro trabajo primordial es el de la oración, y nunca lo haremos bien a menos que nos sujetemos a él con todas nuestras fuerzas. Nunca lo haremos bien si no disponemos de las mejores condiciones para hacerlo. Satanás ha sido tan perjudicado por la buena oración, que usará todos sus recursos astutos, perniciosos y malignos para perturbar su ejecución. La oración, por juramento propio de Dios, ha sido puesta en los cimientos propios de Dios, como su compañía eterna: “Y todo hombre orará continuamente”. Esta es la condición eterna que hace avanzar su causa, y la hace poderosamente agresiva. Por ello debemos orar siempre. La fortaleza, la belleza y la agresividad de esta causa residen en las raciones de los hombres, y su poder radica simplemente en el poder para orar. No se encuentra poder en ningún lugar que no sea en la oración. “Y mi casa será llamada casa de oración para todos los hombres”. Su causa está basada en la oración y avanza por los mismos medios. La oración es la condición establecida para obtener la ayuda de Dios. Esta ayuda es tan polifacética e ilimitada como la capacidad de Dios, y tan variada e inagotable como la necesidad del hombre. La oración es el camino mediante el cual Dios satisface los deseos del hombre. El hombre es el primer interesado en este grandioso trabajo de la oración, que ennoblece la razón del hombre para usarla en la oración. El oficio y la tarea de orar es el compromiso más divino para el intelecto humano. La oración hace resplandecer la razón del hombre, y la inteligencia más elevada aprueba la oración. El más sabio de los hombres es el que ora más y mejor, ya que la oración es escuela de sabiduría tanto como de piedad. La oración no es un cuadro para sostener, mirar y admirar. No es belleza, colorido, forma, actitud, imaginación o genio; estas cosas no están relacionadas con su carácter ni a su conducta. No es poesía ni música; su inspiración y su melodía vienen del cielo. La oración pertenece al Espíritu y en ocasiones se apodera del espíritu y lo moviliza con propósitos santos y elevados. Las posibilidades y necesidades de la oración están grabadas en los fundamentos eternos del Evangelio, siendo la base de la relación establecida entre el Padre y el Hijo, y del pacto establecido entre ambos, y es la condición del avance y el éxito del Evangelio. La oración es también la condición por la cual todos los enemigos son vencidos y se obtienen todas las herencias.
La oración es verdadero trabajo. Es trabajo vital. La oración alberga la verdadera esencia de la adoración. La definición de la oración no se encuentra en ningún punto específico de toda La Biblia. En todas partes advertimos que es más importante y urgente la oración de hombres, que la adquisición de habilidades en la didáctica homilética de la oración. Este es un asunto del corazón, no de las escuelas. Es más un sentimiento que una cuestión de palabras. La oración no es un mero hábito, marcado por la costumbre y la memoria, algo con lo que debe cumplirse y cuyo valor depende de la limpieza y perfección con que se lleva a cabo. La oración no es una obligación para cumplir, para liberarse del compromiso y acallar la conciencia. La oración no es un mero privilegio, una sagrada indulgencia de la cual aprovecharse, cuando sobre el tiempo, cuando agrade hacerlo o cuando apetezca hacerlo, sin que se pierda nada serio cuando no se ponga en práctica. Un verdadero tesoro “Cristo es todo. En Él estamos completos; es la respuesta a toda necesidad, el perfecto Salvador. No necesita ningún adorno para realzar su belleza, ningún sostén para aumentar su estabilidad, ningún apoyo para perfeccionar su fuerza. ¿Quién puede dar brillo al oro refinado, blanquear la nieve, perfumar la rosa o realzar los colores de la puesta del Sol? Tomado del libro: Un tesoro de oración de Editorial Grupo Nelson. Edward M. Bounds
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