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¿Damos placer a Dios?
Abr | 2008 (GMT-3)

Redescubriendo el propósito de la alabanza

Judson Cornwal
Judson Cornwal
Dos libros del Nuevo Testamento parecen reflejar esta verdad. En Apocalipsis 4:11 leemos: “Digno eres, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, la honra y el poder, porque tú creaste todas las cosas; por tu voluntad existen y fueron creadas”.
Y Efesios 1:12 dice: “A fin de que seamos para alabanza de su gloria”. Así como Dios hizo la mujer para complementar al hombre, también hizo el hombre para complementar a su Dios. No en el sentido de que Dios es incompleto como Persona sin el hombre, sino que su satisfacción no es completa sin el hombre. Dios desea y anhela una relación íntima con el hombre.

Cuando una pequeña niña sube al regazo de su padre, lo abraza y lo besa, ¿hace esto de él un hombre completo? No. ¿Tiene él que tener esto? No. ¿Desea y se goza en esto? ¡Oh sí! Esto completa su gozo de ser nuestro Padre. Dios me ama como una extensión de sí mismo, y se deleita y recibe genuino placer cuando yo respondo a este amor en expresiones de alabanza y adoración. Además, al entrar a su presencia en alabanza, abrimos un canal de comunicaciones que le da a Dios oportunidad de hablarnos y ser escuchados.

Recuerdo cuando tomaba clases de aviación que estaba muy nervioso la primera vez que mi instructor me hizo volar fuera de una pista controlada por radio. Yo había practicado el procedimiento repetidas veces, pero esta vez era “real”. Tomé el micrófono. Oprimí el botón del costado, y dije: “Torre de Eugene este es 5723W, listo para despegar”. Silencio total. Repetí mi mensaje, pero no obtuve respuesta. Después de lo que pareció ser una eternidad, llamé otra vez. Esta vez el instructor se dio cuenta que no había soltado el botón del micrófono. En mi miedo, había sujetado el interruptor que me permitía hablar, pero que cortaba toda recepción. Cuando solté el botón interruptor, oí a la torre diciendo: “7, 8, 9 , 0... ¿me oye, 23W?”
¡Habían estado hablando todo el tiempo! Pero yo había bloqueado toda recepción al mantener la presión sobre el “botón de hablar” en el micrófono.

Demasiadas veces la oración nos hace mantener agarrado el botón de comunicación, bloqueando la recepción de Dios. Cuando alabamos le damos a Él la oportunidad de hablarnos.
Proverbios 27:21 dice: “En el crisol se prueba la plata; en el horno se prueba el oro; ante las alabanzas, el hombre”.

abrazoMuchas veces es durante el tiempo de alabanza cuando hemos elevado nuestros espíritus en adoración y hemos obtenido el toque de la presencia de Dios, que actitudes, pensamientos y deseos escondidos suben a la superficie. Quizá pensamos que ya hemos sido sanados de estas cosas, pero solamente las hemos escondido profundo en nuestra subconciencia. A medida que somos quebrantados y probados en su presencia, estas cosas son separadas del precioso metal de nuestro espíritu, y suben a la superficie. Recién entonces podemos llevarlas a su cruz, para ser limpios por su gran poder, y ser liberados de ellas por la acción de la mano cicatrizada del Divino Fundidor, quien las quita de nuestra superficie.

Cuando se le preguntó a un refinador de gran experiencia, cómo sabía cuando la plata era suficientemente pura para ser echada en los moldes, nos dijo:
– Yo sé que está lista cuando puedo ver mi cara reflejada sin deformación, en el metal derretido.
¿Será que nuestro Divino Fundidor se dará por vencido con nosotros antes de que haya sacado todas las impurezas que deforman su imagen en nuestra vida? ¿No será más bien que Él nos animará a calentar y recalentar nuestras vidas vez tras vez, hasta que todas las impurezas interiores hayan sido liberadas y puestas en su mano? La alabanza es la olla y hornaza que le da a Dios la oportunidad de purificar aún más nuestras vidas. Cuanto más alto es el calor, más grande es la liberación.

Muchas veces, durante sesiones de alabanza, he visto individuos ir el uno al otro para corregir faltas. Padres arreglaban cosas con los hijos, esposas con esposos, y viceversa. Muchos fueron convertidos simplemente durante una sesión de alabanza. Más personas fueron llenas del Espíritu Santo mientras estábamos en alabanza, que cuando les imponíamos las manos. Lo mismo las sanidades que ocurrieron, “sobresalientes”, diríamos, es La Palabra para ellas.
Alabemos
Durante la semana hombres de negocios comentaban que ellos podían “sentir la presencia de Dios” aún en el edificio vacío. ¡Dios estaba, en verdad, guardando su promesa de mostrarme un camino seguro a su divina presencia!

Tomado del libro: Alabemos de Editorial Peniel

Judson Cornwal


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