La Corriente

¿Cuál es la realidad de la oración?
Mayo | 2010 (GMT-3)

No hay cristiano que no haya escuchado una predicación o leído un libro acerca de la oración. Pero aún así es posible continuar la vida cristiana sin entender el verdadero valor y esencia de la oración. Entendamos la esencia de la oración.

Edward M. Bounds
Edward M. Bounds
Toda la fuerza del contenido de La Biblia tiene como propósito nuestra fe en la doctrina de que la oración afecta a Dios, obtiene favores de Dios que no pueden obtenerse de ninguna otra manera y que no serán concedidos por Dios a menos
que oremos. Todo el canon de la enseñanza bíblica ilustra la gran verdad de que Dios oye y contesta las oraciones.

Uno de los grandes propósitos de Dios en su Palabra es grabar indeleblemente en nosotros la gran importancia, el inestimable valor y la absoluta necesidad de pedirle las cosas que necesitamos para la existencia temporal y eterna. Nos urge con todas las consideraciones, insiste y previene respecto a todos nuestros intereses. Nos señala a su propio Hijo, entregado para nuestro bien, como garantía de que la oración será contestada, enseñándonos que Dios es nuestro Padre, capaz de hacer todas las cosas por nosotros mucho más de lo que padres terrenales pueden o quieren hacer por sus hijos.

Debemos comprendernos bien a nosotros mismos y comprender, también, este gran trabajo de la oración. Nuestro trabajo primordial es el de la oración, y nunca lo haremos bien a menos que nos sujetemos a él con todas nuestras fuerzas. Nunca lo haremos bien si no disponemos de las mejores condiciones para hacerlo. Satanás ha sido tan perjudicado por la buena oración, que usará todos sus recursos astutos, perniciosos y malignos para perturbar su ejecución.

La oración, por juramento propio de Dios, ha sido puesta en los cimientos propios de Dios, como su compañía eterna: “Y todo hombre orará continuamente”. Esta es la condición eterna que hace avanzar su causa, y la hace poderosamente agresiva. Por ello debemos orar siempre. La fortaleza, la belleza y la agresividad de esta causa residen en las raciones de los hombres, y su poder radica simplemente en el poder para orar. No se encuentra poder en ningún lugar que no sea en la oración. “Y mi casa será llamada casa de oración para todos los hombres”. Su causa está basada en la oración y avanza por los mismos medios.

La oración es un privilegio, sagrado y majestuoso, además de ser un deber, una obligación imperativa, muy imperativa, por lo cual debemos cumplirla. Pero la oración es más que un privilegio, más que un deber. Es un medio, un instrumento, una condición.
No orar es perder mucho más que por el incumplimiento de un ejercicio o el disfrute de un elevado y dulce privilegio. No orar es fallar en un nivel mucho más importante que el de pasar por alto una obligación.

La oración es la condición establecida para obtener la ayuda de Dios. Esta ayuda es tan polifacética e ilimitada como la capacidad de Dios, y tan variada e inagotable como la necesidad del hombre. La oración es el camino mediante el cual Dios satisface los deseos del hombre.
La oración es el canal por el cual todo bien fluye desde Dios al hombre, y todo bien fluye entre los hombres. Dios es el Padre del cristiano. El pedir y recibir están dentro de esa relación.

El hombre es el primer interesado en este grandioso trabajo de la oración, que ennoblece la razón del hombre para usarla en la oración. El oficio y la tarea de orar es el compromiso más divino para el intelecto humano. La oración hace resplandecer la razón del hombre, y la inteligencia más elevada aprueba la oración.

El más sabio de los hombres es el que ora más y mejor, ya que la oración es escuela de sabiduría tanto como de piedad. La oración no es un cuadro para sostener, mirar y admirar. No es belleza, colorido, forma, actitud, imaginación o genio; estas cosas no están relacionadas con su carácter ni a su conducta. No es poesía ni música; su inspiración y su melodía vienen del cielo. La oración pertenece al Espíritu y en ocasiones se apodera del espíritu y lo moviliza con propósitos santos y elevados.

