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Vida Cristiana » Guerra Espiritual
 
La disciplina de la entrega total
Jun | 2011 (GMT-3)

El tema de la tentación es recurrente entre nosotros. ¿Es posible mantenerse completamente alejado de la tentación? ¿Estamos dispuestos a hacer lo necesario para no pecar? No hay excusas cuando se cae en tentación.
Charles F. Stanley
Charles F. Stanley

Hay una esfera de la vida en la cual usted parece caer? ¿Por qué cree que eso es así? ¿Se dice a usted mismo: "No sé por qué no puedo controlar esto cuando todo lo demás en mi vida parece estar bajo control"? ¿Por qué sucede esto? ¿De qué forma responde usted? ¿Se siente enojado, resentido o lleno de odio al actuar de una forma que usted sabe que busca vengarse, es manipuladora o busca la revancha? ¿Está dispuesto a enfrentar el hecho de que estos sentimientos pueden muy bien estar relacionados a una tentación a la que usted no responde como Dios quiere que responda?

Hay una forma de responder a la tentación según Dios quiere que usted responda y de resistir al diablo que viene contra su vida. Pero primero, usted debe preguntarse con toda sinceridad: ¿quiero en realidad resistir la tentación?

Muchas personas vacilan cuando se trata de resistir las tentaciones. No están bien seguras de que quieren resistir las tentaciones, por lo menos no todas, todo el tiempo y en todas las circunstancias. Muchas gente quiere escoger el pecado al que van a ceder, por lo general porque creen que con toda rapidez pueden borrar cualquier daño causado por el pecado. Están equivocados de dos maneras.

En primer lugar, no pueden seleccionar el pecado que van a cometer.

En segundo lugar, no tienen la autoridad para borrar las consecuencias o el daño causado por el pecado.

El poder para resistir la tentación viene solamente cuando tomamos la decisión de recibir a Jesús como Señor de nuestras vidas, cada día. Este compromiso es renovable día tras día tras día. Dios nos llama a hacer este compromiso en forma "firme" y "fiel". Es un compromiso que incluye a todo el ser, espíritu, mente, emociones y cuerpo.

Hacer un compromiso con Cristo es tomar la decisión de hacer lo que Jesús nos ha mandado a hacer y tratar de vivir una vida pura, piadosa y santa con todo el corazón, la mente y el alma. Jesús nos manda a ser "perfectos", lo que quiere decir ser íntegros.

Él nos mandó a que nos amemos los unos a los otros. Nos mandó a que seamos diligentes para guardar sus enseñanzas. Nos mandó a que seamos testigos en todos los lugares todo el tiempo. Nos mandó a que caminemos por fe valientemente y que confiemos en Dios para suplir nuestras necesidades, sin importar lo que puedan ser esas necesidades. Jesús se dio completamente a nosotros y por eso, Jesús requiere que nos entreguemos a Él totalmente. Eso es lo que significa tomar nuestra cruz diariamente y seguirlo. Eso es lo que verdaderamente significa ser cristiano y "caminar en sus caminos" y no solo "hablar de que caminamos en sus caminos".

Incluido en nuestro compromiso total a Cristo está un deseo total y un compromiso a no pecar. Nuestra búsqueda es por la justicia, las cosas que le agradan a Dios. Nuestro deseo es apartarnos del pecado, resistir el pecado, rechazar el pecado y alejarnos del mal cada vez que aparezca en nuestro camino.

Aquellos que tienen un compromiso vacilante con Jesús como Señor, en forma repetida ceden a la tentación porque no tienen una resolución firme de no pecar.

¿Quiere decir esto que todo creyente vive una vida libre de pecado? No. Continuamos viviendo en nuestros cuerpos carnales. Tenemos hábitos y viejas rutinas que debemos cambiar. Tenemos mentes que necesitan ser renovadas por medio de la lectura de La Palabra de Dios. Tenemos corazones que necesitan ser sanados en una creciente relación con el Señor. Vamos a pecar de vez en cuando en pensamiento, palabra y hecho, pero nuestro deseo como verdaderos cristianos es seguir al Señor tan de cerca que no pecamos, y si pecamos, inmediatamente reconocemos nuestro pecado, lo confesamos y recibimos el perdón por esa falta, y avanzamos con una determinación aún más fuerte de no pecar.

