La Corriente

El Evangelio se hizo carne
Dic | 2011 (GMT-3)

Quizá pensamos en la falta de evangelismo en los creyentes como una problemática casi imposible de revertir. Pero tal vez sea todo más simple de lo que pensamos… ¿Por qué a tantos cristianos les cuesta hablar de las Buenas Noticias?
Alejandro Bullón
Alejandro Bullón

"Pastor, ayúdeme por favor, hace veinte años que estoy en la iglesia y aún no he llevado a una sola persona a Cristo". El clamor de este hermano es la preocupación silenciosa de muchos cristianos que desean participar de la misión, y sin embargo tienen miedo.

Para entender cuál es la mejor manera de evangelizar o de llevar personas a Cristo, necesitas comprender el concepto divino de evangelización. ¿Qué hizo Dios para dar salvación a los seres humanos? ¿De qué forma nos alcanzó con el mensaje del Evangelio? ¿Cómo inició su proceso de evangelización? Veamos todo desde el principio. El apóstol Juan dice: "En el principio ya existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios" (Juan 1:1).

Dios el Padre estaba en el cielo con su Hijo. El Señor Jesucristo no era solo el Hijo; era también el Verbo, La Palabra. En su ministerio y en su persona estaban contenidos el mensaje, el Evangelio, la salvación. Nada de esto existe sin Jesús. Y el Padre necesitaba llevar el Evangelio al mundo porque anhelaba salvar a sus hijos y darles buenas nuevas de redención: evangelizarlos. ¿Cómo lo hizo? El versículo 14 afirma: "Y el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria, la gloria que corresponde al Hijo unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad".

El proceso de evangelización empieza aquí. El Verbo se hizo carne; se humanizó. Y, habiendo tomado la forma humana, nacido como un niño, se movió entre los hombres; caminó entre ellos, "lleno de gracia y verdad"; y vio el dolor, la lucha y las dificultades que ellos enfrentaban; contempló los daños que el pecado había hecho, y tuvo compasión de ellos y los amó hasta la muerte.

Pero, mientras Jesús cumplía su ministerio y se movía entre los seres humanos, sucedió otra cosa. Los hombres también lo vieron y, al mirarlo, percibieron la gloria de Dios en Él. La expresión "gloria de Dios" es clave para entender la evangelización desde el punto de vista divino. El mundo de los días de Jesús fue evangelizado porque el "Evangelio" se hizo carne y anduvo entre los hombres, reflejando la gloria del Padre. Evangelizar, para Juan, es hacer que el Evangelio salga de la teoría y se transforme en carne, en experiencia y en vida. Para ti y para mí es más fácil creer en lo que vemos que en lo que nos dicen. Para que los hombres puedan creer en Dios, necesitan ver la gloria de Dios.

Evangelizar es mostrar la gloria de Dios a los seres humanos. Esa gloria es el carácter de Dios. Así fue como Jesús evangelizó al mundo. "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Juan 14:9) afirmó. Él era la encarnación del Evangelio; Él era la luz que vino a alumbrar a este mundo de tinieblas. "En él estaba la vida, y la vida era la luz de la humanidad" (Juan 1:4).

Mientras Jesús estuvo entre los hombres, dijo: "Mientras esté yo en el mundo, luz soy del mundo" (Juan 9:5). Pero, antes de subir al calvario, declaró: "Ustedes van a tener la luz solo un poco más de tiempo" (Juan 12:35). ¿Por qué Jesús era la luz? Porque era el Evangelio hecho carne y reflejaba la gloria de Dios.

Pero Jesús murió, resucitó y volvió al Padre, y ahora se dirige a nosotros y dice: "Ustedes son la luz del mundo"(Mateo 5:14). Y el apóstol Pablo enfatiza: "Porque ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor" (Efesios 5:8). Pablo es categórico al afirmar que somos hijos de luz. ¿De qué luz? De Jesús, aquel que dijo: "Yo soy la luz del mundo". Y, si somos hijos de la luz, nos transformamos también en luz y reflejamos la gloria del Padre, como lo hizo el Señor Jesús. Por eso, en el mismo capítulo 5 de Efesios, Pablo presenta a la Iglesia de los sueños de Dios como una comunidad "gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante" (v. 27 RVR60). La palabra clave viene a ser la expresión "gloriosa". Los cristianos en cuya vida el Evangelio se hizo carne forman parte de la Iglesia gloriosa, porque reflejan el carácter de Jesús.

