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La forma más poderosa de energía: la oración
Jun | 2007 (GMT-3)
Un arte que debe aprenderse y, especialmente, practicarse. “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21:22).
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| Norman Vincent Peale | Una mañana temprano llegué a la estación de trenes y tomé un taxi para ir a mi casa. El chofer demostró ser un hombre muy feliz y amigable. – ¡Está muy feliz y radiante esta mañana! –le comenté. – ¡Ah! –me contestó–, estoy aquí todas las mañanas a esta hora; es decir, todas las mañanas excepto los domingos. – ¿Y qué hace los domingos? –le pregunté. – ¿Qué le parece? –me respondió–. Voy a la iglesia. Se detuvo en el semáforo. – Eso no es todo –dijo–, también canto en el coro. Me gustan los viejos himnos ¿a usted no? Cuando le dije que sí, repentinamente me ofreció: – ¿Le gustaría que le cante un himno? Esto era sorprendente, pero uno aprende a esperar casi todo de Nueva York, por lo tanto le dije: – Sí. Me gustaría escucharlo cantar. Inmediatamente rompió a cantar uno de los viejos himnos, con una clara voz de tenor mientras íbamos por la Quinta Avenida. Cuando terminamos lo felicité, y luego pregunté: – ¿Tiene un buen pastor en su iglesia? – ¿Un buen pastor? –exclamó–. Tenemos el mejor pastor de Nueva York, ¡y no digo que “quizás”! Esto me agradó, porque siempre me gusta encontrar un hombre que está entusiasmado con su pastor. En ese momento pasamos por mi propia iglesia en la esquina de la Quinta Avenida y la calle Veintinueve. – Ahí es donde voy a la iglesia –le dije. – ¿Es allí? –me contestó–. ¿Tienen un buen pastor allí? – Bueno –le dije–, más o menos, vea sucede que yo soy el pastor. Esta información inesperada casi lo hace subir a la acera. – Casi compré demasiado territorio por aquí –dijo.
Cuando llegamos a mi domicilio hablamos durante unos momentos. – Le diré por qué mi pastor significa tanto para mí –dijo–. No siempre he sido un chofer de taxi. Cierta vez tenía un buen negocio, pero se fundió con “La gran depresión”. Sabía que Dios tenía un plan para mí, y no me falló. Mi pastor me ayudó con el negocio del taxi. Me dijo: “Bill, manejar un taxi es lo mismo que tener un cualquier negocio. Si uno da buen servicio, es amigable, trata a las personas correctamente y confía en Dios, podrá hacerlo, y pasará buenos momentos mientras lo hace”. Mi pastor me dijo que cada mañana cuando fuera al garaje a buscar el taxi, antes de salir debía bajar mi cabeza sobre el volante y dedicar mi día de trabajo a Dios y a las personas. Puede sonar piadoso, pero quiero decirle que me ha ido bien. Además, he pasado buenos momentos, y soy muy feliz; mucho más feliz que lo que he sido jamás.
Sin excepción este era un hombre que combinaba las buenas prácticas de los negocios con su religión, y era un éxito en la vida. No tengo la menor duda de que este hombre en este momento está en cosas mayores, porque tiene la filosofía que da resultado: confiar en Dios, trabajar duro, poner el negocio en las manos de Dios y servir a las personas.
Este chofer de taxi utilizó un procedimiento que uno de los científicos destacados del mundo, Alexis Carrel recomendó mucho. Dijo: – La forma más poderosa de energía que uno puede generar es la oración. La oración, como el radio, es una forma de energía luminosa y autogeneradora. Alexis Carrel, cuya aberración política no vicia su conocimiento científico, hizo una asombrosa declaración a una generación que está perfectamente familiarizada con el poder en sus formas más dramáticas. Sin embargo, señala este científico, la forma más poderosa de energía que uno puede generar no es mecánica, electrónica o aún atómica, sino la de la oración.
