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¿Qué relación hay entre la adoración y la guerra?
Ene | 2007 (GMT-3)

Peleamos en una batalla de dimensión espiritual y la adoración está en su centro. Es la batalla más grande y, aunque Dios podría ganarla por sí solo, nos ha elegido como sus guerreros.

Chuck Pierce
Chuck Pierce
Cuando escuchamos la palabra “adoración”, muchos de nosotros pensamos en cantar tres o cuatro himnos en un servicio en la iglesia. Algunos piensan en tiempos devocionales, otros pocos en la oración.
La palabra “guerrero” –por otra parte– fácilmente evoca imágenes de una persona en el calor del combate. Tal vez nos imaginamos a Russell Crowe en la película “Gladiador” o visualizamos tropas armadas en las líneas de frontera.
En tanto que las palabras “adoración” y “guerra” resultan familiares, de todas maneras producen emociones extremas y opuestas; rara vez vemos a las dos obrar alineadas. Como siervos de Dios, sabemos que debemos adorarlo. También sabemos que peleamos en una batalla espiritual.
Pero una mirada minuciosa en La Biblia nos revela mucho sobre el plan de Dios para la
adoración en la guerra. Entonces, exactamente, ¿cómo se unen ajustadamente estas dos cosas?

Las guerras de adoración
Toda guerra tiene una causa o propósito. Napoleón marchó buscando territorio; esperaba que Francia rigiera a Europa. Lenin y Stalin esparcieron su dogma comunista con expectativas de dominar a Europa Oriental y más allá; buscaban transformar lo que la gente pensaba y cómo vivía. Estas escaramuzas físicas e ideológicas tuvieron lugar sobre la Tierra, pero una guerra aún mayor también se prepara. La batalla más grande es la de la dimensión espiritual, que se lucha tanto sobre la Tierra como en los cielos. En lo natural no podemos ver este conflicto del bien versus el mal.
Pero Dios, aunque podría ganarla por sí solo, nos ha elegido como sus guerreros.

El complot de Lucifer
La adoración está en el centro de esta grandiosa guerra espiritual. Siempre se ha tratado de la adoración, se ha peleado con adoración y será ganada con adoración.
Permítame que explique. Lucifer –también conocido como diablo o Satanás– inició una pelea contra Dios. La Biblia no dice con claridad exactamente cuándo sucedió, pero ciertamente ocurrió antes de que Adán y Eva comieran la fruta prohibida y, tentados por la promesa de ser como Dios, introdujeran el pecado en el mundo (ver Génesis 3:1-4).

Sabemos por Ezequiel 28:12-19 que en aquel tiempo los querubines o ángeles, de los que Lucifer era uno, tenían acceso al monte santo o salón del trono del cielo, donde Dios está sentado. Algunos teólogos piensan que Lucifer en realidad dirigía a los ángeles mientras adoraban al Creador. Si esto es verdad, Lucifer, cuyo corazón estaba “enaltecido por causa de su hermosura” (v. 17), aparentemente decidió que ya no quería más ser un adorador; en lugar de eso, deseaba ser adorado. Su sabiduría se corrompió por causa de su resplandor. Lleno de orgullo, fue echado abajo y convenció a muchos ángeles que se le unieran en la rebelión contra Dios. De esa manera, las guerras de adoración dieron comienzo.

La adoración y el guerrero
Habitualmente rendimos adoración en la devoción. La adoración con frecuencia es enfocada hacia arriba y puede encarnar las cualidades de santidad, reverencia y temor reverente. Nos vemos como los dadores y Dios como el recipiente.
Guerrear, por otra parte, involucra tener una posición, vencer una amenaza, invadir un territorio o conquistar a un enemigo. Con frecuencia en la guerra nos vemos a nosotros mismos como defensores contra una fuerza peligrosa, o sustentadores de la justicia y la verdad. Esto es cierto en los conflictos físicos y espirituales.

AdorandoEl típico escenario no incluye adoración como parte del plan de batalla; en lugar de eso, la adoración viene en forma de agradecimiento luego de la victoria. En las conquistas espirituales, el Todopoderoso recibe toda la alabanza, pero aún así vemos a la guerra y a la adoración como dos actos separados. Nuestro entendimiento necesita expandirse. Cuando leemos La Biblia encontramos que Dios instruye ascender hacia el salón del trono en el cielo, estar revestidos de su autoridad y descender para la guerra. Hay un sonido del cielo que nos permite reconocer, abrazar y avanzar en este proceso.