La resistencia
Resistir la tentación es un proceso que se aprende. Si usted es tentado en forma repetida en una esfera en particular de su vida, lo animo a que vaya a alguien que usted sepa que ha sido tentado también en esa esfera y que ha respondido con éxito resistiendo la tentación y rehusándose a ceder a ella. Pídale a la persona que lo aconseje y le diga en qué forma Dios lo ayudó. Aprenda de la experiencia de dicha persona.

manzana"Pero –tal vez usted diga–, ¿qué pasa si no conozco a nadie que ha resistido esa tentación exitosamente?"

Todos tenemos el ejemplo de Jesús, quien fue tentado de formas mucho más fuertes que cualquier ser humano que haya sido o será tentado.

"Bueno –usted puede responder–, Jesús era el Hijo de Dios. Por supuesto que Él pudo resistir la tentación". Permítame señalarle un par de cosas que tal vez no haya considerado acerca de Jesús y las tentaciones de Satanás que Él experimentó en el desierto (ver Mateo 4:1-11, Lucas 4:1-13).

Primero, Jesús era completamente humano. Tenía necesidades físicas y emocionales como un ser humano. No tenía las necesidades espirituales que tienen los seres humanos, Él ya conocía el amor de Dios, no tenía necesidad de perdón porque nunca había pecado, sabía con seguridad total que regresaría al cielo y tenía la presencia y el poder de Dios morando y funcionando en su vida en todo momento.

Aun con esas necesidades suplidas, Jesús tenía necesidad de comida, agua, aire, seguridad y habitación. Tenía necesidades de compañerismo humano y sabía que el éxito de su misión divina significaba que debía tener cierto grado de aceptación y de nivel de cumplimiento de su divino propósito para llevar a cabo todo lo que se le había asignado que hiciera en la Tierra.

Segundo, Jesús fue perfecto en su humanidad en formas en que nosotros no lo somos. Nosotros nacimos con una naturaleza pecaminosa. Jesús no. Eso hizo que la tentación del diablo le fuera más dolorosa que lo que son las tentaciones para nosotros. ¿Cómo puede ser? Porque había más en juego. Recuerde que una tentación es una seducción para usar los dones que Dios nos ha dado, para satisfacer los deseos y los impulsos que Dios nos ha dado, en forma peor, de una forma mala, que no sigue los mandamientos de Dios, o cuando es el tiempo equivocado.

Jesús quería cumplir su deseo e impulso divino de ganar tantas personas como le fuera posible para que volvieran al Padre, en el menor tiempo posible. Sus metas eran absolutas y perfectas. Nadie jamás ha tenido tales metas o ha sido dotado de los dones para lograr dichas metas.

El diablo vino a Jesús justo después de que Dios el Padre y Juan el Bautista le habían afirmado que Él era el amado Hijo de Dios. El diablo comenzó sus tentaciones con la palabra condicional si. Intentó proyectar dudas en lo que Jesús había escuchado de Dios el Padre y del hombre más justo del mundo aparte de Jesús. Satanás atacó a Jesús en el mismo centro de su identidad: su fortaleza.

El enemigo siempre va a atacar a quién es usted en Jesucristo y lo que usted ha sido dotado para hacer, en ambos, los dones naturales y los dones espirituales. Le va a decir cosas tales como: "¿Eres en realidad creyente? Si lo eres, no harías eso. Si eres en realidad creyente, deberías poder hacer esto. Si en verdad tienes ese don de Dios, deberías ser capaz de hacer...".

El diablo intenta llamarnos la atención en cuanto a nuestra relación con Dios y sus dones de identidad en Jesucristo. Intenta poner en duda la presencia y la obra del Espíritu Santo en y a través de su vida.

Cuando el enemigo atacaPero las advertencias de Dios están allí. Él nunca deja de advertirles a sus hijos acerca de las consecuencias asociadas con el mal. Siempre presenta las maravillosas promesas asociadas con la obediencia. Escuche lo que Dios le habla a usted en La Biblia, a través de personas piadosas y a través de sus propias experiencias anteriores.

Tomado del libro: Cuando el enemigo ataca de Grupo Nelson.

Charles F. Stanley


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