Las posibilidades y necesidades de la oración están grabadas en los fundamentos eternos del Evangelio, siendo la base de la relación establecida entre el Padre y el Hijo, y del pacto establecido entre ambos, y es la condición del avance y el éxito del Evangelio. La oración es también la condición por la cual todos los enemigos son vencidos y se obtienen todas las herencias.

oraciónAunque resulten muy sencillas, estas son verdades axiomáticas. Pero en esta época es preciso subrayar, reforzar y repetir una y otra vez los axiomas bíblicos. Hasta el mismo aire está cargado de influencias, prácticas y teorías que minan los fundamentos y las verdades más reales, y los axiomas más evidentes se someten a ataques insidiosos e invisibles. Aun más: la tendencia de estos tiempos es la de efectuar ostentosas demostraciones de acción, lo cual debilita la vida y disipa el espíritu de la oración. Puede haber otros con las cabezas inclinadas y, sin embargo, quizás no haya nada de oración seria y real.

La oración es verdadero trabajo. Es trabajo vital. La oración alberga la verdadera esencia de la adoración. La definición de la oración no se encuentra en ningún punto específico de toda La Biblia. En todas partes advertimos que es más importante y urgente la oración de hombres, que la adquisición de habilidades en la didáctica homilética de la oración.

Este es un asunto del corazón, no de las escuelas. Es más un sentimiento que una cuestión de palabras. La oración no es un mero hábito, marcado por la costumbre y la memoria, algo con lo que debe cumplirse y cuyo valor depende de la limpieza y perfección con que se lleva a cabo. La oración no es una obligación para cumplir, para liberarse del compromiso y acallar la conciencia.

La oración no es un mero privilegio, una sagrada indulgencia de la cual aprovecharse, cuando sobre el tiempo, cuando agrade hacerlo o cuando apetezca hacerlo, sin que se pierda nada serio cuando no se ponga en práctica.
La oración es un servicio solemne que se le debe a Dios, una adoración, un modo de acercarse a Dios para hacer un pedido, la expresión de un deseo o de una necesidad de Aquel que suple todas las necesidades y satisface todos los deseos que, como Padre, encuentra su máxima satisfacción en conceder los deseos de sus hijos.

Un verdadero tesoro
¿Cuáles son las limitaciones de la oración? ¿Hasta dónde pueden alcanzar sus beneficios y sus posibilidades? ¿Qué aspecto de la relación de Dios con el hombre y el mundo no resulta afectada por la oración? ¿Cubre la oración todos los asuntos temporales y espirituales? Las respuestas a estas preguntas son de primordial importancia. La respuesta indicará la medida de nuestro esfuerzo y los resultados de la oración. La respuesta realzará el valor de la oración o bien lo disminuirá enormemente. Las respuestas a estas importantes preguntas se tratan a fondo en las palabras de Pablo sobre la oración: “Por nada estén preocupados, sino sean conocidas sus peticiones delante de Dios en toda oración y súplica, con acción de gracias” (Filipenses 4:6).

“Cristo es todo. En Él estamos completos; es la respuesta a toda necesidad, el perfecto Salvador. No necesita ningún adorno para realzar su belleza, ningún sostén para aumentar su estabilidad, ningún apoyo para perfeccionar su fuerza. ¿Quién puede dar brillo al oro refinado, blanquear la nieve, perfumar la rosa o realzar los colores de la puesta del Sol?
Un tesoro de oración
No se trata de Cristo y la filosofía; Cristo y el dinero, la cultura, la diplomacia, la ciencia, la organización. Es Cristo solo. Su brazo trajo salvación. Él es suficiente. Es el bienestar, la fuerza, la sabiduría, la justicia y la santificación de todo hombre”, dijo C. L. Chilton. La oración es el negocio de Dios que puede ser atendido por los hombres. La oración es un negocio necesario para Dios, que solo los hombres pueden y deben hacer.

Tomado del libro: Un tesoro de oración de Editorial Grupo Nelson.

Edward M. Bounds