La mayoría de nosotros somos novicios en la oración. Algunos casi no oramos, algunos no oran en absoluto. Hay, hablando en forma general, tres maneras en las cuales los hombres consiguen lo que desean y necesitan: (1) trabajando, (2) pensando y (3) orando. Las primeras dos se usan todos los días. La tercera se la deja muchísimo de lado. ¿Por qué? Probablemente porque el trabajo y el pensamiento son factores obvios de nuestra experiencia diaria. Son comunes, cosas de todos los días, mientras que la oración está asociada con algo diferente, con formas y posturas especiales. La han transformado en algo de “los domingos para las reuniones”, alejado de nuestras vidas diarias.
Esta eliminación del factor oración de la experiencia del hombre, es una omisión trágica. Nos lleva a cargar el peso entero y la carga de la vida. No es de asombrarse que los hombres se quiebren o fracasen al tratar de lograr lo mejor posible. A través de procedimientos espirituales podemos hacer contacto con una poderosa fuente de fuerza. Mayor fortaleza puede generarse por medio de la oración que por los pensamientos del cerebro o la obra de las manos. Permítame repetirle: la forma más poderosa de energía que uno puede generar, es la de la oración.
La conexión entre los hombres y el universo puede ser mucho más sutil y profunda que lo que pensamos. Somos parte de la naturaleza y de Dios, y para verdaderamente tener éxito en la vida uno debe armonizar con la naturaleza y con Dios. Para ser eficientes en oración debemos aprender el arte de orar. Es un error pensar que las leyes de la eficiencia no se aplican a la oración. Obviamente, se requieren habilidades en la operación de todo poder. No es razonable asumir que no se requiere ninguna capacidad para ejercitar el más grandioso poder de todos. Sin embargo, para dominar el arte de la oración solamente se necesita seguir ciertos principios simples. No es necesario asistir a la universidad o la escuela técnica para transformarse en un experto en este campo.
El primer paso para aprender a orar… simplemente es orar. Puede leer todos los libros que se han escrito sobre la oración, y asistir a innumerables disertaciones sobre la oración, pero aún así la única manera de aprender a orar, es orando. Es importante estudiar las leyes y técnicas de cualquier disciplina que quiera dominar, pero en el análisis final uno aprende haciendo.
Una de las leyes básicas de la oración es la simplicidad. Haga oraciones simples y naturales. No es necesario utilizar frases y palabras estereotipadas. Háblele a Dios como a un amigo. Si sus temores y ansiedades son pesados, háblele a Dios sobre ellos en una forma simple. Luego haga lo mejor que pueda y déjele el resto a Él. Deje de preocuparse sobre cosas. El amor de Dios lo protegerá y defenderá. Confíe en Él, trabaje mucho, piense correctamente y las cosas saldrán bien.
Al aprender este arte necesitamos reconocer que la oración es algo muy simple. Tal vez la hemos transformado en algo demasiado rígido y formal. Las personas que practican las técnicas simples de la oración, se aseguran una guía extraordinaria. Son dirigidos en sus actividades y contactos por un poder invisible, pero definitivo. Al enfrentar situaciones y tratar con las personas, adquieren capacidades notables. Por supuesto, no creo que haya algo mágico en la oración, pero desde mi experiencia pienso que ciertos discernimientos, guías e iluminaciones, son dados a aquellos que habitualmente practican una actitud de oración, en la cual se ponen a disposición de la guía divina.
He tenido tantos indicios de la validez de esto, que afirmo que lo acepto como un precepto científico, a saber: entregue los problemas de su mente a una actitud de oración. Esté dispuesto a aceptar no lo que quiere o lo que piensa que debería ser, sino afirme que recibirá guía para la solución de su problema. El resultado será que luego de un cierto período, claramente verá el bosquejo de un molde que usted mismo no concibió.
Tomado del libro: Cambie sus pensamientos y cambiará todo de Editorial Peniel
Norman Vincent Peale
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