Un acercamiento fresco
¡Dios nos llama a ser guerreros de adoración!
Para muchos cristianos este es un concepto nuevo. Hemos llegado a entender cómo podemos tomar autoridad sobre demonios, territorios y pecados de todos los tipos, en el poderoso Nombre de Jesús. Sabemos cómo nuestras oraciones afectan lo que sucede, no solamente sobre la Tierra, sino también en los cielos. Hemos sido buenos estudiantes de los principios de guerra espiritual.

Esto es todo bueno. Pero Dios nos llama a hacer más. Debemos comprender completamente el lugar de la adoración. Mientras luchamos contra los enemigos de las tinieblas, necesitamos empuñar la autoridad que Dios nos ha dado. Debemos transformarnos en guerreros de adoración.

Una transformación en la adoración
¿Adorar es cantar? ¿Es orar? ¿Es demostrar exteriormente nuestro amor por Dios utilizando nuestros cuerpos? ¿Necesitamos tener música para poder adorar? ¿Es necesario que nuestro ambiente sea de total quietud? ¿Podemos adorar mientras estamos en el trabajo o mientras hacemos compras? ¿Podemos adorar en el recital de piano de nuestros hijos? ¿Podemos alabar a Dios mientras hacemos un viaje o mientras vamos de camino a nuestro trabajo?

La adoración viene en todas estas formas y lugares, y en muchos más. Esto es excelente y correcto. Sin embargo, nuestra adoración e íntima búsqueda para conocer a Dios no debería detenernos en el ejercicio de su voluntad sobre la Tierra. Esto significa que la adoración es más que una canción o una meditación; pero, ¿qué más es?
En el futuro, ¿adoraremos como Moisés y Débora? ¿Se transformará Daniel en nuestro modelo clave de adoración? ¿Podemos agonizar como lo hizo Jesús en el Getsemaní y aún adorar?
¿Podemos saber cuándo trabajar como Marta y cuándo rendirnos como María? ¿Cambiará la adoración drásticamente en los ambientes corporativos? ¿Reconocerá el enemigo nuestra unción luego de que hayamos estado en la presencia de Dios?

El llamado de Dios
Dios busca con afán a su gente. El Espíritu del Señor nos llama a adorar. Dios desata un sonido desde los cielos que va siendo abrazado por su pueblo alrededor del mundo. El llamado nos lleva más cerca de Él y a unos de los otros. El sonido hace que vayamos a la guerra. Debemos manifestar en la Tierra lo que Dios dice en los cielos.
Dios no tiene favoritos. Todos pueden abrazar su llamado y transformarse en guerreros de adoración. Si creemos en Jesús, estamos automáticamente alistados en su ejército.

Mark Twain dijo una vez: “Dios ama a la gente común. Esa es la razón por la que hizo a tantos de nosotros”. Dios no llama únicamente a ministros a un estilo de vida de adoración; también llama a la gente común. En los tiempos bíblicos llamó a los cosechadores de aceitunas, pastores, pescadores, recolectores de impuestos, gente joven y muchos otros. El apóstol Pablo dijo: “...que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles” (1 Corintios 1:26).

Hoy es igual. Somos simplemente nosotros: carpinteros, programadores de computación, secretarias, conductores de micros, granjeros, abogados y muchos otros. Pero delante de Dios somos uno, y todos nos volvemos comunes, no importa nuestro oficio, nuestra profesión o lugar en la sociedad. Es entonces la gente de todos los días la que llena los puestos en el ejército de adoradores de Dios. Él nos llama desde nuestras vidas de todos los días para estar separados y santos delante de Él.

Entre a la batalla
El guerrero adorador¡Guerreros de adoración, levántense! Guerreros de adoración de todas las generaciones, jóvenes y viejos, únanse y póngase de pie. Este es el tiempo para adorar, entrar osadamente al salón del trono, vestirse con el favor e ir a la guerra. El sonido se desata. Escúchelo. Entre en la batalla.
¡Desate la cosecha!

Tomado del libro: El guerrero adorador de
Editorial Peniel

Chuck Pierce


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