La Corriente

Cómo librarse del espíritu de pasividad
Ene | 2008 (GMT-3)

No hay terreno neutral en la vida cristiana. “Perseguí a mis enemigos, y los alcancé, y no volví hasta acabarlos. Los aplasté. Ya no pudieron levantarse. ¡Cayeron debajo de mis pies!” (Salmo 18:37-38).

Francis Frangipane
Francis Frangipane
El Espíritu de Dios no desea que meramente toleremos la opresión; desea que la conquistemos. Dios no nos ha llamado a la pasividad; ¡nos ha llamado a la guerra! Nos ha ungido con el poder de su Santo Espíritu, y Jesús nos ha dado su autoridad sobre todo poder del enemigo (vea Lucas 10:19). Esa autoridad no es solo para estar en guardia, ni para hacer maniobras defensivas. El Espíritu Santo desea que, al seguir a Cristo, también presentemos batalla al enemigo.

Cuando David canta en el Salmo 18 que, bajo la unción de Dios, puede entesar con sus brazos el arco de bronce, también declara: “Perseguí a mis enemigos, y los alcancé, y no volví hasta acabarlos. Los aplasté. Ya no pudieron levantarse. ¡Cayeron debajo de mis pies!” (versículos 37-38). Pero dejémoslo en claro: David era primeramente un adorador de Dios. Él no perseguía a sus enemigos sin antes perseguir a Dios y su presencia. Pero cuando el Señor lo guiaba a la batalla, derrotaba por completo a sus oponentes.

Le diré una verdad contundente: o perseguimos a nuestros enemigos, o ellos nos perseguirán a nosotros. Debemos desarrollar una actitud como la de Cristo en contra de la maldad. Él vino para “deshacer las obras del diablo” (1 Juan 3:8). La Biblia dice: “Los que amáis a Jehová, aborreced el mal” (Salmo 97:10).

El Espíritu Santo busca resolución en nosotros para que, al igual que David, persigamos a nuestros enemigos hasta que sean consumidos. De hecho, es esta actitud agresiva de corazón la que hace que crezcamos en madurez a la imagen de Cristo. Jesús pudo vivir con y perdonar los errores de los hombres, pero nunca permitió que un espíritu maligno tomase control sobre Él. Él era agresivo contra sus enemigos espirituales. No hay terreno neutral aquí. No hay lugar para un espíritu pasivo en el ejército de Dios.

Ataque y contraataque
Tomemos el ejemplo clásico de nuestra necesidad de actuar agresivamente contra nuestro enemigo: la batalla en nuestra mente. Si usted se siente permanentemente frustrado por el temor, la autocompasión, el enojo, los pensamientos inmorales o la carnal lujuria, sabrá que esos pensamientos y sentimientos no se irán por sí solos. Su mente debe ser renovada a través del arrepentimiento y el conocimiento de La Palabra de Dios.

GuerrerosY si existe alguna actividad demoníaca que se aprovecha de su naturaleza pecaminosa, ese enemigo debe ser confrontado en el nombre de Jesús. Si pelea contra el temor, la lujuria, el enojo u otra clase de pecado con su correspondiente hombre fuerte, usted se encuentra en una guerra por su alma.

El enemigo más importante
Algunos responderán a esto diciendo: “Yo no tengo ningún problema con un espíritu diabólico; mi batalla es con el pecado”.Y estoy de acuerdo. Una falla frecuente en un área en particular, puede estar genuinamente basada en una actitud carnal de nuestra vieja naturaleza. Pero si se ha arrepentido varias veces sobre lo mismo, y todavía no puede encontrar libertad, quizá el tema es una combinación de pecado y la manipulación que el diablo hace sobre ese pecado. El poder verdadero que yace detrás de esa falla recurrente, bien puede ser de índole demoníaca.

Ahora suponga que usted se dirige a ese espíritu diabólico y usa su autoridad para liberarse del espíritu maligno. ¿Será el final de su lucha contra ese pecado en particular, o la fortaleza de poder que lo acompaña? No, no lo será. Aún si usted se arrepiente genuinamente y encuentra la libertad espiritual de la opresión demoníaca, el enemigo tratará de volver a entrar en su vida. Recuerde la advertencia de Jesús: “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí” (Mateo 12:43-44).

¿Puede ver la progresión de este contraataque? Primero,  con seguridad el enemigo se infiltrará en su mente, buscando plantar un pensamiento o sembrar una idea en su alma. Luego intentará regar esa semilla con las correspondientes tentaciones.

En la batalla por la mente debemos capturar esos pensamientos invasivos iniciales. Debemos estar vigilantes para reconocer y conquistar la opresión antes de que nos lleve nuevamente hacia el pecado. Tan pronto como discernimos que esos pensamientos no proceden de Dios, debemos volvernos y tomar autoridad sobre ellos.

No debemos dejarlos habitar en nuestra mente ni siquiera por un momento. Si no usamos nuestra autoridad, si nos dejamos estar interiormente, esa semilla crecerá y el enemigo luego intentará una nueva invasión a gran escala. Jesús dice que “el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero” (Mateo 12:45).

¿Entiende que debemos ser agresivos en nuestras oraciones? Alistese junto al Señor de los EjercitosSatanás atacará y contraatacará. Para ganar, además de todo lo que debemos hacer, debemos guardar nuestros corazones y mentes.
Para hacerlo, debemos ejercer nuestra autoridad espiritual agresivamente.

Tomado del libro: Alístese junto al Señor de los Ejércitos de
Editorial Peniel

Francis Frangipane