“Cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:6).
 |
| Eddie Smith |
Los tiempos de oración que funcionan bien son cuando estoy caminando, haciendo ejercicio y manejando con mis ojos abiertos. Por cierto, no hagan como ese muchacho de Texas quien, mientras viajaba en la carretera a 110 kilómetros por hora en su camino a un picnic, puso su camioneta en control de velocidad para ir hacia la parte de atrás para revisar sus melones helados.
Algunas personas piensan que, a menos que ellos se fatiguen durante horas en oración, no han orado realmente. Intercesor: no hagas que otros piensen que no han orado porque su estilo de oración y su resistencia no son como los tuyos. En Las Escrituras, las oraciones que levantaron los muertos y bajaron fuego del cielo tomaron menos de un minuto en ser oradas. Jesús oró muy brevemente en su bautismo, y los cielos fueron abiertos, y ¡Dios habló en forma audible!
Sin embargo, a veces separo un día entero en oración. Ese día se suspenden todas las tareas, y el día entero lo paso en nuestra habitación de oración. Amigos de las iglesias, nuestros intercesores personales y nuestro equipo se unen conmigo a medida que les es posible. Pero esto es principalmente un compromiso personal nacido de muchos pedidos de oración, de mi propia necesidad de pasar tiempo con el Señor y de disciplina personal. Es siempre tiempo bien invertido, incluso en medio de una agenda muy apretada.
Puedes orar en cualquier tiempo, en cualquier lugar. Pero aquellos que tienen más éxito en la oración tienen:
•Un lugar efectivo para la oración, que es quieto y confortable.
•Un tiempo efectivo para la oración (variará dependiendo de su agenda).
•Un plan efectivo de oración.
•Un registro de los pedidos de oración y las respuestas a esas oraciones.
•Un diario de oración personal, en el cual registre cualquier revelación que Dios les esté dando, o un deseo de escribir sus expresiones de amor a Jesús.
•Un espíritu expectante.
•Un corazón sumiso, deseoso de escuchar la voz de Dios y obedecerle.
Tomado del libro: Intercesores de Editorial Peniel