La Corriente

Ni muy muy, ni tan tan
Jun | 2008 (GMT-3)

Viviendo entre dos mundos. Puede ser que dejemos de vivir cómodos cuando nos decidimos seguir a Cristo y hablar de Él.

Dick Staub
Dick Staub
En una era de prosperidad material sin paralelo, nuestro mundo se desenmaraña. Cuando trabajé como conductor de un programa de radio, me di cuenta de esto al tener que leer cinco periódicos y hojear diariamente novecientos artículos selectos. De entre todos estos escombros de información emerge el retrato del mundo moderno: “un lugar para vivir, incómodo e insatisfactorio”.

Para los seguidores de Jesús este volátil mundo presenta una grave amenaza. Los cristianos son despreciados y odiados por el mundo, debido a que viven a contra-corriente en esta cultura. Cuando se amoldan a esta cultura, los cristianos se arriesgan a sucumbir ante los malos deseos del cuerpo, la codicia de los ojos y la arrogancia de la vida (1 Juan 2:16). La mayoría de nosotros conoce a personas que echaron su fe por la borda debido a los placeres pasajeros de esta era, y todos hemos experimentados y cedido en algunas ocasiones a la contaminación de nuestro espíritu.

Hoy las reacciones cristianas al mundo incluyen una retirada a un capullo protector, el combate en la guerra cultural o un amoldamiento camaleónico y ampliamente diseminado. Nuestro instinto para la supervivencia espiritual personal nos advierte que debemos estar lejos de este lugar que alterna entre lo agreste y lo tentador.
Sin embargo, e irónicamente, esta sociedad que amenaza a nuestras almas ofrece también nuestra más grande oportunidad para influenciarla, pues una sociedad desenmarañada produce gente intranquila que necesita de las transformadoras buenas noticias de Jesús.

Y de esta manera es que, en el incierto y angustioso momento presente, la “espiritualidad”, antes un tema tabú, ha sido ahora secularizada y es un tema aceptable para las conversaciones cotidianas.
El viaje espiritual de hoy se lleva a cabo con una frecuencia creciente, fuera de la estructura religiosa organizada. Esto es particularmente cierto para la nueva generación. Es más probable que ellos busquen respuestas a sus preguntas en una librería secular o en conversaciones acerca de películas o música recientemente presentadas, a que lo hagan en una iglesia.

Debido a que la conversación sobre temas espirituales se ha trasladado fuera de la iglesia, resulta más esencial que nunca que tú y yo entablemos relación con la gente en donde se encuentra, en medio del escabroso y accidentado mundo de hoy.
Esto representa un problema. La mayoría de nosotros quiere dejar una huella positiva en nuestro círculo de influencia, pero desafortunadamente nos sentimos incompetentes para dar a conocer a Jesús al mundo.

Tierra Hay dos razones iguales y opuestas para esto: en mi personal apreciación, la mayoría de los cristianos o son demasiado cristianos o demasiado mundanos. Los cristianos que son “demasiado cristianos” están muy cómodos dentro de la subcultura cristiana, pero se sienten incómodos cuando están en el mundo. Por otro lado, los cristianos que son demasiado mundanos se sienten cómodos en el mundo, pero son incapaces de integrar su fe a su vida cotidiana.

Dar a conocer a Jesús a todo el mundo requiere entablar una relación total tanto con nuestra fe como con el mundo, pero muy pocos de nosotros hemos aprendido a vivir una vida totalmente integrada de fe en el mundo. Paradójicamente, en mi experiencia, todos aquellos que de todo corazón se embarcan en este sendero terminan pareciendo tanto demasiado cristianos para sus amigos mundanos como demasiado mundanos para sus amigos cristianos.

Esto fue una verdad absoluta en el caso de Jesús. Lee los Evangelios y te darás cuenta cómo es que la falta de conformidad de Jesús tanto a la cultura religiosa como a la pagana lo hicieron, de alguna forma, ajeno a ambas. Los religiosos estaban desconfiados porque Jesús convivía con paganos: borrachos, prostitutas y cobradores de impuestos. A los paganos les encantaba la compañía de Jesús pero, a final de cuentas, se incomodaron cuando los retó a llevar a cabo cambios radicales en sus vidas. Perdonó a la mujer sorprendida en adulterio, pero también le dijo que no pecara más.

Debido a que Jesús estaba determinado a complacer a Dios en lugar de a los seres humanos, no era un conformista. De hecho, Jesús era un personaje inspirador y encantador, precisamente porque Dios, y no la cultura popular o la subcultura religiosa, establecieron su agenda diaria.

Ser un seguidor de Jesús hoy requiere que practiques esa mentalidad enfocada e inconforme que produzca el mismo efecto en tu vida, que el que produjo en la vida de Jesús. Si sigues realmente a Jesús, además de disfrutar de la más excelente aventura, terminarás probablemente pareciendo demasiado cristiano para muchos de tus amigos mundanos, y demasiado mundano para muchos de tus amigos cristianos.

Cuando realmente sigas a Jesús, invertirás una considerable cantidad de tiempo y energía en el mundo, tal y como lo hizo Él y, como resultado, muchos de tus amigos religiosos pensarán que eres muy poco religioso.
Demasiado cristiano, demasiado mundanoPor otro lado, muchos de tus amigos poco religiosos encontrarán extraño que estés tan concentrado en lo espiritual. De esta forma terminarás pareciendo tanto demasiado cristiano como demasiado mundano. ¿Estás dispuesto a vivir tal como vivió Jesús?

Tomado del libro: Demasiado cristiano, demasiado mundano de Editorial Vida

Dick Staub