| La Corriente | ||||
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Hay que tomar una decisión Sep | 2008 (GMT-3) Confiar en Dios. Si queremos que Dios nos guíe hacia su voluntad, debemos aprender a confiar en Él y a escuchar su voz.
Jamás encontrarás un versículo en La Biblia que diga: "Debes casarte con Sonrisitas, tu novia". ¿Cómo, entonces, podemos saber lo que Dios quiere? Las respuestas a estas y mil otras preguntas como ellas dependen de un asunto mucho mayor: ¿me ama Dios lo suficiente como para mostrarme su voluntad? Hemos encontrado muchos jóvenes que no pueden responder de manera firme a esta pregunta crucial, de modo que se hunden en el tormentoso mar de la confusión. Un momento están convencidos de la dirección y el amor de Dios, y entonces algo sucede que los guía de vuelta a la duda y la incertidumbre. Ir a consultar al líder no es la única manera de descubrir la voluntad de Dios. Puedes ser sensible al amor de Dios y a su dirección de manera que aprendas a discernir su voluntad. Dios nos ha dado su Palabra, la cual usará el Espíritu Santo para abrir nuestros ojos a su voluntad para nosotros en la mayoría de las áreas. Pero debemos aprender a invertir el tiempo para esperar a Dios y meditar en la verdad de su Palabra para recibir este tipo de dirección. La mayoría de nosotros somos demasiado impacientes para esto. Queremos respuestas inmediatas. Dios espera que sepamos la verdad y que decidamos andar por fe de acuerdo con la verdad de su Palabra. Cada creyente tiene la oportunidad de ser dirigido de manera personal por el Espíritu Santo en asuntos que no son cubiertos específicamente por La Palabra de Dios. Sin embargo, debemos afianzarnos y agarrarnos de una verdad crucial para llegar a discernir la dirección de Dios: Él nos ama infaliblemente. Y eso significa que se alegrará al dirigirnos.
La cruz de Cristo termina el debate. Cualquier duda en cuanto al amor de Dios por ti que pudo haberte acechado, necesita ser llevada al pie de la cruz del Calvario. ¿Por qué? Porque Jesús pagó el sacrificio para mostrarte de una vez por todas que Él –Dios– te ama. Sus discípulos mostraron la misma duda y el pánico que a veces sentimos. Estaban en un barco cruzando el mar de Galilea, cuando vino una terrible tormenta. Aterrados, despertaron a Jesús que dormía en la parte trasera del bote. Gritaron: – Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? (Marcos 4:38). Jesús calmó con rapidez la tormenta, y entonces les hizo dos preguntas a los discípulos, que reflejan el meollo del asunto: ¿Por qué tienen tanto miedo? (...) ¿Todavía no tienen fe? Los discípulos estaban asustados porque Jesús estaba dormido. Pero mientras estuviera en el bote con ellos, estos hombres realmente no tenían nada de qué temer. Lo mismo es cierto para ti: mientras Jesús esté en tu vida, no va a permitir que te hundas. Aprende a confiar en su amor y poder ¡aun cuando parezca estar dormido!
Neil Anderson
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