Permíteme, sin embargo, desarrollar el concepto de la luz. Mientras Jesús estaba en la Tierra, Él era la luz del mundo. Hoy, lo somos nosotros. ¿Cuál es la misión de la luz? Alumbrar. Y, ¿cómo cumple su misión? No hace ninguna campaña para alumbrar. Simplemente alumbra, porque es luz. Lo único que se necesita para iluminar un lugar dominado por las tinieblas es la luz. La mejor manera de alumbrar un lugar oscuro es encender la luz. Habiendo luz, no hay tinieblas. Nosotros somos la luz de este mundo. Iluminar este mundo de pecado con la luz del Evangelio es evangelizar. Todo lo que necesitamos para evangelizar el mundo es que el Evangelio se haga carne en nuestra vida, convertirnos en luces. Por eso, Jesús dijo: "Una ciudad en lo alto de una colina no puede esconderse" (Mateo 5:14).

amigosEs imposible que la luz no alumbre. Si cada cristiano es una lámpara encendida, si el Evangelio se hace carne en cada vida, si cada uno refleja la gloria de Dios, es imposible que el mundo deje de ser evangelizado. Lo primero que necesitamos para hacer evangelismo es que el Evangelio sea encarnado en nuestras vidas. Si creemos que esto es obvio, y estamos más preocupados por descubrir estrategias y métodos para aumentar el número de miembros, empezamos de manera equivocada y con toda seguridad fracasaremos.

El Señor Jesús repitió este concepto de evangelización de muchas maneras. En otra ocasión, dijo: "Ustedes son la sal de la tierra" (Mateo 5:13). ¿Cuál es la misión de la sal? Dar sabor a los alimentos. Y, ¿cómo lo hace? No realiza ninguna campaña. Simplemente se diluye entre los elementos de la comida y transforma el sabor. Nosotros somos la sal de esta Tierra. Necesitamos movernos entre los seres humanos reflejando la gloria de Dios, y transformaremos hasta las propias estructuras del mundo. La masa no resiste el poder de la levadura (Mateo 13:31). Nosotros somos la semilla.

Ninguno de estos elementos que simbolizan la Iglesia de Dios alcanza su misión mediante campañas misioneras. Mientras los miembros no asuman su papel de luz, de sal, de levadura y de semilla, viviremos inventando "métodos", como sustitución de la misión evangelizadora que Cristo dejó a su Iglesia. Los líderes tenemos la responsabilidad de recordar cuál es el plan de Dios para su Iglesia.

En el plan divino, los cristianos en cuya vida el Evangelio se haya hecho carne deben andar en el mundo llenos de "gracia y verdad". ¿Qué quiere decir esto? La palabra verdad, en griego, es aleteia, quesignifica literalmente "abrir la ventana", "que no está cerrado", "transparente". Para vivir la verdad con transparencia, el cristiano necesita reflejar el carácter de Jesucristo, y la sierva del Señor dice: "Dios podría haber alcanzado su objetivo de salvar a los pecadores sin nuestra ayuda; pero a fin de que podamos desarrollar un carácter como el de Cristo, debemos participar en su obra" (El Deseado de todas las gentes).

David lo explica mejor: "¿Quién, Señor, puede habitar en tu santuario? ¿Quién puede vivir en tu santo monte? Solo el de conducta intachable, que practica la justicia y de corazón dice la verdad" (Salmo 15:1-2). Aquí, la palabra "verdad" en el original hebreo es emeth, que significa "seguro", "sólido", "firme", "consistente". Para que los cristianos anden en la verdad, en firmeza, en solidez y consistencia, "debe hacerse una obra bien organizada en la Iglesia, para que sus miembros sepan cómo impartir la luz a otros, y así fortalecer su propia fe y aumentar su conocimiento. Mientras impartan aquello que recibieron de Dios, serán confirmados en la fe. Una iglesia que trabaja es una iglesia viva" (Joyas de los testimonios).

La vida de un cristiano equilibrado y maduro ilumina a otros porque el carácter de Jesús está reproducido en el suyo. Cuando anda por las calles, es Jesús el que anda en él. Al relacionarse con los vecinos, amigos y familiares que todavía no conocen el Evangelio, es Jesús el que se relaciona con ellos. Compartir a Jesús es todo"El que me ha visto a mí, ha visto al Padre", dice Jesús (Juan 14:9). Y quien ve al cristiano, ve a Jesús. "Ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí", afirma el apóstol Pablo (Gálatas 2:20).

Tomado del libro: Compartir a Jesús es todo de ACES

Alejandro Bullón